«Mis vecinos me enseñaron a no odiar a nadie y a sufrir sin rencor»

Ignacio Ramos posa con su último libro. / L. PALOMARES
Ignacio Ramos posa con su último libro. / L. PALOMARES

Ignacio Ramos es periodista y escritor

MARIELA FASOLI

Nacido en Barranda (Caravaca de la Cruz) en 1936, Ignacio Ramos estudió Periodismo en Madrid. Fue redactor en 'La Verdad' y pasó luego a 'El Alcázar', de donde salió con el equipo fundador de 'Nuevo Diario' (Madrid). En este periódico ejerció de jefe de reporteros, redactor jefe, subdirector y director en funciones. Se incorporó después a 'ABC', y fue jefe de Información en la revista 'La Actualidad Español' y subdirector en 'Época'. En su faceta de escritor ha publicado novelas como 'La hermosa y dura tierra' y 'Última siega de Nazario Sánchez'. Su último libro se titula 'El hombre de la penicilina y otros relatos' (La Fea Burguesía, 2019), que se presentará el 23 de agosto en Barranda.

-¿De qué trata 'El hombre de la penicilina y otros relatos'?

-Es una serie de relatos sobre mis vivencias de los años durísimos de la postguerra en los campos de Caravaca de la Cruz, que yo diría que es una de las zonas más deprimidas de Murcia. Precisamente por ser una zona de estas características no le prestamos atención ni los de aquí, y creo que había algunas cosas que merecía la pena contar. El libro consta de nueve relatos cortos y uno más largo y novelado, el del hombre de la penicilina. Son relatos de gente corriente que lo pasa mal y tiene sus problemas, al igual que los tienen los que viven en la ciudad, pero más hondos y sufridos, aunque sufren sin rencor, una idea que me atraía.

-¿Por qué llama a uno de los personajes 'el hombre de la penicilina'?

-Porque es un médico joven al que le encargan un tratamiento con penicilina, que era una especie de remedio para todo en la postguerra. Este personaje es el encargado de curar de una septicemia a una mujer que estaba aislada en la sierra. La historia cuenta la lucha del joven por llegar hasta la paciente.

-¿Por qué cree que pocos escritores cuentan historias de los aldeanos que pueblan su libro?

-Porque no vende. Las editoriales tienden a hacer negocio; son empresas, y las empresas van buscando el dinero. Es difícil coger un buen libro, bien escrito, que no se meta con nadie y cuente verdades sin rencor. El no ser estridente se paga con silencios.

-¿Qué aprendió de los aldeanos?

-En primer lugar, a no odiar a nadie. Los procedimientos humanos siempre tienen un motivo, aunque sea descabellado y no tenga justificación. También me enseñaron a sufrir sin rencor al ver que eran capaces de aceptar las situaciones difíciles que les tocaba vivir. La adversidad a veces viene sin motivo, y no hay que rechazarla echándole la culpa a alguien.

-¿Cómo ha cambiado Murcia desde la mitad del siglo XX, donde se sitúan sus personajes, hasta ahora?

-Mucho, sobre todo en Barranda. En esa época el problema de las personas era subsistir, sacar a sus hijos adelante sin otra pretensión. Ahora la pretensión es mejorar, que sus vástagos estudien. Esa mentalidad distinta está en la raíz de muchos cambios. Por ejemplo, al tener ahora las familias esas pretensiones y más inquietudes, se van a ciudades más importantes donde sus hijos puedan tener un mejor porvenir, y en las aldeas no queda nadie.

-¿Cómo se podría solucionar este problema?

-Instalando en los pueblos industrias y colegios y comunicando bien estas aldeas con otros sitios. De esta manera, podríamos convencer a la gente de que volviese porque habrían puestos de trabajo aquí.

-Antes de ser escritor, fue periodista en varios diarios y revistas. ¿Cómo vivió esa época, tan distinta a la actual?

-Esa época para mí fue hermosa. Por aquel entonces nos inculcaban que había que darle al lector todos los datos para que él los juzgara. Por otro lado, ahora hay muchas presiones económicas y políticas y hay ciertas cosas que no se pueden decir. Nuestra profesión es libertad, y cuando la menoscaban te cortan las alas. No se puede ejercer el periodismo sin ser libre.