Emprender a los 20

Emprender a los 20
FREEPIK

Los jóvenes murcianos tienen madera de emprendedores y lo demuestran con proyectos que generan valor y crean nuevas oportunidades

BENITO MAESTREMurcia

El mercado laboral busca formación y experiencia, dos criterios especialmente contradictorios entre la población más joven. Es interminable el rosario de ofertas de empleo que buscan candidatos mayores de 25 años, aplicando el filtro de la edad sin conceder el beneficio de la oportunidad a quienes cumplen el resto de requisitos. Por suerte, el mundo no acaba aquí y son muchos los murcianos que un día decidieron armarse de valor y poner en marcha sus propios proyectos. Con algo de miedo a fracasar, a perder los ahorros y romper la estabilidad alcanzada, se convirtieron en sus propios jefes y ahora se sacan ellos mismos las castañas del fuego, porque, como dijo el filósofo griego Diógenes el Cínico, 'el movimiento se demuestra andando'.

Desde los 15 años lleva Roberto Lifante al pie del cañón con su primer proyecto empresarial. «Siempre me ha gustado emprender, innovar y desarrollar soluciones que den respuesta a los problemas de las pymes de mi entorno», explica este vecino de Barinas, en Abanilla, que ahora tiene 21 años. Su vocación emprendedora emana del negocio familiar (Mármoles Pedro Lifante) y una formación autodidacta «frente al ordenador desde los 8 años». Igualmente, ha cursado estudios profesionales, asistido a encuentros especializados y dedicado «muchas horas», con la finalidad de seguir en esta carrera de fondo.

Lifante dirige TK Analytics, especializada en consultoría en ingeniería informática, industria 4.0 y robótica industrial tecnológica, y Tecnologyk, dedicada al diseño, impresión y venta de impresoras 3D industriales. Por esta última, un fondo de inversión privado de Estados Unidos intentó comprarla por 4,5 millones de euros en el primer trimestre de este año. Sin embargo, el joven rechazó la propuesta: «Pedían requisitos con los que no estaba conforme». «Mi intención es que la Región de Murcia y, por ende, España sean un referente tecnológico como Silicon Valley», pronostica.

«Si quieres que algo pase, hazlo tú», recomiendan los socios de Feler

A Roberto Lifante, mientras rema en esa dirección, le llueven los reconocimientos. El último lo recibió el pasado junio de manos de la Asociación de Jóvenes Empresarios de la Región de Murcia (AJE) y Bankia, que seleccionaron a Tecnologyk como finalista en la categoría de Mejor Startup, dentro de la XX edición del Premio Joven Empresario del Año 'Héroes 2019'. El jurado valoró su apuesta por la innovación y su acierto al poner en marcha un proyecto viable y con futuro. «Me siento satisfecho a nivel profesional por estar ahí, independientemente del puesto», se sincera.

Su empresa, ubicada en Murcia y con sede también en Miami, prevé abrir nuevos mercados próximamente, en concreto en Francia y China, avalados por la buena acogida que tienen sus soluciones en Estados Unidos. «Espero seguir creciendo, embarcarme en proyectos de más envergadura y convertirlos en referencia», aspira.

«En el mundo de la fotografía se valora la juventud y la frescura», dice Mar Melero

Charo Riquelme demuestra a diario que lo suyo es la hostelería. Lleva detrás de la barra de un bar desde que tiene uso de razón, ya que su familia ha regentado varios negocios, por lo que no resultó extraño que a sus 22 años diera un paso al frente y abriera la cafetería Deluxe en Barinas, hace hoy 9 años. Emprendió con muchas ganas y el público le está respondiendo, tanto que el local se ha convertido en punto de reunión de vecinos y visitantes, que encuentran desde suculentos bocados hasta refrescantes copas.

La barinera abre todas las mañanas las puertas del establecimiento con su contagiosa sonrisa y sentido del humor, y los clientes lo agradecen. Tiene, además, el don de la escucha y la capacidad de adelantarse a las necesidades de su amplia y heterogénea clientela. Por allí pasan desde niños hasta personas mayores, pasando por jóvenes y adultos, siendo 'el bar de la Charo', como lo conocen cariñosamente los más habituales, un lugar con vida, mucha vida.

