La Colegiala, el espíritu de una firma que reivindica la panadería artesana y con valores

Interior de uno de los establecimientos de La Colegiala. Debajo, producto artesanal expuesto en los mostradores. VICSORIANO/
Interior de uno de los establecimientos de La Colegiala. Debajo, producto artesanal expuesto en los mostradores. VICSORIANO

S. TRIGUERO. MURCIA

El emprendedor murciano tiene muchos espejos en los que mirarse. Uno de ellos es La Colegiala, cuyo modelo empresarial, moldeado a fuego lento, ha logrado que la marca se convierta en referente y ejemplo a seguir. Pero para entender su éxito hay que conocer necesariamente todo el proceso, toda su historia, comenzando por el hecho de que La Colegiala naciera de la relación amor-odio de un panadero, Manuel Baños Garre, hacia un oficio que aprendió de niño. Chocó de lleno con su dureza, sus interminables horas de trabajo, muchas de ellas nocturnas, las dificultades de organización... y todo ello le llevó a cambiar de oficio cuando creció, para crear una empresa de electrónica. Sin embargo, su empatía con los clientes le hacía no saber cobrar por el trabajo realizado y el negocio le llevó a la ruina.

Sin dinero y sin recursos, volvió a la panadería, pero lo hizo de una forma diferente. Su carácter emprendedor le llevó a hacer rosquillas integrales «largas y feas, pero diferentes». Corrían los años ochenta y aún nadie conocía el concepto 'integral' y mucho menos lo relacionaban con una dieta saludable. De hecho, muchas personas de su entorno le decían: «Manuel, te vuelves a equivocar».

Pero la constancia se convirtió en su mayor aliado y fue dando forma a un catálogo de productos claramente diferenciados (pan natural, pan de cereales...) con el que empezaría a conocerse La Colegiala. Y así fue creciendo su cartera de clientes, desde otras panaderías, a tiendas de dietética o supermercados. Todos valoraban la calidad del producto y, sin embargo, el inconformismo de Manuel le llevó a poner una tienda de productos exclusivos de La Colegiala donde «se reivindicara el carácter artesanal del producto». Así nacieron las tiendas de La Colegiala, que no tardaron en crecer en número.

Porque, sin duda, el rasgo característico y diferenciador de La Colegiala es que la integran panaderos artesanos y con valores, comenzando por el respeto a la profesión; la responsabilidad que garantiza la fabricación y distribución de productos de primera necesidad y siempre sanos; la sostenibilidad; o la solidaridad. Manuel supo trasladar esos valores a toda la empresa, contagiar de ilusión a quienes forman parte de este proyecto hecho realidad.

Actualmente La Colegiala cuenta con 40 establecimientos repartidos por las provincias de Murcia y Alicante. El último salto se dio con la presentación de la franquicia, todo ello englobado en un plan de expansión nacional que se traducirá en la apertura de nuevas tiendas en Valencia y Madrid este mismo año.

Proyectos de expansión tan ambiciosos como el que la dirección de La Colegiala ha puesto en marcha requieren de financiación, y ésta la ha encontrado en BBVA. «Son muchas las entidades que han querido o estudiado nuestro plan de expansión, pero BBVA, lo vio claro desde el principio, creyó en nosotros. No todas las entidades financieras creen en un proyecto, ellos lo han hecho», se asegura desde la firma, que califica como «fundamental» la aportación de la entidad, incluyendo el asesoramiento. «Una de las cosas que más nos ha ayudado es el factor humano, esa persona que te escucha y que te entiende, y que hemos tenido la suerte de encontrar en una joven directora, de una oficina del BBVA en Santomera, una persona que nos quiere ver crecer y crecer con nosotros», reiteran.

Tener los pies en el suelo ha ayudado a que La Colegiala crezca sin prisa pero sin pausa. De hecho, las primeras peticiones externas para convertirse en franquicia llegaron hacen 18 años.

Aproximadamente, en la apertura de la tienda número 25 se le dio a dos dependientas la oportunidad de tener tienda propia y así nació la franquicia. «Desde entonces se ha ido creando un sistema en el que se ha invertido mucho tiempo y trabajo porque si somos artesanos responsables también tenemos que ser franquiciadores responsables».

Entre los secretos del éxito de La Colegiala está saber guardar la esencia de la tienda original, mantener su espíritu, algo que han logrado con formación. «Nadie que trabaje en esta empresa o que tenga una franquicia, se salva de pasar todo los procesos de formación, inicial y continuada. Solo cuando estamos seguros de que los valores están seguros, solo en ese momento, podemos 'dejar' en buenas manos el nombre de La Colegiala», dicen.