Cafés Bernal, experiencia y emociones

Francisco Bernal, en el tostadero de la firma ubicado en el polígono Cabezo Beaza. /
Francisco Bernal, en el tostadero de la firma ubicado en el polígono Cabezo Beaza.

El tostadero pone en valor la parte artesanal, social, ecológica, natural y profesional del producto

S. BAÑOS. CARTAGENA

La evolución de Cafés Bernal en Cartagena y en toda la Región es un ejemplo claro del éxito de la especialización y de la diferenciación. Francisco Bernal pasó de tostar café y otros frutos secos en su ultramarino de la Plaza Castellini en los años 60 a poseer su propio tostadero y crear su propia marca en 1974, ya en su tradicional ubicación en Ciudad Jardín.

Comprar, tostar, moler, empaquetar, vender en tienda para casas, comercializar en hostelería... Todo el trabajo recaía en esta pequeña empresa familiar en la que la actual generación que regenta Cafés Bernal creció con el aroma del buen grano tostado, aprendiendo y entendiendo el valor de esta bebida de forma natural.

Desde 1994, Cafés Bernal cuenta con una nave de 1.500 metros cuadrados que concentraba un tostadero de 140 kilogramos, el almacén y la tienda, hasta que en 2014 comenzó a fraguarse el concepto de Café Lab como máxima evolución de la firma y una puesta en valor del café en la comarca.

A pesar de las modernas instalaciones y del automatizado de algunos procesos del tostadero, Cafés Bernal sigue buscando el punto de tueste de manera manual, lo que le aporta un toque artesanal y personalizado a su producto. Con esta cata de la muestra, los expertos logran conjugar las mejores características de cada grano, combinando cuerpo, aroma y acidez ya sea de cafés de diferente procedencia o con un mismo origen, lo que ellos llaman: 'single origin blend'.

El tostadero cartagenero trabaja únicamente con la variedad arábica recién llegada de los mejores campos de cultivo de Colombia, Brasil, Costa Rica, Guatemala, Kenya o Etiopía, entre otros. Sacos de café que se tuestan todas las semanas con el objetivo de que el producto servido a empresas hosteleras o al consumidor final sea fresco y recién hecho, manteniendo así la calidad del grano y su aroma.

Y para reforzar aún más la especialidad y la personalización del tostadero y de su producto, Cafés Bernal ha dado un paso más en la importación y sólo compra directamente al caficultor, apostando así por un mayor conocimiento e información técnica del producto, mayor calidad y frescura del grano, más sostenibilidad medioambiental y económica -comercio justo- y un valor emocional que nace del vínculo con el agricultor y la plena consciencia del trabajo, el esfuerzo, la energía y la ilusión que hay detrás de cada grano de café y, como consecuencia, de cada taza.

De esta forma, Cafés Bernal aúna la parte artesanal, social, ecológica, natural y profesional de café, todo bien recogido por la experiencia de la especialización y los años, así como por la emoción y el sentimiento de hacer cultura del café en un país donde este producto sólo se bebía pero se desconocía.

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