Las gafas de sol de madera Feler marcaron tendencia hace un lustro y en la actualidad son un complemento imprescindible para la gente aventurera, que le gusta el diseño y valora lo artesano. Detrás de esta marca se encuentran Adolfo Ortiz y Carlos Mellado, dos amigos que de adolescentes soñaban con emprender juntos y hoy, a las puertas de cumplir los 30 años, viven de su sueño. «Cuando estábamos terminando la universidad, decidimos lanzarnos a la piscina, pero nos dimos cuenta que era al océano, porque lo hicimos sin desarrollar ningún modelo de negocio ni siquiera teníamos idea de fabricar gafas. Fuimos unos kamikazes, ya que teníamos esa inconsciencia soñadora de querer triunfar pronto por el simple hecho de visualizar el proyecto en nuestra cabeza», confiesan.

Los inicios, como todo en la vida, no fueron nada fáciles. Su primer taller lo abrieron en septiembre de 2012 en una antigua azucarera de Granada, donde Ortiz estudiaba la carrera de Arquitectura. «El primer mes nos fundimos el 80% del presupuesto con la compra de la maquinaria», recuerdan, y durante el siguiente año estuvieron investigando para desarrollar el modelo definitivo. En total, realizaron casi 200 pruebas, y los primeros diseños salieron al mercado a finales de 2013.

Ya en la Región, su primer baño de masas lo recibieron en marzo de 2014, con motivo de la celebración de la Murcia Fashion Week, donde vendieron todo el muestrario de su 'stand'. «Tuvimos que trabajar esos días hasta las dos de la madrugada para tener nuevas gafas a las mañanas siguientes. Alucinamos cuando vimos la respuesta del público», afirman.

A los pocos años, el negocio dio un salto cualitativo y cuantitativo, fruto de su aprendizaje continuo a base de ensayo y error, planes estratégicos de actuación y visitas a las ferias internacionales más importantes del sector (París, Milán, Hong Kong, Nueva York...). Asimismo, pusieron en marcha AC Optical Group, un proyecto empresarial que engloba todas las marcas y líneas de su gama, compuesta por nuevos materiales, modelos y públicos.

En 2018, tras seis años confiando de manera empedernida en su sueño, Adolfo y Carlos por fin comenzaron a cobrar un sueldo. «Ahora valoramos más el dinero porque sabemos lo que cuesta cada euro ganado», insisten. Precisamente, la empresa facturó el pasado ejercicio 400.000 euros y vendió entre 2.000-2.500 gafas mensuales, lo que ha permitido invertir para mejorar el funcionamiento interno, con el sistema ERP, una web B2B para profesionales ópticos (verá la luz en las siguientes semanas) y la fabricación de lentes (próximamente). «Si quieres que algo pase, hazlo tú», se repiten.

Bajo el lema 'Inmortalizamos momentos, creamos recuerdos', el equipo de La Pajarita Roja capta las miradas, sonrisas, gestos, emociones, complicidad... de los novios, los niños y niñas de primera comunión y demás modelos. María del Mar Melero fundó esta empresa de fotografía y videografía el pasado noviembre, con 24 años, junto a su socio Juan Carlos Martínez, y hasta el momento el resultado es «bastante positivo». «Estamos muy contentos porque no nos esperábamos que la gente respondiera tan bien», asegura la joven, al tiempo que subraya que «ver las caras de felicidad de mis clientes no tiene precio».

Melero es de Elche y en la actualidad vive en Murcia por amor. Es más, la mayoría de sus clientes son de la Región y la provincia de Alicante. Estudió Periodismo en la Universidad Miguel Hernández y tras ejercer como redactora y 'community manager', empleos que «no me llenaban del todo», decidió sacarse «la espinita» de grabar vídeos (Martínez, de 32 años, se encarga de hacer las fotos) creando La Pajarita Roja, el «proyecto que más me ilusiona», reconoce.

No obstante, la ilicitana aplica sus conocimientos de comunicación para generar valor: «Intento contar la historia de cada persona preguntando y repreguntando hasta sacar lo mejor de sí misma», afirma.

Cercana, con desparpajo y volcada en su negocio, Melero sostiene que «en esta industria se valora la juventud y la frescura», así como el emprendimiento, que en su caso se trata de una experiencia satisfactoria: «Me gusta marcarme mis propios objetivos y horarios, y que ningún jefe me guíe ni riña. En La Pajarita Roja solo hay amor». De hecho, la buena sintonía entre los dos socios, dice, se refleja en el trabajo final. «Hemos congeniado muy bien y ya considero a Juan Carlos de mi familia. Somos una piña y ante las dificultades no nos venimos abajo, sino que nos fortalecemos», predica.