La última reserva de la nacra

Un ejemplar de nacra del Mar Menor, en medio de una pradera de 'Caulerpa prolifera'. / Javier Murcia
Un ejemplar de nacra del Mar Menor, en medio de una pradera de 'Caulerpa prolifera'. / Javier Murcia

En peligro crítico de extinción, el Mar Menor alberga la única población sana del bivalvo en el Mediterráneo Occidental y una de las pocas de todo el Mediterráneo

Pepa García
PEPA GARCÍA

En 2016 empezó la pesadilla. Por una razón que se desconocía, la 'Pinna nobilis', nacra endémica del Mediterráneo, donde apareció hace unos cinco millones de años, estaba muriendo masivamente. Y en pocos meses se había convertido en una epidemia incontrolable que puso en marcha todos los mecanismos de alerta. Los investigadores comenzaron a buscar la causa de la desaparición de todas las nacras del Mediterráneo levantino de esta especie -la 'Pinna rudis' no enferma con el protozoo- y el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (Mapama) estableció un plan de actuación. El protozoo parásito, 'Haplosporidium pinnae', estaba exterminando todos los ejemplares del Mediterráneo Occidental a la velocidad de la luz y se decidió extraer más de 200 ejemplares vivos para tratar de mantenerlos en cautividad en distintos centros para favorecer una futura repoblación del Mediterráneo tras un evento tan catastrófico.

Coincidía esta 'peste' marina, que asolaba como un rayo el segundo mayor bivalvo del planeta -puede llegar a medir 120 centímetros y vivir hasta 50 años-, con el episodio de eutrofización del Mar Menor, que acabó con la muerte del 90% de la población de nacra del Mar Menor. Ahora, más de dos años después, la nacra está catalogada en peligro crítico de extinción y la epidemia se ha extendido hasta el Mediterráneo Oriental, donde las poblaciones están muriendo unas detrás de otras. Sin embargo, los investigadores han constatado que «el protozoo no entra en el Mar Menor, probablemente porque es sensible a los cambios de salinidad», explica Francisca Giménez Casalduero, murciana y profesora titular de la Universidad de Alicante y una de las componentes de los equipos de crisis coordinados desde el Ministerio para combatir esta epidemia mortal. Y pone como ejemplo también los 7 u 8 individuos que quedan vivos en la zona del delta del Ebro, «seguramente, por una menor salinidad».

De hecho, cuentan Giménez Casalduero y Emilio Cortés, director del Acuario de la UMU, que depende del Vicerrectorado de Investigación, «ahora mismo el Mar Menor está en el punto de mira. Es la última reserva de la nacra en el Mediterráneo Occidental y una de las pocas de todo el Mediterráneo», ya que el protozoo parásito ya está esquilmando las poblaciones de Grecia y Turquía, y los ejemplares extraídos en 2017 del medio natural «han muerto prácticamente todos», confirma Cortés. «Es imprescindible la supervivencia de la población del Mar Menor para la recuperación de la especie», insiste Francisca Giménez. Y, advierten ambos, otro episodio de eutrofización de la laguna supondría la desaparición de la práctica totalidad de las nacras, una comunidad que, cuenta el fotógrafo submarino, buceador profesional y técnico superior en Cultivos Marinos, Javier Murcia Requena, «tiene ahora una población estable. He detectado varios grupos de nacras cercanos unos de otros de entre 15 y 20 ejemplares adultos y en un estado de salud formidable y, pese a que con la eutrofización del Mar Menor los ejemplares más grandes habían muerto, ya hay algunos que casi superan esa talla, unos 40 o 45 centímetros», detalla.

Quien se encuentre una nacra debe saber qué es, cuál es su valor ambiental y cómo actuar

Tras unos primeros muestreos, primero en 2013, cuando se estudió la población invasora de 'Bursatella leachi', y luego en 2015-2016, cuando el IEO cartografió los fondos del Mar Menor, se detectó una población muy numerosa de nacra. Sin embargo, cuando vuelve en 2017 un poco de claridad a las aguas de la laguna, los investigadores descubren un panorama desolador: a partir de 3 metros, la mortandad de la nacra es del 100% y, entre 1,5 y 3 metros, solo hay una supervivencia de en torno al 8%. «Hay zonas en las que la densidad de nacra era muy alta y siguen existiendo, lo que lleva a la confusión de los aficionados, que en las zonas someras ven una densidad relativamente alta», explica Giménez Casalduero, que asegura que algunos de los ejemplares supervivientes fueron analizados por el grupo de crisis y no tienen el protozoo. No en vano, valora la especialista en Ciencias del Mar, «los ejemplares que sobreviven en el Mar Menor, centenas, son más de los que quedan en todo el litoral español y es la población de mayor densidad desde Baleares a Gibraltar». Por todo ello, hay que tener un especial cuidado con preservar las condiciones de la laguna, evitando nuevos episodios de eutrofización pero, apunta Cortés, también evitando abrir las golas, que incrementarían el intercambio de aguas con el Mediterráneo y rebajarían su salinidad, pudiendo permitir la supervivencia del 'Haplosporidium pinnae'.

