Félix Díaz Caparrós: «Me quité del gimnasio porque es una droga, prefiero la naturaleza»

Félix Díaz, en la orilla de la playa cartagenera de Cala Cortina, donde le gusta desconectar de su día a día en el trabajo. / ANTONIO GIL / AGM
Félix Díaz, en la orilla de la playa cartagenera de Cala Cortina, donde le gusta desconectar de su día a día en el trabajo. / ANTONIO GIL / AGM

«La medicina estética usa reabsorbibles y biodegradables como el ácido hialurónico», dice el otorrinolaringólogo del Santa Lucía y especialista en Medicina Estética

RUBÉN SERRANO

«Trabajo mucho, pero me lo paso muy bien. Las mejores cosas que se pueden hacer en la vida son las que no tienen precio». Esa es la filosofía de vida de Félix Díaz Caparrós (Cartagena, 1967), todo un hombre multiusos: doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Murcia, lo mismo pasa consulta como otorrinolaringólogo en el Hospital Santa Lucía que pone guapos a los cartageneros en su clínica de medicina estética de la calle del Carmen, que tiene desde 2004, para los tratamientos antiarrugas, la eliminación de la celulitis, los ronquidos, el rejuvenecimiento... Pero este padre de familia, de cuatro hijos, y residente en el casco histórico conoce sus límites: jamás ha competido, no aguanta los gimnasios y prefiere caminar al aire libre, por las montañas, playas y baterías de costa de Cartagena.

-Lo de correr, entonces, nada de nada, ¿no?

-Prefiero las excursiones. Las mejores cosas que se pueden hacer en la vida son las que no tienen precio. El otro día, sin ir más lejos, la superluna. Es gratis y es un espectáculo. El deporte siempre me ha encantado, pero hay que ajustarse a la edad que tengo. La bicicleta es muy dura, al igual que los maratones. A la larga, trae problemas en las rodillas y en la espalda. Tengo mi propio itinerario para salir a andar, como Calblanque, que es una maravilla, y los castillos de la Atalaya y San Julián. Mi refugio para meditar es Cala Cortina. Cuando puedo, me escapo allí para recargar las pilas.

«Me amarga ver restos de plásticos y comida en Cabo de Palos; me da pena y voy a la orilla a recogerlos»

-¿El contacto con la naturaleza le ayuda a desconectar del día a día?

-El ser humano es energía, y hay lugares que nos ayudan a conectar con nuestro interior, que nos reconfortan, como las zonas arboladas y con sol. No hace falta dedicarle mucho tiempo. Un ratito viene genial. Si no, vives amargado completamente. Estuve apuntado a un gimnasio y me quité a los dos años. Los gimnasios son centros sociales, como lo eran las termas en Roma, y allí va la gente a 'vomitar' el estrés. Te sientes bien cuando vas, es cierto, pero es como una droga. Prefiero los espacios abiertos, la naturaleza y el silencio.

-¿Y cuál es su alternativa?

-Desde hace tres meses, todos los sábados salgo con mi familia a conocer los rincones de la Región. Nos llevamos la comida y hacemos turismo, combinando cultura y naturaleza. Hace unas semanas fuimos al castillo y al convento de Jumilla. De Cartagena, lo que más aprecio es su historia y su casco histórico modernista. Es una ciudad con un potencial enorme.

«Estoy en la legión de Sagunto y reforestamos por Galeras; si no lo hacemos, en poco tiempo seremos un desierto»

-¿Qué es lo que más le preocupa del medio ambiente?

-Siempre le echamos la culpa a los demás, y sobre todo a los políticos. Hay que empezar por uno mismo. Me dan mucha pena ciertas escenas. El otro día, en Cabo de Palos, vi restos de comida y plástico en unas rocas... Es un tema de educación, de no tener conciencia. Me amarga. Yo me acerqué a la roca y lo recogí todo. Cuando salgo de excursión con mi familia, no dejamos absolutamente nada. En Carthagineses y Romanos, pertenezco a la legión de Sagunto. Solemos organizar actividades sociales y, recientemente, un grupo de 30 personas plantó árboles, con el tiempo y el dinero de cada uno, en la zona de Galeras. Si todo está reforestado y verde, es un punto a favor para no perder la calidad del suelo. En poco tiempo, seremos un desierto si no tenemos en cuenta la reforestación.

-La medicina estética está en auge. La sociedad cuida hoy en día su imagen, y eso exige innovar y recurrir a las nuevas tecnologías. ¿De qué manera se puede estar al día y a la vez no perder los tratamientos conservadores y naturales?

-La industria de la medicina estética es la que más avanza, con diferencia. España es una potencia a nivel internacional. Todos los productos que ahora se están sacando al mercado europeo y americano llevan un marcaje de la Administración de Alimentos y Medicamentos. El asiático es horrible, incluso desde el punto de vista de la seguridad. Pero en Europa y América hay más control y conciencia, con productos naturales, reabsorbibles y biodegradables, como el ácido hialurónico.

«Muchos problemas de calvicie están relacionados con la alimentación, el estrés y la contaminación»

-En su clínica, a sus pacientes, ¿les remarca la importancia de practicar deporte para mejorar el bienestar?

-Cuando alguien viene a la clínica, debe tener claro que no es retocar una nariz o un cuello, por ejemplo. El paciente es mucho más que una cara: es un todo, en cuerpo, mente y alma. Una parte del cuerpo te va a pedir una alimentación sana y hacer ejercicio; y la otra, relajación. Todo el mundo quiere una solución a sus problemas con una pastilla. Al final, con 60 años, te vas a tomar medio centenar de pastillas. Intento hacer ver que hay que tomar las estrictamente necesarias, no hay que inflarse a medicamentos y sí tirar por lo natural. Muchos problemas de calvicie vienen por una carga genética, es evidente, pero también influye la alimentación, la contaminación y al estrés al que estamos sometidos. Nunca se había visto algo así. El motivo de consulta más frecuente en otorrinos son los ruidos, y está condicionado por nuestro modo de vida, la mala calidad de sueño y la ansiedad. La gente busca pastillas, la solución rápida, y hay veces que no está en eso, sino en los hábitos.

Cala Cortina, un rincón para «meditar y recargar las pilas»

Cada vez que su empleo le da tregua, en el Hospital Santa Lucía y en su clínica de la calle del Carmen, el doctor Félix Díaz Caparrós aprovecha para ir andando hasta la playa de Cala Cortina, su rincón favorito para «meditar y recargar las pilas» después de largas jornadas de trabajo. «Es uno de los pocos sitios a los que puedes llegar fácilmente porque está a un paso, a tiro de piedra del casco histórico [donde reside] y con unas vistas preciosas mientras tomas algo en la terraza. Cuando salgo del hospital, me quedo un rato allí. Hay fines de semana que voy, por la mañana temprano, corriendo o andando, y me gusta llegar justo cuando están montando las mesas, para desayunar allí. Con eso soy el tío más feliz del mundo. Es un lujazo, y encima siempre está lleno de turistas. Hago fotografías», cuenta el doctor, que el pasado fin de semana asistió al Congreso Nacional de Medicina Estética, celebrado en Málaga.