La agricultura del futuro se ensaya en Chuecos

Un almendro florido entre la plantación de aloe vera, uno de los cultivos promisorios, que la Finca de Chuecos tiene junto a la rambla del mismo nombre. /Guillermo Carrión / AGM
Un almendro florido entre la plantación de aloe vera, uno de los cultivos promisorios, que la Finca de Chuecos tiene junto a la rambla del mismo nombre. / Guillermo Carrión / AGM

UMU, UMH, UPCT y los propietarios de la finca promueven la creación de una Fundación y Centro de Investigación para la Sostenibilidad de las Regiones Mediterráneas

Pepa García
PEPA GARCÍA

En la finca de Chuecos (Sierra de Almenara, Águilas), junto a la historia que atesoran el castillo árabe y su aljibe (s. XI) y las presas de piedra seca milenarias que ayudaron a aterrazar el curso intermitente de la rambla del mismo nombre para adecuarla al cultivo; las caleras, algunas de origen romano; y la ermita y el caserío catalogados, en parte, como BIC y fechados en los siglos XVII-XVIII, conviven las últimas tecnologías para una 'autosuficiencia conectada' -agua desalada y energías renovables- y las últimas técnicas para un proyecto piloto que contribuya a mantener productivas las tierras de las regiones mediterráneas en el escenario de cambio climático actual.

El patrimonio histórico, cultural, natural, etnográfico y biológico de 460 hectáreas -«unos 1.000 acres, como Central Park de Nueva York», le gusta recordar a Domingo Jiménez Beltrán, uno de los propietarios- se pone en pleno siglo XXI al servicio de la investigación y del futuro. «La Finca de Chuecos va a ser la sala blanca para experimentar nuevos cultivos o formas de explotación distintas. Un 'experimentarium' de nuevas formas de hacer para el futuro de los territorios semiáridos, para sembrar conocimiento y distribuirlo», resume.

Para ello, desde la Universidad de Murcia (UMU) y la empresa Castillo de Chuecos SL trabajan en la creación de la Fundación (y Centro) para la Sostenibilidad de las Regiones Mediterráneas. Un campo de pruebas de «cultivos promisorios» -como los ha bautizado el catedrático de la UMU José María Egea- con los que los investigadores quieren garantizar el futuro de la agricultura, pese al cambio climático, además de mitigar los efectos del calentamiento, evitar la pérdida de tierra fértil, garantizar los recursos de la población y hacer todo ello compatible con la conservación de la rica biodiversidad de un territorio que Domingo Jiménez Beltrán define como «uno de los mejores de Europa, aunque no de los mejor tratados».

«Sería una locura cerrar las infraestructuras del trasvase que ya existen. El agua ahora baja, pero llegará a subir»

Ya llevan tiempo colaborando con la UMU, mediante convenios coordinados por el profesor Francisco Robledano, y ahora la colaboración se extenderá a la a Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) y la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH). Y después de 16 años trabajando con ahínco han devuelto estas tierras a su mejor estado natural. Ahora apuestan por llevar estos acuerdos un paso más allá, creando una fundación de gestión y propiedad público-privada y que dé estabilidad a esta iniciativa que ya ha empezado a dar sus frutos. «Tras la inversión de 500.000 euros en embalses e instalaciones fotovoltaicas para contar con agua desalada; ahora, hay que destinar un millón en la rehabilitación de las edificaciones y otros 500.000 a caminos e infraestructuras. La idea es crear la fundación con un capital inicial de 30.000 euros y generar proyectos y recursos financieros para adquirir la propiedad de la finca, abordar los proyectos previstos y mantener su funcionalidad», resume.

Fuentes de agua solar

El agua está en el origen de todo. Lo saben los historiadores, los antropólogos, los agricultores y los ganaderos. Y, «si tienes energía renovable, tienes agua renovable, ya que la energía es una parte fundamental de su coste», afirma sin ningún género de dudas Domingo Jiménez Beltrán, quien fuera director de la Agencia Europea del Medio Ambiente y que aboga por obtenerla del mar, aprovechando para ello la energía solar. «El azul del mar con el amarillo del sol da el verde. Eso no significa que se vaya a poder roturar y regar todo: porque no es sostenible, afecta a la cubierta vegetal, al ciclo hidrológico, la biodiversidad, el paisaje,... y ni siquiera se va a vender a precios adecuados. Se trata de repensar lo que se está haciendo para hacerlo mejor», explica de manera gráfica.

Y aprovecha para desmentir una creencia muy extendida: «Se ha transmitido a la población la idea equivocada de que se produce la energía en una planta fotovoltaica y se usa directamente en la planta desaladora. Y no. Lo que se busca es que el sistema de producción fotovoltaica genere la misma energía que consume la desalación (balance neto) en un tiempo distinto, buscando la 'autosuficiencia conectada'», aclara a todos.

Si el déficit hídrico de la Región es, como defiende el sector agroalimentario, de 400 hectómetros, para producirlos a base de desalación se necesitaría una energía equivalente a una planta fotovoltaica de 800 megavatios. Pero, advierte Jiménez Beltrán, «hay que primar las pequeñas o medianas instalaciones para que las fuentes de energía estén distribuidas en los centros de consumo y porque las macroplantas requieren mucho espacio y cambian los usos del suelo». Así resume la estrategia que se debería seguir y que él ya experimenta en su casa, donde con 12,5 kW de placas fotovoltaicas al día genera energía para poder desalar 10 m3, además de hacer frente a sus necesidades energéticas domésticas. «La autosuficiencia conectada no es una utopía, es una realidad».

