La Región combate el éxodo rural de Europa meridional

Carmen Pérez Sirvent, catedrática de Cristalografía y Mineralogía de la UMU, toma datos en una de las parcelas piloto del Life Amdryc4. / UMU
Carmen Pérez Sirvent, catedrática de Cristalografía y Mineralogía de la UMU, toma datos en una de las parcelas piloto del Life Amdryc4. / UMU

Life Amdryc4, liderado por la UMU, trabaja para mejorar la sostenibilidad ambiental y económica de la agricultura de secano en territorios áridos y demostrar su papel clave en la mitigación del cambio climático y la mejora del suelo

Pepa García
PEPA GARCÍA

«En 1964, mi padre vendió el kilo de trigo a 6,40 pesetas -0,04 euros- y este año yo lo he vendido a 27 pesetas -0,16 euros-. Nosotros todavía vendemos en pesetas», cuenta Francisco Gil, secretario general de Coag-Ir, para poner de relieve cómo los agricultores de secano se están viendo abocados a la ruina y al abandono de su actividad. No en vano, entre 1964 y 2018, según datos del INE, el IPC se incrementó un 3.008,4%, lo que debiera haber supuesto un aumento del precio de la venta del trigo muy superior, hasta llegar a los 1,24 €/kg -o 206,31 ptas/kg-. Precisamente la escasa rentabilidad de estos cultivos y las cada vez menos favorables condiciones climáticas -escasez de lluvia, incremento de temperaturas,...- unidas a las pobres condiciones edafológicas del suelo de la Región hacen más inviable la agricultura de secano en la Europa seca o meridional y contribuyen al abandono de las tierras y del ámbito rural. Una circunstancia que empeora la situación del territorio y contribuye a su desertización, con la consiguiente pérdida del tan necesario suelo fértil y el éxodo rural.

Para contrarrestar esta inercia y liderado por la Universidad de Murcia (UMU), con la catedrática de Edafología y Química Agrícola, María José Martínez Sánchez, al frente, y el trabajo conjunto de la Oisma de la Comunidad Autónoma, la cooperativa de agricultores Coag-Ir, la asociación Nueva Cultura por el Clima y la empresa Ingeniería del Entorno Natural, han puesto en marcha el proyecto Amdryc4, un Life subvencionado por la Unión Europea con 1,8 millones de euros, que tiene como objetivo la 'Adaptación de la Agricultura de Secano del Área Mediterránea al Cambio Climático', como lleva por sobrenombre el estudio, y que, hasta diciembre de 2021, tratará de mejorar la sostenibilidad, tanto ambiental como económica, de este tipo de agricultura, poniendo en valor los numerosos servicios ecosistémicos que brinda como sumidero de carbono y como actividad capaz de incrementar el contenido de materia orgánica y carbono en los suelos -para contribuir a cumplir el compromiso del Acuerdo de París en 2015 de aumentarlo un 4 por mil-, al tiempo que los regenera.

Oasis en el desierto

Pero, recuerda Francisco Gil, la condición indispensable es que todo lo que se lleve a cabo en el proyecto esté vinculado con el asentamiento de la población en el territorio rural. «Buscamos aplicar aquellas medidas que aumenten el carbono aprovechando los recursos locales, pero que produzcan. Porque para plantar pinos no hacen falta estudios», apunta el secretario general de Coag en referencia a mantener e incrementar la productividad de la tierra y a los mercados alternativos de carbono que funcionan en torno a los espacios forestales boscosos. Y recuerda que «la agricultura de secano está en situación límite en las zonas más desfavorecidas de la Región y, de las zonas de cultivo regionales, solo el 16% es regadío, mientras que el 85% es secano rabioso».

Parcela piloto de Corvera, abandonada y replantada con almendros, del proyecto Life Amdryc4.
Parcela piloto de Corvera, abandonada y replantada con almendros, del proyecto Life Amdryc4. / UMU

A estas amenazas ya presentes, hay que sumar: la escasa calidad de los suelos, cuyo porcentaje de materia orgánica ronda el 0,4% en casi toda la Región, «menos del 1% se considera territorio casi desértico», apunta Carmen Pérez, catedrática de Cristalografía y Mineralogía de la UMU; y un índice Lang -mide su aridez- inferior a 20, un dato que también se corresponde con los desiertos del planeta. «En Murcia se han creado oasis», apostilla Gil para que se comprendan las dimensiones del problema. «Es un problema muy serio porque los secanos no van a poder subsistir», alerta María José Martínez. Y con ello llegará el abandono de los cultivos, la desertización, la hambruna y el éxodo rural masivo.

Con parcelas experimentales en cuatro de estas zonas desfavorecidas de la Región -Corvera (Murcia), Nogalte y Xiquena (Lorca) y El Moralejo (Caravaca)-, el equipo de trabajo ha reunido el conocimiento generado en este ámbito para el sureste español en las últimas décadas, con el fin de dar con las medidas que se pueden aplicar para conseguir los objetivos: una acción integral que beneficie al medio ambiente (suelo y biodiversidad) y mejore las condiciones para la práctica desde la agricultura de secano, al tiempo que actúa como sumidero de carbono y mitigador del cambio climático. «La humedad llama a la humedad», apunta la investigadora principal del proyecto.

