Un juez dicta que la mujer que deja el hogar conyugal no puede volver cuando quiera

El exmarido cambió la cerradura porque ella, que se marchó a Moratalla con el hijo común, entraba a hurtadillas a la vivienda y se llevaba cosas

EFEMURCIA.

La mujer que deja la vivienda familiar cuando se encuentra en trámite de separación y se va a vivir con el hijo común de la pareja a otro municipio no puede pretender volver a entrar en aquélla cada vez que quiera, según se recoge en una sentencia recientemente dictada por la Audiencia Provincial de Murcia.

La sentencia desestima así el recurso que una mujer presentó contra el fallo de un Juzgado de lo Penal de Murcia que absolvió a su exmarido, al que había denunciado por un delito de coacciones en el ámbito familiar, por haber cambiado la cerradura de la casa que había sido el domicilio conyugal antes de la separación de la pareja. La casa motivo de la discordia entre la pareja se encuentra ubicada en Murcia.

Indica el tribunal que el Juzgado declaró probado que la apelante presentó la denuncia asegurando que su exesposo le había impedido entrar en la vivienda familiar al cambiar la cerradura, quejándose además de que el hombre se opuso a que el hijo de ambos celebrara en el interior de la casa su fiesta de cumpleaños. La sentencia, ahora confirmada por la Audiencia Provincial Murcia, dejó constancia también de que el cambio de la cerradura se produjo después de que la mujer denunciante se fuera a vivir con el pequeño al municipio de Moratalla, donde alquiló una casa e incluso matriculó al pequeño en un colegio de aquella población.

El Juzgado recogía también que el exmarido tomó la decisión de cambiar la cerradura de la vivienda al comprobar que ella seguía entrando a hurtadillas en la casa y que estaban desapareciendo cosas mientras aún se hallaba pendiente la disolución de la sociedad de gananciales.

Por otra parte, el tribunal consideró justificada la decisión de no permitir la celebración del cumpleaños del menor en la vivienda, ya que trataba con ello de evitar confrontraciones «inevitables» con la madre, ya que se encontraban pocos días antes de la celebración de la vista civil.

La Audiencia Provincial, con ponencia del magistrado Álvaro Castaño-Penalva, comenta que «consta acreditado que la denunciante había cambiado, de modo real, efectivo y definitivo -y no de forma meramente transitoria- de morada, como se revela con su marcha a otra ciudad, el arrendamiento de una vivienda y la matriculación del hijo común en un nuevo colegio» de ese municipio.

Ponerse de acuerdo

La Audiencia Provincial añade en su auto que «al ser el denunciado el único inquilino de la vivienda familiar, en él, en exclusiva, residía el derecho a decidir quién entraba en su morada e invadía su intimidad, y ello, incluso en contra de la persona que la había compartido tiempo atrás y era cotitular de la misma».

La sala concluye que «a lo anterior podría oponerse que el derecho del denunciado no le autoriza a impedir a su excompañera la retirada de objetos propios, lo que es cierto, pero no lo es menos que ello no permite que esta última pueda hacerlo cuando quiera, sino que debe ponerse de acuerdo con él y fijar el momento en que ha de llevarse a efecto».