El Museo Gaya rescata los 'poemas en prosa' de María Cegarra

La obra poética de la autora unionense protagoniza este viernes el Día Mundial de la Poesía

PEDRO SOLERMURCIA.
Una de las últimas fotografías de María Cegarra. :: LA VERDAD/
Una de las últimas fotografías de María Cegarra. :: LA VERDAD

Aquellos «poemas en prosa» eran «una rica aportación de los mejores entre los hasta hoy señalados por la crítica», afirmaba el escritor y crítico literario Benjamín Jarnés, en octubre de 1935, en el periódico argentino 'La Nación'. Y Andrés Bolarín, en 'La Región', de Murcia, aseguraba que eran «páginas esmaltadas de prosas breves, sutiles, transparentes como cristales, formando maravillosas figuras de una geometría complicada». Ambos se referían a 'Cristales míos', el primer libro publicado por María Cegarra, la poetisa de La Unión sobre quien la cartagenera Carmen Conde afirmaba que «entre los alambiques y matraces, escribe cuartillas con poemas; con poemas magníficamente logrados».

Con estos 'poemas en prosa', tan magníficamente logrados, se iniciará este viernes el Día Mundial de la Poesía, del que el Museo Ramón Gaya se responsabiliza por tercer año consecutivo. Desde las diez de la mañana, a la diez de la noche -doce horas ininterrumpidas- serán cerca de doscientos ciudadanos, de toda índole, profesión y categoría social, los que participen en el rescate de los versos de esta exquisita poetisa unionense. Desde muy joven, con sus recitales, se implicó en las manifestaciones literarias que, principalmente, se celebraban en su pueblo natal y en la cercana Cartagena. Pero también fueron los medios de comunicación de la época, sobre todo en los años treinta del pasado siglo, un reflejo constante de su creatividad poética, porque María Cegarra había sabido «captar lo pequeño y lo grande, lo que es instinto y lo que se presenta como una idea en el tumulto universal». Lo escribía el crítico Manuel Bueno en el diario 'ABC' en julio de 1935.

Las citas precedentes denotan que, aunque María Cegarra dejó pasar su vida prácticamente recluida en su pueblo natal, sus versos sí habían cruzado fronteras y habían acaparado la atención y los elogios de notorios críticos del momento. Ernesto Jiménez Caballero, en un delicioso y extenso prólogo -en el que se recrea en los versos y en su autora, pero también en todo el ambiente popular y social que por entonces se vivía en La Unión, ya afirmaba que le parecía mentira que un libro tan breve, tan casi inexistente, «pudiera encerrar en sus fórmulas epigramáticas, matemáticas, concisas, tanto ardor por lo misterioso». Pero era un libro escrito por María Cegarra, una mujer que, de algún modo, vivió rodeada de misterio. El propio Jiménez Caballero se preguntaba: «¿Quién es esta María Cegarra?».

Sobre la poetisa unionense nacida en 1903 -aunque hay quien remonta su edad a 1898- influyó siempre la pena sentida por la muerte, en 1928, de su hermano Andrés, entusiasta y reconocido escritor en aquellos años. En el suplemento extraordinario de 'La Verdad' del 1 de enero de 1932, en un bello y sensible poema titulado 'El hermano ausente', María expresaba su ansia por el reencuentro: «Si supiéramos que podríamos encontrarte recorreríamos el mundo».

Amistad con Carmen Conde

Confesaba María Cegarra que sus inicios poéticos se debieron a su amistad con Carmen Conde y su marido, Antonio Oliver, quienes, tras leer algunos poemas sueltos, le expresaron las posibilidades que entrañaba su poesía. Su posterior producción literaria, convertida en libros, fue más bien reducida. Tras 'Cristales míos' verían la luz 'Desvaríos y formulas' y 'Poemas para un silencio'. Los poemas de 'Cristales míos' fueron apareciendo, principalmente, en la 'Página para la mujer' y en la de 'Arte y Letras', de 'La Verdad', entre 1930 y 1934. Su producción narrativa y poética también vería la luz, con menos insistencia, en revistas y otros periódicos de la época como 'El Liberal', 'Levante Agrario' y 'La Región'.

La leyenda de su presunta relación amorosa con Miguel Hernández era un tema sobre el que María Cegarra siempre hablaba con una sombra de duda. Afirmaba que había sido «una relación muy breve la que tuvimos allá por el año 35. Miguel venía por aquí algunas veces y simpatizamos. Cuando escribió 'El rayo que no cesa', me traía los primeros versos del que luego fue un libro y me lo dedicó a mí. Yo lo recuerdo con mucho cariño. Luego se fue a Madrid. Y desde allí me mandó algunas cartas», a las que, prácticamente, nunca quiso dar publicidad, «porque se podría considerar como una búsqueda de renombre para mí, amparándome en el prestigio de Miguel».

Su relación con el poeta oriolano pudo ser una mezcla de realidad y leyenda. También se consideraba una gran amiga de Ramón Sijé, a quien dedicó un emocionante artículo, el 25 de enero de 1936, en 'Levante Agrario'.

María Cegarra fue la primera mujer nacida en España que alcanzó el título de licenciada en Ciencias Químicas. Alternó su trabajo en el laboratorio, que instaló en La Unión, «dedicado especialmente a los análisis de minerales y productos industriales», con el que montaría en Cartagena; pero también daba clases como profesora en la Escuela de Peritos Industriales y en otros centros de formación y bachillerato de la ciudad. Su relación, durante los años treinta, con la Universidad Popular, junto a Carmen Conde y Antonio Oliver, no la implicaron, pese a leves roces, con una ideología de izquierdas. Confesaba que su deseo era que reinase la paz. Tras la guerra civil fue concejal de La Unión, en los años cincuenta, y delegada de la Sección Femenina.

Siempre confesó que sus poemas eran, «más bellos o menos bellos», las respuestas a las emociones vividas en cada momento. «Yo escribo para mí y para nadie más», aseguraba, «yo no tengo vanidad». Y debía ser así, porque le parecía inconcebible pertenecer a cualquier academia: «Eso nunca me puede llegar a mí, ni soñando». Sí le llegó que, en 1978, recibiera el premio 'Rosa de Plata', y que el instituto de La Unión lleve su nombre. En él sería acogido su cuerpo, tras su muerte, el 26 de marzo de 1993.

María Cegarra falleció en Murcia, aunque su deseo de siempre había sido morir «en la Unión, junto a las minas, con un rumor de mar a mi costado». Con ella se iba «la poetisa más interesante de la Región. Sus versos son íntimos, emocionados e intensos», afirmaba el también poeta Francisco Sánchez Bautista. Y, como escribió Asensio Sáez, entrañable escritor y artista unionense, «con la muerte de María Cegarra se cierra un importante capítulo de la poesía murciana». Ese capítulo hoy vuelve a abrirse en la murciana Plaza de Santa Catalina, con el recuerdo de María y la lectura de sus breves, pero exquisitos, 'poemas en prosa'.

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