Economía circular

Como la eficiencia es fundamental para que las medidas se apliquen a gran escala, más allá del proyecto, la iniciativa parte de la base de utilizar los recursos locales para no incrementar ni los costes ni la huella de carbono con los transportes. Así, para aumentar la cantidad de materia orgánica, en cada parcela se usarán los recursos que están más a mano. En Corvera, donde la parcela estaba abandonada y con islas forestales, se han plantado almendros, algarrobos y olivos para su cultivo, y esparto y albardín en las lindes y en las islas forestales próximas. Además del efecto del esparto -capaz de captar entre 70 y 300 Tn de carbono por hectárea y año, frenar la erosión, crear suelo, disminuir el ph, aumentar la permeabilidad y capacidad de retención de humedad de la tierra y disolver el carbonato cálcico-, los restos de sus podas servirán para que la cantidad de materia orgánica crezca, al mezclarlo con la tierra tras cada ciclo agrícola. Igual ocurrirá en Nogalte, donde la materia prima serán los restos triturados de la poda de los almendros que cultivan; y en Xiquena, «donde a los restos de podas de almendros se sumará la materia sólida de los purines de una granja de cerdos de la explotación agroganadera -resolviendo al tiempo el problema de la gestión de estos residuos-; precisamente allí se instalará la planta de compostaje -asequible y sencilla de montar- con que se preparará el compost que se aplique a los cultivos», aclara Esteban Jordán, responsable técnico de Ingeniería del Medio Natural. Y en El Moralejo, donde «José Miguel Marín llevaba años aplicando a algunas de las parcelas lodos de depuradoras sin contaminantes ni metales pesados y con todas las autorizaciones necesarias», puntualiza Gil, sumarán las plantas de esparto y sus podas para ver si el efecto percibido hasta ahora mejora. «Por sus fotos aéreas, la CHS pensó que estaba regando los cereales», explica de forma gráfica Gil. «Donde echas el lodo, hace línea», añade.

Medir y sistematizar

En las 6 hectáreas en las que se centra la investigación, el 'quid' de la cuestión es cuantificar los efectos de estos 'tratamientos' que ya se saben positivos por proyectos previos como Life Clima, Lucdeme y Desernet I y II, entre otros estudios. El objetivo es crear una metodología de trabajo que permita realizar una guía de buenas prácticas agrícolas en secano, así como medir las mejoras producidas, tanto en el suelo (ph, materia orgánica y carbono, productividad,...) como ambientales (absorción de carbono, biodiversidad, freno de la erosión...).

Investigadores realizan trabajos de campo en Corvera.
Investigadores realizan trabajos de campo en Corvera. / UMU

Precisamente su servicio como sumidero de carbono es el que este proyecto pretende rentabilizar. «Los suelos agrícolas, tras la Cumbre de París, han adquirido mucha importancia en este ámbito y, mejorándolos, se conseguiría un fuerte impacto en la mitigación del cambio climático. Si eso es bueno para esta lucha, debemos buscar una compensación para los agricultores reconociéndoles los créditos, como se hace en los espacios forestales, mediante el mercado voluntario -aquellas empresas que no están obligadas- o influyendo en la gobernanza con documentos técnicos y científicos para avalar instrumentos financieros de la UE que cubran este ámbito específico», afirma Jordán.

Para facilitar este mercado alternativo, el proyecto cuenta con la Asociación para la Custodia Agraria del Territorio, a cuyo frente está la asociación Nueva Cultura por el Clima (NCC), que, a partir de la estructura de Coag-Ir, difundirá el proyecto al conjunto de los cooperativistas para mejorar su producción y extender las prácticas agroecológicas. «El objetivo es que cuando acabe el proyecto se hayan sumado un mínimo de 900 explotaciones», estima Gil.

'Quid pro quo'

Además, el objetivo es «trabajar con pequeñas y medianas empresas, que son la mayoría y que no están obligadas a controlar sus emisiones de CO2 ni a compensarlas, pero quieren hacerlo, ya que las exigencias del consumidor y su responsabilidad social corporativa les impulsa a ello. Nosotros pondremos en contacto a ambas partes, de manera que el dinero invertido por estas compañías sirva para compensar a los agricultores de secano con buenas prácticas por sus beneficios ecosistémicos». «Una de las ventajas -destaca Antonio Soler, presidente de NCC- será inscribir a estas empresas en el Registro Nacional de Huella de Carbono, del Ministerio de Transición Ecológica, lo que será una certificación de que las compensaciones que se acuerden se van a reconocer oficialmente».

«Otro tipo de agricultura es posible en un territorio claramente diferente al resto de Europa, la 'zona 0' del cambio climático, que la hace meritoria de una política diferente», consideran optimistas los miembros del Life Amdryc4.

Muestreos a gran escala

Aunque de momento el proyecto abarca 6 hectáreas, el objetivo es que se vayan sumando a la iniciativa todos los agricultores de secano de la Europa meridional, comenzando por los socios de Coag, que en la Región son 4.152, unos 900 en zonas con problemas de calidad de suelo. Por eso, el estudio, que cuenta en cada zona experimental con la parcela control (sin tratamiento), parcela de dosis baja (4 Tn/Ha.) y parcela de dosis alta (8 Tn/Ha.), llevará a cabo tres tipos de mediciones. Así, junto a la toma de muestras de suelo 'in situ' para su análisis en laboratorio -«una técnica que permite abarcar terrenos pequeños»- y mediciones con equipos portátiles dotados de cámara infrarroja y térmica -«más fácil que el primero pero no aplicable a grandes superficies»-, Ingeniería del Entorno Natural va a realizar mediciones con drones dotados de cámara multiespectral, de cinco bandas -«permiten cubrir en un día de 200 a 300 Has.»-, y se tomarán datos del satélite 'Sentinel 2', con cámara multiespectral de 13 bandas y menor resolución -«para superficies como la Región o la Península»-. Todas las mediciones se realizarán en la misma fecha para «modelizar la cantidad de materia orgánica y carbono de la tierra», con el fin de establecer unos parámetros que permitan emplear los dos últimos métodos, más operativos, en un futuro y sin la necesidad de tomar muestras sobre el terreno.

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