Dos ejemplares de nacra ('Pinna nobilis') adheridas al lecho arenoso y junto a una esponja 'Haliclona mediterranea'.
Dos ejemplares de nacra ('Pinna nobilis') adheridas al lecho arenoso y junto a una esponja 'Haliclona mediterranea'. / Javier Murcia

Colecta para la reproducción

Empeñados en evitar la extinción de un bivalvo que lleva cinco millones de años en el Mediterráneo, el Acuario de la UMU y el Cimar han completado la última semana la recogida de los cuatro ejemplares del Mar Menor para los que tienen permiso del Ministerio -«no hay que olvidar que coger una nacra del agua es como pegarle un tiro a un lince, está muy penalizado», advierten los investigadores para que nadie los toque-. «Vamos a intentar ampliar el permiso a 8, para incrementar también las posibilidades de éxito en la obtención de larvas», explica Emilio Cortés sobre el proyecto conjunto con el Cimar para la conservación ' ex situ' de ejemplares de 'Pinna nobilis' con el objeto de desarrollar protocolos de mantenimiento y reproducción de la especie en sistemas cerrados. En palabras de este experto en biología marina, «el mantenimiento en cautividad de la especie ya no es un problema, ya que las nacras mantienen su alta tasa de crecimiento en fase juvenil en el Acuario de la UMU», dice sobre un ejemplar que corría peligro, fue retirado de las inmediaciones del balneario Floridablanca y ahora va a ser devuelto al mar.

El problema ahora, detalla Cortés, es lograr que superen la fase larvaria -pediveliger- en la que, en torno al día 21 o 22, la larva muere. «Suponemos que tiene que ver con un cambio de alimentación que influye en su transformación de larva a juvenil, cuando se fija al sustrato», avanza Cortés. Pero, para ello, primero necesitarán conseguir que los ejemplares sanos colectados liberen gametos masculinos y femeninos que se fecunden y den lugar a las larvas. «Los tanques de experimentación ya están preparados».

Resistentes al parásito

Además, tras las dos primeras campañas fallidas -en la primera, se pusieron tarde y no se recolectaron larvas y, en la segunda, robaron los colectores de nuevo diseño-, el próximo mes de marzo volverán a instalar en el Mar Menor en torno a media docena de colectores de larvas en zonas cercanas a grupos reproductores, con el objetivo de que las larvas se adhieran a estos dispositivos y se puedan llevar al Acuario para su cría 'ex situ' hasta que lleguen a la fase adulta. «Eso permitiría en un futuro repoblar el Mediterráneo, donde apenas quedan ejemplares sueltos que han sido capaces de sobrevivir al parásito», explica Cortés.

Y añade que otra de las iniciativas promovidas desde el Ministerio es actuar para que estas nacras resistentes al protozoo y aisladas puedan reproducirse entre ellas. «Se está pensando en traslocar los ejemplares para que sea posible su fecundación, pero para eso todavía queda tiempo de reacción, porque las nacras pueden superar los 40 años de vida».

Una población clave

Convencidos de que la concienciación de la población es clave para la supervivencia de esta especie en peligro crítico de extinción, tanto desde las universidades de Murcia y Alicante como del Gobierno regional, se ha apostado por poner en marcha una campaña de divulgación para que la población comprenda la importancia histórica de la nacra del Mar Menor y para difundir las buenas prácticas con el objetivo de que, ni por ignorancia, se causen daños a los ejemplares supervivientes. Así, en el marco de esta iniciativa, se celebra hoy la primera charla divulgativa en la que participa la investigadora Francisca Giménez y el director general de Medio Ambiente y Mar Menor, Antonio Luengo. «En el Mar Menor contamos con una población de nacras que puede ser crucial para la recuperación de esta especie en todo el Mediterráneo y que es un refugio frente al parásito», apunta Luengo. E insiste en la puesta en marcha de campañas de concienciación y sensibilización de la población: «Es importante que todos los que se encuentren una nacra sepan reconocerla, conozcan su valor ambiental y sepan cómo actuar». Igualmente, ante la responsabilidad colectiva que es conservar las poblaciones de nacra, la Dirección General del Mar Menor apuesta por poner en marcha medidas de protección. Así, comenta Luengo, «hemos delimitado y balizado dos zonas con sendas colonias de la especie para prevenir y evitar posibles daños por parte de la actividad pesquera o la navegación de recreo».

Además, añade Emilio Cortes, desde la UMU y el Cimar hemos empezado a muestrear la zona de las islas Perdiguera y del Barón, donde hemos detectado grupos de nacras, para conocer el estatus de la población, marcar los individuos y hacerles un seguimiento para ver cómo evolucionan. «La idea es estudiar la posibilidad de colocar fondeos ecológicos para proteger estas poblaciones, ya que pueden dañarlas las anclas y cadenas».

Otro de los proyectos ya en fase de desarrollo es recurrir a la ciencia ciudadana. «Ya estamos trabajando con gente que bucea y nos ayuda a geolocalizar los ejemplares o grupos que encuentra. Y ahora se va a desarrollar una aplicación para que la gente pueda mandar directamente la información, al tiempo que dejan trabajar a los expertos, porque cualquier intervención puede ser peligrosa».

El protozoo misterioso

Mientras, otros investigadores estudian el origen de este protozoo misterioso, al parecer una nueva especie bautizada 'Haplosporidium pinnae', que no se sabe de dónde viene y que es casi imposible combatir. No obstante, al atacar de forma tan agresiva y especialista a la 'Pinna nobilis' -a 'Pina rudis' no le afecta-, ha eliminado su modo de vida y se ha autolimitado, concluye Emilio Cortés.