Manuel Muñoz Zielinski: «Me encanta fotografiar los árboles; son fascinantes»

El fotógrafo y etnógrafo Manuel Muñoz Zielinski en la aldea abandonada de Aledo Los Allozos, ante la ermita. / GUILLERMO CARRIÓN / AGM
El fotógrafo y etnógrafo Manuel Muñoz Zielinski en la aldea abandonada de Aledo Los Allozos, ante la ermita. / GUILLERMO CARRIÓN / AGM

«Eso de 'la basura ya vendrá alguien a recogerla' no puede ser», defiende el fotógrafo y etnógrafo

Pepa García
PEPA GARCÍA

Manuel Muñoz Zielinski (Madrid, 1949) dejó Madrid y su labor docente en la universidad, donde impartía francés, en 1987 y se lanzó a la aventura de convertir una de sus aficiones, la fotografía, en su forma de vida. Dedicado fundamentalmente a la fotografía de promoción turística, fue clave para él que el arqueólogo murciano Julio Navarro le encargara un trabajo sobre la red de riego tradicional y las norias del Valle de Ricote. «Ahí descubrí la vida tradicional y comencé a combinar la etnografía con la fotografía». Dos pasiones que le han permitido conocer en profundidad la Huerta de Murcia y todo lo relacionado con ella -como el Consejo de Hombres Buenos con el que, cuando se reúne, disfruta asistiendo a sus sesiones-, así como las costumbres y tradiciones de toda la Región, en las que se inició con su padre, Manuel Muñoz Cortés, que, en los años 50, descubrió «de la mano del artista Antonio Garrigós, la música tradicional de la huerta. De hecho, mi tío abuelo Bonifacio Gil está considerado uno de los mayores conocedores de la música tradicional de España», recuerda a sus antecesores.

Ahora, Manuel Muñoz Zielinski está centrado en investigar los pueblos abandonados de la Región, con él visitamos Los Allozos, una aldea aledana que, tras varios milenios de ocupación, ha quedado olvidada.

-Ahora se habla mucho de la bioconstrucción y la arquitectura sostenible, ¿era algo que se practicaba ya en las viviendas tradicionales?

-Hay una constante en la vivienda tradicional que era la distribución lógica: aprovechaban el calor del hogar, donde se desarrollaba la vida, para realizar alrededor los dos dormitorios que solían tener estas viviendas; además, las instalaciones para los animales, integradas en las viviendas, estaban perfectamente separadas de estas. Y, en los núcleos más aislados, el horno, el lavadero o el pilón eran construcciones comunitarias, que compartían todos.

«Para un urbanita, descubrir de repente las posibilidades que tenía la Región fue fantástico»

-¿Qué importancia tiene para la conservación del entorno que estos núcleos rurales se perpetúen?

-Hombre, son un testimonio único de lo que era la vida rural tradicional. Se trabaja mucho en la recuperación de la música, el baile y la cocina, pero todo eso es solo la espuma de la cerveza. Si no hay vida económica por qué vas a tocar la guitarra. De hecho, hoy a los investigadores les cuesta encontrar canciones de siega o lavadero, porque se han perdido como la actividad en la que desarrollaban.

-¿Le parece rica la flora regional?

-No soy experto en botánica aunque tengo un amigo, Gregorio Nadal, que me ha regalado un par de libros que ha hecho, con los que se aprende mucho. Uno es una guía de la flora de la Región de Murcia y lo suelo llevar siempre en el coche, porque me ayuda a identificar algunas plantas.

-¿Disfruta fotografiando la flora?

-Me encanta fotografiar los árboles. Son fascinantes. Hay árboles por ahí, en mitad del campo, que son auténticas maravillas de la naturaleza.

-¿Es de los que se abraza a ellos?

-Mentalmente sí. Puedo estar casi una hora fotografiando un árbol.

«Los peores inventos del hombre han sido la gasolina y el gasoil. Puede haber sido el motor del siglo XX, pero ha destrozado la atmósfera»

-Como gran conocedor de las redes tradicionales de riego, ¿cómo cree que han modelado el paisaje?

-De manera fundamental. Si no hay agua, no hay vida, aunque no siempre estaba cerca. La huerta, por ejemplo, es un paisaje hidráulico totalmente diferente a los de secano, donde había que buscarse la vida de otra forma.

-¿Qué paisaje rural le ha impresionado más?

-Hay uno que me ha gustado mucho, debía ser de pastores. Está muy cerca de Morata (Lorca) y se llama Biquejos. Aquello es fantástico. Un valle verde, verde, verde, que no te esperas y, en medio, en lo alto de la colina, está el pueblo. Y lo que preside ese poblado es el pilón, que viene de una fuente de agua.

