Paloma Sobrado: «Nunca he comprado un animal para tenerlo en cautividad»

Paloma Sobrado Calvo acaricia a su perro 'Berto' en la zona de Las Hoyuelas, en Bullas. / Jesús Rodríguez
Paloma Sobrado Calvo acaricia a su perro 'Berto' en la zona de Las Hoyuelas, en Bullas. / Jesús Rodríguez

«Los perros son muy desinteresados; eso lo encuentras en algunas personas, pero es menos frecuente», dice la vicerrectora de Estudiantes y Servicios a la Comunidad Universitaria

Pepa García
PEPA GARCÍA

Paloma Sobrado Calvo (Madrid, 1959) es profesora titular de Universidad de la Facultad de Óptica y Optometría y vicerrectora de Estudiantes y Servicios a la Comunidad Universitaria. Estudió Farmacia, «aunque cuando tenía 16 años quería hacer Veterinaria porque me encantaban los animales y la naturaleza». No pudo ser. Eran otros tiempos y los padres decidían por los hijos, recuerda. Concluyó Farmacia y siguió formándose; cursó Óptica. La vida la llevó a dar clases de Optometría en la UMU, facultad de la que ha sido decana nueve años y medio. Colaboradora incondicional de ONG conservacionistas, cuando llegó a Murcia se asoció a Anse. «Allí conocí a mi marido y me casé. Y ambos hemos seguido vinculados a la naturaleza y los animales. Mi casa parece una protectora».

-¿Cuántos y qué animales tiene?

-Tengo cuatro perros, montones de galápagos que nos han dado porque tenemos una balsa en el jardín; yo nunca he comprado un animal para tenerlo en cautividad. Y, luego, todos los pájaros que quieren venir al jardín a comer. Y mi marido tiene dos burros acogidos en la huerta. Aparte de eso, tengo una hija [añade entre risas], con sus correspondientes animales, por supuesto.

«Usamos muchísimo el coche porque el transporte público no es bueno»

-¿Sigue siendo activista en alguna ONG conservacionista?

-No, activista no, pero sigo haciendo cosas en favor de los animales. Tengo un comedero en mi casa en el que pongo comida todos los días del año a los pájaros, hasta en vacaciones (pago para que vayan a echársela) y alimento a los galápagos. Aunque estamos [dice refiriéndose a su marido y a ella] afiliados a varias ONG y mis convicciones siguen siendo muy profundas.

«No sé que va a pasar si seguimos a este ritmo. Espero que las generaciones futuras sean más responsables»

-Por ejemplo, ¿en qué?

-Aparte de la defensa de la naturaleza, tal y como tenemos la situación ahora es imprescindible estar mentalizados de que hay que hacer las cosas bien, porque si no vamos a la ruina total y a la desaparición de las especies como las conocemos. Acabaremos por no tener recursos para vivir.

-¿Es vegetariana?

-No, pero, en mi casa, el consumo de carne se hace con mucha cabeza. Y procuramos comer productos de granjas de bienestar animal.

-¿Cómo de concienciada está la comunidad universitaria con los ODS?

-La universidad es la cuna del conocimiento y eso influye en que la gente entienda que la situación a todos los niveles, de los 17 ODS, está muy mal. Además, tenemos un vicerrector para la responsabilidad social y la transparencia que está haciendo una campaña muy potente de los 17 ODS. La participación de estudiantes y profesorado en las actividades está siendo muy alta. Va bien la cosa, pero no hay que parar. Es nuestra obligación seguir insistiendo y formando a los estudiantes en valores humanos. Así, conseguiremos tener una sociedad mejor.

«Generamos toneladas de residuos al día por todos esos sobreenvasados, que son útiles pero no podemos permitirnos»

-¿Esa concienciación es real o de boquilla?, ¿son conscientes de que su consumo es parte del problema?

-Creo que participan de corazón en las actividades, pero puede que no tengan conciencia de que cambiar de pantalón cada dos por tres o de móviles todos los años incide negativamente en el medio ambiente. Aunque su concienciación actual es imprescindible para ese cambio de hábitos.

-Si pudiera, ¿qué haría para mejorar nuestra relación con la Tierra?

-Hay que favorecer una movilidad sostenible, lo primero. Usamos muchísimo el coche porque los transportes públicos no son suficientemente buenos. Ahí se puede incidir para que la gente perciba que, desplazándose en transporte público, tarda menos y va más cómoda. Y que, como va caminando hasta la parada, beneficia a su salud. Los gobernantes también tienen que fomentar que haya muchos más contenedores de reciclado, una cuestión fundamental y sobre la que todavía mucha gente no está mentalizada (lo veo cuando voy a tirar los residuos de mi casa). Es importante que se haga más campaña e imprescindible que se reduzcan los residuos. Generamos toneladas al día por todos esos sobreenvasados, que son útiles pero no podemos permitirnos. Así que, habría que dictar normas para reducir la cantidad de envases, como subvencionar a empresas que tiendan a fabricaciones más sostenibles o que vendan a granel,...

-Como experta en el ojo humano, ¿se podrían inventar unas lentes que curen la ceguera frente a las agresiones contra el planeta?

