Piscinas 'verdes' y viables

La piscina de Beniel vista desde la terraza, donde están instaladas las placas solares, que se ven reflejadas en el cristal./
La piscina de Beniel vista desde la terraza, donde están instaladas las placas solares, que se ven reflejadas en el cristal.

El Polideportivo Municipal de Beniel ha sustituido el diésel con el que climatizaba su piscina y sus instalaciones y calentaba el agua de las duchas por la luz del sol, las cáscaras de almendras, los pellets, los orujillos o las astillas de los restos de podas forestales y agrícolas. Un cambio que, en primer lugar, beneficia al medio ambiente y a la salud de los usuarios de las instalaciones, y, en segundo lugar, ayuda a cuadrar los números de la economía local.

PEPA GARCÍA

El polideportivo municipal de Beniel instala un sistema de placas solares y biomasa que consigue reducir la factura a la mitad y hacer sostenible su funcionamiento

La solución ha llegado de la mano de la empresa murciana Energía Solar Innovación, que ha permitido dar carpetazo a las calderas de diésel con las que se climatizaba el agua de las piscinas y el local -con gran consumo energético, 68.000 litros de diésel al año, y unas emisiones de 196,92 toneladas de CO2 al año- por un sistema de energías renovables que combina una caldera de biomasa y la energía solar térmica producida por 20 placas solares de tubo de vacío. Unas instalaciones 'verdes' con las que desde noviembre se produce el 100% de la energía que demanda la instalación (casi 700.000 kilovatios hora al año) y que ha permitido que la piscina municipal continúe abierta sin el grave perjuicio que suponía para las arcas municipales.

«Esta es la primera piscina de la Región que funciona 100% con energías renovables», asegura Adrián Molina, uno de los responsables de la empresa Energía Solar Innovación, en funcionamiento desde 2006. Y añade que ésta se plantea como una solución para las piscinas de municipios como Mula o Santomera, entre otros muchos, que han tenido que cerrar sus instalaciones por el alto coste que supone mantenerlas en funcionamiento. Además de los beneficios que implica esta transformación para el medio ambiente: evita la emisión de más de 196 toneladas de CO2 cada año y reduce la dependencia energética regional, ya que no se deben importar los 68.000 litros de gasoil que la infraestructura demandaba hasta noviembre de 2012 y el combustible empleado en la caldera procede de restos agrícolas y forestales de la Región.

Empleo y desarrollo rural

«La caldera -destaca Adrián Molina- esta montada en un conjunto autoportante que lleva incluido el silo, con capacidad para unos 15.000 kilos de biomasa, lo que permite que la piscina funcione entre 10 y 15 días dependiendo del combustible utilizado, y se regula a través de sondas que miden la temperatura a la que está la piscina y marcan la cantidad de combustible que es necesario para conseguir la temperatura óptima del agua». Además, apunta Molina, el beneficio económico es doble, porque frente al 50% del ahorro energético que supone la instalación de este sistema -se estima que consumirá cada año unos 200.000 kilos de almendra, unos 170.000 de orujillo o unos 150.000 kilos de pellets-, el material para la caldera procede de los cultivos y montes de la Región, con lo cual contribuye a generar puestos de trabajo y riqueza en el territorio regional; «y, además, la caldera con el silo incorporado está fabricado en la Región», añade Adrián Molina.

Un caso similar es el de Bullas, cuyo Ayuntamiento se veía empujado a cerrar la piscina climatizada por el enorme consumo que suponía. Ahora, de la mano de las direcciones generales de Medio Ambiente y de Desarrollo Rural, ha presentado un proyecto al Plan Leader para transformarla en una piscina 'verde' y viable. «Teníamos que intentar hacerla sostenible para no cerrarla», confiesa el concejal de Medio Ambiente de Bullas, Rafael de Cáceres, que permanece a la espera de que Europa de el visto bueno al proyecto para poder sacar a concurso público las obras y las nuevas instalaciones.

«La idea es intentar que el propio Ayuntamiento se haga cargo de la obra civil y adjudicar a una empresa la instalación de los sistemas de energías renovables», adelanta De Cáceres, que estima en 135.000 euros (más IVA) el coste de la transformación proyectada.

Así, los 866.800 kilovatios hora que consume al año la piscina (algo más de 50.000 euros en gas) se reducirían en un 55% y las 174,74 toneladas de CO2 que se emiten en el proceso se evitarían. Asimismo, la factura eléctrica quedaría reducida en un 15%, ya que a la caldera de biomasa y las placas solares, el proyecto suma una manta térmica para cubrir la piscina mientras no se utiliza - «lo que permite mantener la temperatura del agua de la piscina y evitar volver a calentarla toda cuando se abre», comenta Juan Miguel Burruezo, técnico del Ayuntamiento de Bullas- y unas baterías de condensadores -«unos dispositivos que producen energía reactiva y evitan que la piscina la coja de la red eléctrica, ya que Iberdrola penaliza este consumo», aclara Burruezo, que apunta que el coste actual de la factura eléctrica es de más de 31.000 euros anuales y que disminuiría en un 15%-.

Así, la apuesta por las energías 'verdes' se convierte en una tabla de salvación para las instalaciones deportivas de los municipios, que la reducción de ingresos de los ayuntamientos han puesto en el punto de mira. Además de contribuir al objetivo del Pacto de Alcaldes de reducir las emisiones de efecto invernadero al menos en un 20%.

El Ayuntamiento de Bullas confía en que su proyecto esté funcionando el próximo invierno y que, como el de Beniel, sea un referente para los responsables del resto de municipios de la Región.

 

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