Teresa Alfaro: «Es esperanzador que una nueva generación exija más»

La veterinaria Teresa Alfaro posa en las Salinas de San Pedro del Pinatar, su rincón preferido de la Región de Murcia. / Javier Carrión / AGM
La veterinaria Teresa Alfaro posa en las Salinas de San Pedro del Pinatar, su rincón preferido de la Región de Murcia. / Javier Carrión / AGM

«Hace falta que nos sacudan de esa manera», dice sobre los 'Fridays for future' la inspectora de Salud Pública

Pepa García
PEPA GARCÍA

Teresa Alfaro (Cartagena, 1965) es veterinaria y lleva tres lustros como inspectora veterinaria de Salud Pública, una tarea que incluye el control de los mataderos «y de todos los establecimientos de la cadena alimentaria». Vecina de Santiago de la Ribera, se considera plenamente realizada con su profesión, cuyo día a día no la ha hecho insensible al sufrimiento animal, «al contrario». Tampoco le priva de disfrutar del contacto diario con la naturaleza -«para mí es una necesidad»- y el mar, hasta el que se acerca casi a diario para remar 'a lomos' de 'dragon boats'.

-En su vida profesional tiene relación directa con el momento en que el animal se transforma en alimento, ¿qué piensa de quienes son vegetarianos por el sufimiento animal?

-Lo entiendo perfectamente, a mí es una de las cosas que más me cuesta. Y pensaba que me acabaría acostumbrando porque era lo que escuchaba de algunos compañeros. A mí no me pasa, al contrario: te sensibilizas cada vez más. Hay dos partes diferenciadas en la actividad de matadero. Una es la parte de dentro de la nave, en la que tú solo ves canales y en la que a mí me cuesta menos trabajo estar. Y, sin embargo, la parte de fuera, desde el momento en que llegan los animales y se descargan, que tú los ves jóvenes y sanos, muchas veces son bebés, y que llegan allí con esa inocencia y hasta parece que con alegría... Se pasa mal. Entonces, yo entiendo que haya quien lo piense, se mentalice y decida ser vegetariana.

«Todos queremos salvar el planeta, ¿pero a qué estamos dispuestos a renunciar de nuestra cómoda vida?»

-En los 15 años que se dedica a este trabajo, ¿ha variado mucho el sacrificio de los animales que nos comemos?

-Sí. Ha mejorado mucho el cumplimiento de las normas de bienestar animal. Ahora es mucho mayor. Antes no había unas normas claras y, después, había una parte de veterinarios de toda la vida que no comprendían la necesidad de implantar esas normas. Ha sido a raíz de que la Unión Europea le ha dado mucha importancia y se han hecho auditorías, cuando se ha visto el cambio. Es una de las principales labores que tenemos nosotros. Inspeccionar una canal y saber si es apta para el consumo es una. Pero, para mí, una de las principales es que el animal sufra lo menos posible en el matadero y tenga una muerte digna.

«Pensé que me acabaría acostumbrando a los sacrificios de los mataderos, pero te sensibilizas más»

-¿Qué haría para seguir mejorando?

-Tenemos todavía mucho por hacer, porque la UE aún respalda sacrificios rituales como el 'halal' y el 'kosher'. En estos sacrificios no se realiza ningún aturdido previo al animal y, sin embargo, hay que respetarlo.

-Pero, ¿sufren mucho en estos rituales de sacrificio?

-Sí, sobre todo los animales grandes, porque solo hay sujeción y degollado, como antiguamente, hasta que el animal pierde la consciencia.

-¿Qué puede tardar una vaca en morirse por este método?

-Un minuto y medio o dos. Se hace largo y, para mí, desagradable.

-¿Podemos fiarnos de las etiquetas de bienestar animal?

-Hoy en día no es fácil etiquetar un producto con las indicaciones de bienestar animal. Se tienen que pasar una serie de auditorías para demostrar que eso es así. Entonces, yo entiendo que sí, que podemos fiarnos. De hecho, una de las cosas que los veterinarios pediríamos es que se etiquetara también la carne 'halal' o 'kosher' y se informara al consumidor de qué es, para que tuviesen la posibilidad de elegir si quieren o no consumirla. Porque, hasta ahora, no es obligatorio y se marcan solo determinadas carnes como 'halal' para promocionar su consumo entre clientes que la buscan. Pero al resto no se nos informan.

-Entonces, ¿puede que estemos comiendo esta carne sin saberlo?

-Sí. Puede no, consumimos gran cantidad de carne 'halal' sin saberlo.