-Por lo que ya ha averiguado, ¿cuál ha sido el principal motivo de abandono de nuestros núcleos rurales?

-Casi todos los informantes me hablan, en los casos más antiguos, de la desaparición del agua como causa. Y, en los años 60 y 70, la mayoría, por el desarrollo del turismo y la industria, que empujó a la gente joven a ir a trabajar fuera en busca de prosperidad.

-¿Cuál es su relación con el medio natural?

-Tuve una relación muy estrecha de amistad con los alpinistas, que se iban a los Andes o a otros destinos de montaña. En concreto, con Antonio Sánchez Bohórquez 'El Sebi'. Iba mucho de excursión con ellos y, para un urbanita, descubrir de repente las posibilidades que tenía la Región de Murcia fue fantástico. De hecho, las botas que llevo me las regaló 'El Sebi' hace 25 años y siguen perfectas.

-¿Qué aprendió de los alpinistas?

-Ellos son grandes profesionales, personas que saben muy bien documentar sus aventuras. De El Sebi aprendí a ser exigente conmigo mismo a la hora de la fotografía, como lo son ellos, ya que para ellos es fundamental tener buenas fotografías porque viven de dar charlas o publicarlas en revistas. Su minuciosidad en reflejar lo que van a contar me enseñó muchísimo.

«El plástico, cuanto menos, mejor. Y siempre llevo una bolsa en el coche; todo lo que encuentro lo recojo»

-¿Cuál fue su primer reportaje?

-Fue a los 15 o 16 años, una matanza en Cabezo de Torres.

-¿Cuántas pantallas hay en su casa?

-En mi casa no hay tele y no me gustan el fútbol ni las series. He recibido una educación muy madrileña y bastante francesa, por parte de mi madre. En mi casa siempre ha habido tertulias; buena gente, buena comida y charlar; y, cada vez que se puede, salir al campo o a la playa a caminar y a hacer fotos.

-¿Cuidamos bien la Región?

-No. Somos bastante gente la que estamos empezando a dar a conocer la Región y, sobre todo, implantando los protocolos para que se respete. Lo que no puede ser es que vayas a ver los pozos de la nieve y lo primero que te encuentres sea la basura que han dejado allí (latas, botellas...). Eso de 'la basura ya vendrá alguien a recogerla' no puede ser. Y, luego, las presiones urbanísticas también están haciendo bastante daño en la Región.

-¿Cuál considera el principal problema del planeta hoy?

-El peor invento del hombre ha sido la gasolina y el gasoil. Puede haber sido el principal motor de buena parte del siglo XX, pero ha destrozado la atmósfera con las emisiones. Y, de eso, cuesta trabajo concienciar. Todavía hay una fuerte presión para que los grandes fabricantes se deshagan de la flota de coches diésel, rebajándolos. Está claro que el futuro es el coche eléctrico.

-A nivel personal, ¿cómo minimiza su impacto?

-El plástico, cuanto menos, mejor. Tengo mi bolsita de papel y, cuando bajo al supermercado, me la llevo. En cuanto a lo demás, estoy harto de ir a la playa y otros sitios donde veo latas, vidrios, colillas,... La gente no se preocupa de eso y, como siempre llevo una bolsa en el coche, todo lo que me encuentro por ahí lo recojo y lo echo luego a un contenedor. No cuesta mucho trabajo. Y hay una cosa que me preocupa mucho, la gente deja botellas de cristal en los espacios naturales y pueden provocar incendios.

-¿Cómo ve de concienciadas a las nuevas generaciones?

-Estoy viendo que tarda, pero llega. La gente joven, con la locura de los 18 a los 24 años, cuando van a tomar algo al monte lo dejan todo allí. Pero, a partir de los 25, empieza a haber una sensibilidad. Alguien dice: 'Oye, acho, no vamos a dejar esto así'. Y siempre parte la iniciativa de las chicas.

«Me sorprende que la ermita presida la aldea»

Manuel Muñoz Zielinski conoció Los Allozos porque «estoy trabajando en la Murcia abandonada (eso de vaciada no me gusta nada). Recorro cortijos, caseríos y aldeas ya sin habitantes pero en los que hay muchos rastros de vida tradicional. Además, fotográficamente, es muy bonito», cuenta. Y explica que está aprendiendo mucho sobre los elementos, técnicas y materiales constructivos y la distribución de las estancias en las viviendas tradicionales, semejantes en toda la Región, salvo en la calidad de los materiales, «inferior en las zonas de costa, por lo que las estructuras no aguantaban mucho; así como el grosor de los muros, mayor en el interior».

De Los Allozos, aldea que fue pedanía de Aledo y se abandonó en los años 60, cuenta como curiosidad: «Me sorprende que es la ermita la que lo preside, cuando suele ser la casa del poderoso».