Mariano López Martínez: «De niño creía que a estas alturas la educación habría acabado con los vertidos»

Mariano López, codirector de la excavación, en el yacimiento./Guillermo Carrión / AGM
Mariano López, codirector de la excavación, en el yacimiento. / Guillermo Carrión / AGM

«El estudio de los dientes de la Sima ha demostrado que gran parte de la dieta neandertal era vegetal», afirma el arqueólogo y codirector de los yacimientos de la Sima de las Palomas y la Cueva Negra

Pepa García
PEPA GARCÍA

Mariano López Martínez (Murcia, 1967), arqueólogo, pasa la mayor parte de su tiempo en contacto con la naturaleza. Lleva 27 años en las excavaciones, primero como estudiante en prácticas y, desde hace más de una década, codirigiendo dos de los yacimientos prehistóricos de la Región más importantes, también a nivel europeo: la Sima de las Palomas, en el Cabezo Gordo de Torre Pacheco (de hace 45.000-150.000 años), y la Cueva Negra del Estrecho de la Encarnación, en Caravaca (de hace 780.000-900.000 años). Aficionado al senderismo, al cicloturismo y a correr por la montaña, su trabajo como arqueólogo le ha permitido descubrir cómo era el entorno natural hace cientos de miles de años en la Región y constatar cómo lo hemos cambiado.

-¿Por qué podemos presumir los murcianos de estos yacimientos en el resto de España y Europa?

-Son únicos porque, aunque hay más yacimientos neandertales en la Península, en la Sima de las Palomas hemos encontrado tres esqueletos en conexión anatómica casi completos, algo excepcional: una mujer joven, Paloma, un varón adulto y un niño de siete años. Y, en la Cueva Negra, hemos encontrado el hacha de mano y el fuego intencionado (hoguera) más antiguos de Europa, con en torno a un millón de años. Recientemente, la cronología de los restos fósiles de pequeños roedores ha confirmado este dato.

De cara al futuro: «Tenemos que aprender de los errores del pasado e intentar proteger lo que todavía nos queda»

-Los estudios arqueológicos profundizan cada vez más en las condiciones de vida y el entorno de los hombres prehistóricos, ¿qué datos les aporta este conocimiento?

-La verdad es que saber cómo era el medio ambiente del pasado es uno de los objetivos fundamentales en las dos excavaciones. Vamos recogiendo pistas para resolver el misterio de cómo era el entorno hace casi un millón de años. El estudio del polen del sedimento, los restos de fauna (animales en su mayoría hoy extinguidos). Todas esas evidencias nos permiten reconstruir el medio ambiente y cómo vivían estos homínidos.

Mar Menor: «Perderlo sería un desastre ecológico planetario»

-¿Marca el tipo de entorno natural en el que se desarrollaban estos homínidos su modo de vida?

-Por supuesto. Los homínidos siempre se adaptan al entorno en el que viven. En el caso de Cueva Negra, disponían de un medio natural riquísimo, con agua en abundancia, diferentes ecosistemas (boscosos, de montaña y de llanura), lo que les permitía elegir, según la estación, hacia dónde dirigirse en busca de las manadas a las que cazar sin demasiado esfuerzo. En la Sima, con un entorno no tan exuberante, también era espectacular, porque es la única elevación de la zona y les permitía contemplar las manadas que iban a cazar desde lejos y también los vegetales que iban a recolectar, y cómo no, el mar. Porque, en contra de lo que siempre se ha creído, estudios recientes en la Sima de las Palomas nos demuestran que los vegetales componían gran parte de su dieta.

-No habrán demostrado ahora que en aquella época también se cultivaba ya, ¿no?

-Que cultivaban no, pero el análisis del sarro de los dientes de neandertales de la Sima ha revelado que hay fitolitos, que son los restos minerales que quedan de las plantas: comían vegetales en abundancia. Hace poco se ha publicado un estudio amplio que demuestra esto de la dieta vegetal de los neandertales.