Los cálculos que los expertos han realizado cifran en unos 50.000 metros cúbicos las necesidades que generará con el cambio climático el secano asistido en la Finca de Chuecos, donde ya hay 1.500 olivos -500 de ellos con más de 300 años, apunta Domingo Jiménez-, y más de 1.000 almendros, todos muy distribuidos. Además de granados, algarrobos, higueras, variedades raras de cítricos -«raras porque han ido desapareciendo», aclara-, y 160 hectáreas de bosque muy bien conservadas, a las que se suman las tres primeras hectáreas de aloe vera -«está todo vendido en crudo a empresas de Francia y Alemania porque es ecológico y de altísima calidad. ¿No ves que aquí nunca se han utilizado químicos?. Ahora se van a ampliar en 7 hectáreas más y tienen marca propia, Atalaya-Bio, en la que se comercializa jugo de aloe vera y limón, geles y jabones»-. También habría que contar con la moringa (ahora solo 100 pimpollos que están sufriendo este seco y tórrido invierno), argán,... y otras especies promisorias.

Hacia el secano asistido

Un cálculo pendiente, constata Jiménez Beltrán, que «nadie ha hecho y que debería hacerse para toda la Comunidad, es el gasto que generará el secano asistido, porque el futuro de las regiones semiáridas del Mediterráneo pasa por un regadío menos intenso, con menores necesidades de agua y con mayor valor añadido, y en pensar en un secano clásico asistido con riego». No en vano, a fecha de hoy en la Región no ha caído gota desde hace casi tres meses y los cultivos de secano pueden perderse irremisiblemente si las nubes no descargan en las próximas semanas. Por eso los expertos en los efectos del calentamiento global tienen claro que mantener la productividad del suelo de las regiones del Mediterráneo pasa por asistir con riego los cultivos de secano (muy adaptados a esta Región, que mantienen el suelo y son extensivos) y seleccionar especies de alto valor nutricional, superalimentos, con escasos requerimientos hídricos y resistentes a las altas temperaturas.

Eso es precisamente lo que ya han empezado a hacer en la Finca de Chuecos y que ahora quieren desarrollar a la enésima potencia. No obstante, deja claro Jiménez Beltrán, no abogan por eliminar las infraestructuras del trasvase. «Sería una locura cerrar las que ya existen. El agua ahora baja, pero llegará a subir», pronostica. «De hecho, por el Guadalentín ya fluye en sentido inverso el agua desalada de Águilas a Lorca y se pueden emplear para lo mismo las instalaciones que ya existen. En parte, ya se están utilizando para el agua desalada», insiste Domingo Jiménez.

Hacia un recurso predecible

Y añade que, entre las ventajas de la generalización del uso de agua desalada con energías renovables, además del abaratamiento del coste de producción y distribución, permitirá, como en el caso de la Finca de Chuecos, que se liberen las aguas que bajan (los caudales naturales, el agua de manantiales y acuíferos) para el entorno natural, incluida la creación de puntos de reproducción de anfibios y humedales que beneficien a la fauna y a la flora. Y, por supuesto, su predictibilidad, una característica que permitiría a los agricultores planificar sobre seguro sus producciones sin depender ni de la lluvia ni de los trasvases, evitándoles el sufrimiento por la incertidumbre actual. «¿Cuánto vale eso?», se pregunta.

Para conseguirlo, Chuecos dispone de una pequeña finca en la Majada del Moro con conexión al sistema de distribución de agua desalada. Allí, una balsa almacena hasta 8.000 m3 que, cuando hace sol, la energía de la estación fotovoltaica de 37 kW bombea automáticamente hasta un segundo embalse. Este, al pie del Castillo de Tébar y construido con Hermisan, propietarios de la finca colindante, tiene una capacidad de 20.000 m3 y una planta de 70 kW, que eleva el agua hasta los 550 m. de altitud, a una balsa por encima de la finca, desde donde se riega por gravedad. «Una vez hecha la inversión, el coste marginal es casi cero», puntualizan Faustino de Andrés y Miguel Ángel González, otros de los propietarios de la finca, que ahora negocian con Iberdrola evacuar la energía sobrante a la red.

«El agua desalada es tan buena, que la puedes empeorar»

Domingo Jiménez Beltrán, experto internacional en protección del medio ambiente, gestión de recursos naturales y desarrollo sostenible, quiere romper otro de los mitos que se han extendido entre la población: El agua desalada no es buena para regar. «El agua desalada es tan buena que la puedes formular, es como el agua embotellada. Yo hace 10 años que solo bebo de esta agua», asegura. Y, ¿por qué entonces se dice que no se puede usar para regar? «Yo la uso para regar algunos cultivos tropicales que necesitan agua de alta calidad y baja salinidad», asegura, aunque generalmente la mezcla para aprovechar aguas de peor calidad. Y admite que, en algunos casos, como «el agua de mar tiene toda la tabla periódica de los elementos, entre ellos el boro, de difícil eliminación, a partir de ciertos niveles perjudica a los cítricos». Pero aclara que ya hay plantas específicas capaces de eliminarlo hasta niveles aceptables. «La desalada es un agua tan buena que la puedes empeorar; es tan pura que se le pueden añadir sales, oligoelementos y minerales, según requiera su uso». Y advierte a los agricultores que deberían valorar el coste de su producción -con energías renovables, eso sí, que reducen un 30% los costes en planta y hasta un 50% incluyendo su distribución-.