-Pero, ¿por qué?, ¿es más barato?

-No, porque las partes más económicas de la canal se destinan a la venta en carnicerías 'halal', mientras que otras más caras se venden a otro tipo de carnicerías. Por eso la consumimos sin saberlo.

-¿Qué es la naturaleza para usted?

-Una necesidad. Cuando estoy estresada, tengo un problema, las cosas no van del todo bien... me voy a correr. Y, cuando vuelvo, el problema es el mismo pero todo se ha ordenado y lo veo y asumo de otra manera. Imagino que el ejercicio físico, el entorno, la secreción de endorfinas..., todo se conjuga de una manera que te permite continuar de forma más satisfactoria. Porque, algunas veces, en la vida que tenemos montada cuesta trabajo tomar decisiones y seguir adelante. A veces es duro.

-¿Cómo ve el Mar Menor?

-Ahora, aparentemente, está estupendo, precioso, y lo veo a menudo. Hace media hora he llegado de remar y está superbonito, por lo menos por el único parámetro que puedo comprobar personalmente: la transparencia. Aunque no sé hasta que punto está en un equilibrio estable o inestable. Supongo que, por lo menos, hemos conseguido llevarlo a un punto de retorno, que parecía difícil hace un par de años. La verdad es que era muy triste lo que estaba pasando.

-En su vida personal, ¿cómo reduce su impacto en el planeta?

-No sé si tenemos la posibilidad de aportar algo realmente importante para evitar el deterioro del planeta. Son pequeñas cosas, pero son simbólicas. Estoy totalmente comprometida con el reciclaje, en mi casa se separa y se recicla todo sistemáticamente. En el consumo del agua, soy consciente de la importancia de reducirlo. De hecho, tengo un barreño en el cuarto de baño, y la primera agua de la ducha, hasta que se calienta, la recojo y la utilizo para la cisterna o para regar. Mi coche es híbrido, porque pensé que teníamos que hacer algo con las emisiones de gases. Pero creo que, ahora mismo, tenemos una falsa moral: todos queremos que mejore el planeta, pero, en realidad, ¿a qué estamos dispuestos a renunciar de nuestra cómoda vida: al aire acondicionado, a la calefacción, a nuestro estilo de vida...? Es complicado.

-¿Qué opina del movimiento joven 'Fridays for future'?

-Hace falta que nos sacudan de esa manera de vez en cuando. Me parece esperanzador que, ya que nuestra generación se está encontrando con el problema y va dando palos de ciego, haya una generación posterior consciente y que nos exija más, porque hace falta hacer mucho más.

-Proponga un reto a los lectores.

-Sería superimportante que fuéramos capaces de disminuir el consumo de plásticos. Deberíamos volver a la tradición de ir al mercado con nuestra bolsa: en los supermercados nos están acostumbrando porque no queremos pagarlas, pero, donde nos las dan sin cobrar, muchas veces las cogemos. Entonces, el reto podría ser plantearnos, antes de coger una bolsa, si nos hace falta o no. Un gesto tan sencillo como ir a la farmacia y llevarnos las 'aspirinas' en la mano o en el bolso, seguramente y a la larga, nos hará hacer más cosas.

-¿Cuidamos la naturaleza?

-No. Da pena ver restos de basura por todas partes. Cuando vas a la montaña: en zonas de caza, te encuentras los cartuchos de los cazadores. Si vas por La Llana, siempre hay rastros de los pescadores. Y fíjate que me refiero a actividades muy relacionadas con la naturaleza; a cazadores y pescadores, que deberían ser muy conscientes de la importancia de cuidar el medio. En Murcia es difícil llegar a un sitio en el que te encuentres naturaleza realmente salvaje.

-¿Cuál considera el principal problema del planeta?

-Nosotros.

«En las Salinas siempre te sorprende la belleza»

Las Salinas de San Pedro son el rincón favorito de la veterinaria Teresa Alfaro, vecina de Santiago de la Ribera, que las visita dos o tres veces por semana. «Me gusta salir a correr. Procuro que coincida con el final de mi jornada de trabajo y aprovecho para ir por esa zona, que es muy bonita y muy tranquila». De este espacio protegido destaca, sobre todo, «que ningún día es igual al siguiente, porque depende de la luz, del viento, de la fauna que haya,... Siempre estás entretenido viendo cosas diferentes. No es como caminar por una ciudad en la que siempre sabes lo que vas a encontrarte. Allí no pierdes la capacidad de sorprenderte cada día con la belleza».