Entorno y camino de subida a la Cueva Negra, en el estrecho del Quípar
Entorno y camino de subida a la Cueva Negra, en el estrecho del Quípar / Guillermo Carrión / AGM

-Por lo que han conocido del medio ambiente prehistórico, ¿considera que los humanos hemos sabido conservarlo?

-Pues está claro que no. Lógicamente no se pueden comparar porque el clima ha cambiado y ha provocado transformaciones, pero la acción antrópica ha alterado los paisajes en gran medida. Sobre todo se nota en la Sima de las Palomas, que el paisaje que se divisa desde la entrada es invernaderos y cultivos. El cambio es radical.

-¿Qué tenemos que aprender en este sentido de los prehistóricos?

-Más que aprender de su comportamiento, porque el ser humano siempre ha tendido a sobrevivir a costa de cualquier cosa... tenemos que aprender de los errores del pasado e intentar proteger lo que todavía nos queda a toda costa e intentar salvaguardar las especies en peligro. Tratar de vivir como los neandertales sería utópico.

-¿Disfruta en la naturaleza?

-Me encanta, el aire libre es fundamental para mí. No solo lo hago cuando trabajo en los yacimientos, sino que practico deporte en la montaña. Para mí es un privilegio, incluso cuando busco los yacimientos de los materiales con los que los homínidos fabricaban sus herramientas. Me apasiona.

-Disponer de recursos naturales era clave a la hora de establecer un asentamiento, ¿cómo influyen estas características a la hora de buscar nuevos yacimientos?

-Mucho. Lo primero que hacemos para hacer prospecciones es estudiar cómo eran los paisajes en las épocas en que estás interesado. Lo básico es el agua y ese es el punto de partida.

-¿Alguna medida para conservar los yacimientos aún por descubrir?

-Nunca se hace suficiente para proteger y cuidar el patrimonio de todos. Proteger y delimitar los espacios naturales que quedan intactos es el mejor medio para conservar no solo la fauna y la flora, sino los yacimientos arqueológicos que aún quedan ocultos en ellos.

-Personalmente, ¿qué hace para conservar el planeta?

-Intento comportarme de la manera más ecológica posible. Reciclo, me muevo en bicicleta o caminando siempre que puedo, el coche hace un montón que no lo cojo; soy respetuoso con la naturaleza; procuro no derrochar energía; y trato de ser poco invasivo en las excavaciones.

-Y, ¿cómo ve el mar que los neandertales veían desde el Cabezo Gordo?

-Si hay que tomar medidas drásticas, hay que hacerlo de manera inmediata, porque el Mar Menor no es solo un recurso económico, es un patrimonio natural de todos. Perderlo sería un desastre ecológico a escala planetaria.

-¿Y qué opina de que tengamos el mar como un vertedero?

-Nos falta educación. No es normal que la gente deje basura en el monte o que hagan vertidos en el mar. Cuando era un niño pensaba que a estas alturas de la historia el nivel de educación en el mundo habría superado todo esto, pero no hemos aprendido aún lo suficiente.

-¿Sueña con encontrar algo en la Sima o en Cueva Negra?

-Un sueño se ha cumplido, encontrar esqueletos humanos en la Sima de las Palomas. Ahora me encantaría encontrar también un 'Homo sapiens'. Y, en Cueva Negra, también sueño con hallar un esqueleto humano completo, que, por la cronología, sería un heidelbergensis.

Entre el árido Cabezo Gordo y el frondoso Estrecho de las Cuevas

«Soy incapaz de decidirme entre el Sitio Histórico del Estrecho de las Cuevas de la Encarnación y el Cabezo Gordo», dice como un niño al que se le hace escoger entre papá y mamá, pero sin duda de que ambos son sus rincones naturales preferidos de la Región. «Los dos sitios son especiales para mí, uno por el entorno natural: la vegetación, el clima, el río,... es espectacular. Pero el Cabezo Gordo, con su ambiente tan árido, las cornicabras, el Mar Menor al lado... Elegir uno sería complicado, son lugares a los que vuelvo por placer recurrentemente desde hace casi 30 años. Me encantan por lo que suponen para mí», cuenta Mariano López, arqueólogo y codirector de ambos yacimientos prehistóricos.

 

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