El Valle, a ras de suelo

Itinerario en busca de la exuberancia visual y aromática de las orquídeas de El Valle

Espejo de Venus en flor, 'Ophrys speculum'./
Espejo de Venus en flor, 'Ophrys speculum'.

Pese a que las temperaturas, mediado marzo, se aproximan ya a las que se dan en el inicio del verano y las alergias atacan, este año la primavera se hace esperar. Las flores más madrugadoras no han encontrado en el seco invierno el ambiente propicio para lanzarse a florecer. Y las orquídeas, que empiezan a estallar en diciembre por estas latitudes, no han respondido de forma distinta. Así que se baten a duelo con el terreno para garantizar su supervivencia de cara al próximo invierno.

La idea es visitar y observar de cerca las poblaciones de las cinco especies que colonizan el periurbano parque de El Valle y lo hacemos de la mano de uno de sus más profundos conocedores, José Antonio López Espinosa, un loco amante de las diferentes variedades de estas flores y buscador de rarezas, como híbridos o ejemplares hipocromáticos, las 'albinas' entre las orquídeas.

Quizá las someras lluvias de esta última semana hayan servido para dar un empujón a las que no habían podido todavía florecer y dedicaban todas sus fuerzas a generar el bulbo que les garantice volver a brotar, con suerte, el próximo otoño. Si es así, deben buscar el Espejo de Venus ('Ophrys Speculum'), la especie de floración más tardía de este territorio y una de las tres mejor adaptadas a él, que escoge las bolsas de tierra que cubren enormes losas de piedra, principalmente en los claros de las pinadas.

Precisamente en este escenario encontramos, tras el Vivero Forestal de El Valle y junto a la pista que sube hasta el Centro Ecuestre, una amplia colonia de esta especie: al menos 150 ejemplares se arremolinan en apenas un metro cuadrado. Muchas han renunciado a florecer y ya han dado consistencia a su futuro bulbo. Otras, más osadas, han echado la flor a ras de tierra, ahorrando energía en prolongar su tallo. Las más temerarias lanzaron el tallo, tan falto de turgencia por la escasez de agua que han acabado acostadas a ras de suelo. Pese al desesperanzador panorama, nos vamos con la satisfacción de ver alguna de las orquídeas en óptimas condiciones, con su brillante y especular labelo de tonos azul plúmbeo y con la esperanza de que la próxima temporada vuelvan a florecer en plenas facultades. Sea como fuere, merece la pena echar cuerpo a tierra y observar de cerca este prodigio de la naturaleza (por escaso que sea esta temporada), que la mitología atribuye a 'Orchis', el hijo de una ninfa y un sátiro que osó, embriagado por el licor de Baco, yacer con una sacerdotisa. El castigo de los dioses fue la muerte, pero el dolor de sus padres y la petición de clemencia fueron escuchados y finalmente transformaron a 'Orchis' -significa testículo en griego, que es la forma aparente de los dos bulbos con los que llega a contar- en una flor que debería ser objeto de seducción para siempre de los hombres.

Propiedades afrodisíacas

Y lo es, pero también de los insectos. No hay más que acercarse a ellas para comprender la estrategia que emplean para poder ser polinizadas. Viendo el Espejo de Venus, se entiende a la primera que las abejas quieran copular con la flor, puestas sobre su labelo, perfectamente confundible con un insecto. De hecho, cuentan los especialistas que cada orquídea dispone de su polinizador especialista.

La segunda especie que visitamos es la 'Ophrys tenthredinifera'. Apenas hay que andar unos centenares de metros para llegar junto a una abundante colonia. De sépalos rosáceos y ondulado labelo verdinegro, es la segunda especie en florecer (en torno a febrero) de las presentes en el parque murciano. Su apariencia no es exuberante pero en la umbría de la pinada, sobre una alfombra de raquítico musgo, crece una amplia colonia, en parte mordida por los conejos que no encuentran otros brotes tiernos para alimentarse. Y junto a ellas, la 'Ophrys fusca', la más madrugadora a la hora de lucir palmito y cuya floración se prolonga hasta mediados de marzo. Quizá los conejos, que no acostumbran a comérselas, ante la falta de brotes verdes no hayan tenido más remedio y quizá, como muchos humanos a lo largo de la existencia, hayan descubierto que sus propiedades afrodisíacas no son otro cuento.

No nos resistimos a irnos de El Valle sin buscar las cinco especies que lo pueblan, así que, bajo el eremitorio de la Luz, sobre el que en 2003 se encontró el primer ejemplar de 'Barlia robertiana', vamos en busca de la orquídea gigante. Esta sí, más exótica, es, de las especies de orquídea europea, la más grande. Con pétalos de colores morados y rosáceos, las flores levantan varios palmos del suelo y no hay más que acercarse a la umbría del eremitorio para admirarlas por decenas. De gran tamaño, si acercan sus narices a las flores podrán disfrutar de su fragante aroma, otras de las cualidades por las que siempre han sido codiciadas por el hombre estas flores.

El último punto para la visita es la Umbría de los Lages, una zona cercana a unas minas de origen romano y que se separa apenas tres centenares de metros de las viviendas. En esa ladera empinada y cubierta de vegetación herbácea crece la 'Orchis collina', quizá la colonia más numerosa de esta especie en las sierras prelitorales, aunque también está poblada por ejemplares de 'Barlia robertiana'. Por desgracia, los animales del monte se nos han adelantado y han devorado casi todas las pocas flores que han encontrado las fuerzas suficientes para crecer y nos han dejado sin el objeto de deseo de esta grata jornada de 'caza fotográfica'.