-Eso sería buenísimo, pero la visión no está en el ojo, está en el cerebro, Cuando explicas las cosas bien y llegas a mucha gente, pueden cambiar más conductas. Si no llega la información o, peor, llega de forma contradictoria, se genera desconfianza y la gente se queda en lo cómodo.

-¿Afecta la contaminación y el cambio climático a la salud del ojo?

-Pues, por ejemplo, afectan las condiciones de sequedad ambiental que se generan como consecuencia del uso excesivo de calefacciones o aire acondicionado. Entras en algunos sitios en verano y te dan ganas de ponerte un abrigo y, en invierno, te tienes que quedar en camiseta. Si utilizásemos estos sistemas de una manera razonable, esto se reduciría bastante. El cambio climático tiene mucho que ver con la manera en la que usamos hoy los recursos.

-¿Qué es la naturaleza en su vida?

-Para mí, convivir con los animales es algo natural. Y el respeto por la naturaleza debe estar en la esencia de la persona. Hemos avanzado mucho y tenemos muchas comodidades, pero lo hemos hecho, en muchos casos, a cambio de destrozar el entorno que nos protegía y nos daba soporte vital. Yo vivo continuamente pensando en cómo hacer las cosas bien para no estropear el entorno. Necesito el contacto con la naturaleza y los animales para recargar las pilas.

-¿Cómo es tener tantos animales?

-Siempre digo: '¡Madre mía, cuánto trabajo me dan!'. Pero me dan satisfacciones: tenerlos con nosotros, haberlos salvado de una vida terrible en la calle,... y el amor que te dan, porque los animales, sobre todo los perros, son increíblemente desinteresados. Eso lo encuentras en algunas personas, pero es menos frecuente.

-Personalmente, ¿qué hace para minimizar su impacto en el planeta?

-Reciclar. Y ahora estoy empezando a comprar cosas a granel, porque mi hija me está impulsando. Gastar lo menos posible en cosas superfluas y que llevan unos costes de fabricación enormes a nivel medioambiental. Limito mucho el uso de detergentes y limpiadores. Uso el coche más de lo que debiera y eso lo tengo pendiente; me duele en el corazón. Pero, actualmente, no tengo un buen transporte público que me permita dedicarle todas las horas al día que necesito al trabajo.

-El reciente informe de la ONU sobre la pérdida de biodiversidad es demoledor, ¿podremos revertirla?

-Si el cambio climático sigue, no. Si seguimos utilizando los productos químicos que matan a un montón de especies, tampoco. Si no frenamos la contaminación por plásticos va a ser imposible. En algunos ecosistemas no hay depredadores y otras especies proliferan mucho; estamos matando animales que no deberían desaparecer. Y aunque estamos haciendo cría en cautividad, no lo vamos a poder recuperar todo. No sé que va a pasar si seguimos a este ritmo. No soy muy optimista. Tendría que haber un cambio desde los dirigentes políticos. Espero que las generaciones futuras, sean más responsables.

-¿Cuidamos suficientemente el medio en la Región?

-Hemos mejorado porque hay bastante presión de la ciudadanía y también de la UE, pero queda bastante por hacer. El problema de la protección de la naturaleza se solapa con los intereses empresariales. Hay que llegar a un equilibrio para que los empresarios puedan sobrevivir y también generar trabajo, evidentemente, pero de manera más responsable y en equilibrio con el medio ambiente. Creo que avanzamos en ese camino o así lo espero.

-¿Qué es lo peor para el planeta?

-La emisión de gases de efecto invernadero. Si mañana tuviéramos todos coches eléctricos, habríamos solucionado un grave problema. Y, por supuesto, la contaminación de mares y océanos por plásticos, de ahí la necesidad de reducir los envases.

-Proponga un reto a los lectores.

-Que piensen qué cantidad de proteínas de origen animal necesitan realmente cada día. No digo que los ganaderos dejen de tener su negocio, pero, a lo mejor, si producen menos y con más calidad, pueden vender a un precio mayor: ganan lo mismo, consumen menos energía y contaminan menos. Segundo, que la gente piense que no son necesarios tantos envases, podemos utilizar recipientes herméticos y comprar lo que se pueda a granel. Y, tercero, reducir el consumo en general. Antes de comprar algo tenemos que pensar si realmente nos hace falta. Porque, a lo mejor, ese dinero lo podemos invertir en ayudar a quienes lo necesitan.

En Las Hoyuelas, recarga las pilas

«Mi rincón favorito en Murcia es Bullas. En concreto, Las Hoyuelas. Es un entorno precioso. Hay una enorme masa forestal por la zona y, allí, parece que no estás en Murcia: hay tal cantidad de verde alrededor que no te lo puedes creer», afirma Paloma Sobrado. «Aparte de eso, disfruto el silencio y la tranquilidad. Es una zona que está poco habitada, se puede andar por el monte sin encontrarte a nadie y la tranquilidad que se respira recarga las pilas», confiesa Paloma. Y añade que, «en Galicia, me encanta Allariz y el mirador de Ortigueira, desde donde se ve San Andrés de Teixido y los acantilados, es una vista preciosa».

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