«Los murcianos teníamos que estar aquí»

Cientos de fieles de la Región vivieron un «día histórico e inolvidable» en el corazón de la Cristiandad. «Cuando nombraron a Juan Pablo II, yo estaba soltero; cuando él murió, ya era abuelo», recuerda Pedro López, encantado con la experiencia vivida

N. S.MURCIA.
Un grupo murciano de fieles y de sacerdotes jóvenes, ayer en Roma para asistir a la canonización de Juan XXIII y de Juan Pablo II./
Un grupo murciano de fieles y de sacerdotes jóvenes, ayer en Roma para asistir a la canonización de Juan XXIII y de Juan Pablo II.

Cuando las vallas de seguridad para acceder a la Plaza de San Pedro se abrieron ayer, a partir de las 05.30 horas de la madrugada, para que los peregrinos pudiesen acceder a la ceremonia de canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, que estuvo presidida por el Papa Francisco y que contó como concelebrante de 'lujo' con el Papa Emérito Benedicto XVI, cientos de fieles murcianos, procedentes de todos los puntos de la Región, ya estaban preparados para vivir lo que, sin duda, fue una jornada histórica que aunó Historia, fe, belleza, espectáculo y compromiso.

Peregrinos de parroquias de toda la Diócesis de Cartagena -de la iglesia murciana de San Bartolomé se desplazaron más de 150 personas-, vivieron en vivo una jornada seguida con enorme interés en todo el mundo. Y entre los murcianos presentes en una Roma que hervía de tantos ríos de gente como llenaban sus calles y plazas, se encontraban los jóvenes que acudieron convocados por la Delegación de Pastoral Juvenil. Partieron el miércoles desde Murcia en dos autobuses, acompañados por siete sacerdotes y una religiosa. Cien jóvenes que, en buena parte, pudieron seguir la ceremonia desde la misma Via de la Conciliazione, que acaba en San Pedro, lo cual es mucho en una ciudad que estaba prácticamente intransitable y convertida, ayer más que nunca, en centro vivo de la cristiandad. Varios de los sacerdotes murcianos que los acompañaron pudieron repartir la comunión en la Plaza de San Pedro.

El sacerdote Antonio Carpena, de 28 años de edad, desbordaba un entusiasmo contagioso ayer, ya de regreso a Murcia. Y eso que estaba, como todos, «reventado e intentado descansar en el autobús». Tenía la sensación de volver con la fe aún más fortalizada y las 'pilas' cargadas «por la luz que desprenden dos vidas que son un ejemplo a seguir: la de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II». «En que yo sea sea sacerdote influyó mucho la figura de Juan Pablo II, así es que imagínese lo feliz que estoy», señalaba. «Juan XXIII se conoce menos, pero también fue un gran hombre de Dios que trajo a la Iglesia aires nuevos con el Concilio Vaticano II», añadía sonriente.

«El sábado por la noche lo pasamos durmiendo cerca de la Vía de la Conziliacione para que, en cuanto abrieran los accesos, ocupar un puesto lo más cercano posible del Papa Francisco y de una televisión», precisa el joven sacerdote.

También estaba feliz, y de muy buen humor, Pedro López, quien con otro grupo de fieles murcianos, y aprovechando los días de Fiesta de Primavera, partieron para Italia el domingo pasado, tras la Vigilia Pascual, y pudieron visitar, antes de la ceremonia de ayer, lugares tan especiales como Asís. «Desde el punto de vista histórico, lo que hemos vivido no había ocurrido jamás: el nombre de cuatro Papas juntos en un mismo acontecimiento», indicaba. «La repercusión que las vidas de Juan XXIII y de Juan Pablo II han tenido, y no solo en la Iglesia, sino en toda la sociedad, es impresionante. Han ayudado mucho a ambas, porque la Iglesia siempre está pendiente de la sociedad para calmarla de sus penas, para atender a sus dificultades, para hacerla mejor en todos los sentidos», indica.

«La Humanidad ha cambiado gracias a la intervención de estos dos Papas», dice antes de reconocer que «pensábamos que el acontemiento se iba a deslucir un poco con las previsiones que había de lluvia; pero nada, ha salido todo muy bien, gracias a Dios». Pedro López, 59 años de edad, recuerda que «cuando nombraron a Juan Pablo II, yo estaba soltero; cuando él murió, ya era abuelo».

Otros muchos peregrinos murcianos viajaron por libre a Roma. Es el caso de la familia de José Luis Mendoza -presidente de la UCAM y uno de los laicos más influyentes en el Vaticano-, quien mantuvo una estrecha relación con Juan Pablo II y llegó a fraguar una cariñosa amistad con su sucesor, Benedicto XVI, quien en noviembre de 2002, cuando era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, visitó la universidad privada murciana para presidir el Congreso de Cristología.

Junto a José Luis Mendoza y a su mujer, María Dolores García, viajaron sus 14 hijos y otros parientes próximos -entre ellos, su hermano Vicente y su familia-, hasta alcanzar la cifra de 27. Fue para todos ellos un día de júbilo, de alabanza, de esperanza y de recuerdos entrañables.

En declaraciones a los medios de comunicación, María Mendoza mostró así su alegría: «Estaba esperando a que se publicara la fecha oficial de la canonización para empezar a organizar el viaje. Juan Pablo II fue un Papa muy querido por nosotros; nos recibió a todos mis hermanos en Roma, en el año 2000, y fue él mismo el que nos mandó de misiones a Republica Dominicana durante tres años».

La Región de Murcia, ayer, también estuvo presente en Roma. Una ciudad que contemplaron resplandeciente, pero con el rostro cambiado por la singularidad de la gran fiesta vivida en el corazón de la Cristiandad, los alumnos de 4º de la ESO del Colegio Madre de Dios de Lorca, de viaje de estudios en Italia. Llamaron a sus familias encantados, nerviosos, fascinados y sabiéndose partícipes, aunque muy, muy... alejados de conseguir un buen sitio junto a la Plaza de San Pedro, de un evento tan extraño como deslumbrante. Un evento que tampoco se perdió Lucía Morote, de 21 años de edad y enfermera de profesión. «Los murcianos teníamos que estar hoy aquí. Por Juan Pablo II, ¡todo!», decía, eso sí, «muerta de sueño, pero de dormir ya habrá tiempo».