«Lucho por hacer lo que me da la gana»

«Tengo previsto seguir combatiendo la oficialidad», dice el creador murciano, que participa en el 150 aniversario del Museo de Bellas Artes. El artista conceptual Isidoro Valcárcel Medina imparte hoy una singular conferencia en la CAM de Murcia

PEDRO SOLERMURCIA.
Isidoro Valcárcel Medina, ayer junto a su instalación artística en el Museo de Bellas Artes de Murcia (Mubam). ::                             ENRIQUE MARTÍNEZ BUESO/
Isidoro Valcárcel Medina, ayer junto a su instalación artística en el Museo de Bellas Artes de Murcia (Mubam). :: ENRIQUE MARTÍNEZ BUESO

Dijo sí con una condición: la presencia de 'La Umbría de Archena', un cuadro que su abuelo, Inocencio Medina Vera, pintó hace más de un siglo. Y, aunque no conoció a su famoso abuelo, casi a diario sí tuvo delante de sus ojos, durante muchos años, esa obra de pequeño tamaño que él ha rodeado con ocho dibujos propios. Isidoro Valcárcel Medina (Murcia, 1937) está considerado como uno de los más puros representantes del conceptualismo, e indomable a la hora de su compromiso de vivir alejado de los ambientes comerciales en que se debate el mundo artístico. Esto no impidió que en el 2007 se le otorgase el Premio Nacional de Artes Plásticas, «por la coherencia y rigor de su trabajo desarrollado durante cuatro décadas». Esta tarde, a las 19.00, ofrecerá una conferencia en el Aula de Cultura de la CAM, dentro de los actos organizados con motivo del 150 aniversario del Museo de Bellas Artes de Murcia (Mubam).

-Se le nota muy sentimental, con esos condicionantes sobre un cuadro antiguo de su abuelo.

-Sí, he participado en esto por una cuestión sentimental. El resultado es sentimental, pero también lo es el móvil. No hubiera intervenido si no hubiese ocurrido esto de mi abuelo.

-¿Es que lo echa de menos?

-No, porque no lo conocí, pero durante toda mi vida he estado oyendo hablar de él. Parece como si lo tuviera aquí, aunque murió veinte años antes de nacer yo.

-El colmo sería que un artista como usted echara de menos la pintura de su abuelo.

-Yo estoy muy desligado de la pintura, y la prueba está en que lo que he hecho para esa pieza, que presento en el museo, no es pintura, sino dibujos que he realizado por razones puramente circunstanciales y sentimentales. A mí, de ninguna manera se me ocurre pintar un paisajito, ni cosas de esas. En este caso, dices: «Bueno, aquí sí». Hasta me he pasado varios días pintando hojas.

-Yo he llegado a pensar que acaso usted había perdido la cabeza.

-Bien pensado, sí, bien pensado.

-O que acaso atraviesa una etapa de tranquilidad. ¿No tiene nada que decir?

-Al contrario; estoy dando ciertos follones, pero muy orientados a las 'performances' esas que llaman ahora. Es que estoy en contra de esto que se hace a horario fijo, en local cerrado, con aviso previo y pagando. Para mí, este tipo de manifestaciones siempre han sido absolutamente libres, y que ocurrían donde ocurrían. Por esto, acabo de hacer un trabajo de crítica irónica sobre la 'performance' contemporánea. O sea que sigo teniendo mis combates en ciertos ámbitos.

-El mundo del arte está dislocado, con esto del IVA. ¿Qué va a pasar?

-¡Ah!, no lo sé y no me preocupa, porque nunca en mi vida me he servido económicamente del arte. Y, bueno, oigo sonar, y, por lo que parece, mis amigos me dicen que el mundo del arte está muy mal, y que no debiera ser así. Entonces, me lo creo, pero no porque me afecte o me importe. Incluso pienso que no hay que vivir en Jauja, ni los artistas tienen por qué estar 'enjaujados'. Si suben el IVA, pues que ellos bajen el IVO.

-¿No merece la pena luchar por estas cosas, o no hay que luchar ya por nada?

-A mí la lucha me interesa muchísimo, y no hay que dejar que la cosa transcurra, porque el disparate del mundo en el que vivimos reclama constantemente un enfrentamiento, una lucha. Hay que luchar, pero también es cierto que hay que elegir por qué luchamos. Por esto, te he dicho que luchar por que rebajen el IVA no me interesa, como tampoco me interesa hacerlo por los derechos de autor, que parece una cosa nobilísima. ¿Estamos en crisis? Los que hemos vivido al margen siempre hemos estado en crisis.

-¿Usted por qué lucha?

-Por hacer lo que me da la gana.

-¿No se cansa de hacerlo?

-No, porque yo evoluciono por inercia, sin planteármelo. Estás haciendo una cosa y, de repente, te dices: «Oye, que esto ya lo he hecho». Y no lo tengo que volver a hacer, aunque me apetezca y me sea fácil. Entonces es cuando cambias, porque la evolución es fundamental. Hasta ahora, mi mente no se cansa, porque me divierto mucho, me implico mucho. Y como estoy tan bien, embarullado en este o en aquel asunto&hellip

-Quería preguntarle por qué no se ven sus obras en ARCO.

-No he ido nunca a ARCO, ni siquiera de visita. Bueno, estuve una vez en la puerta, repartiendo unos papelitos dorados en los que se leía 'ASCO'. Hubo quienes me dijeron que era muy gracioso, pero también me invitaron a que me fuese.

Contra las manías

-¿Echa la vista atrás en su vida artística?

-Muy poco. Ahora mismo he visto una foto de un cuadro mío, del año de la pera, supongo. Y no lo reconozco o me cuesta muchísimo reconocerlo. Echar la vista atrás no me divierte; es más: me molestan muchísimo las manías de los amateurs del arte, sean museos, coleccionistas o ciudadanos corrientes, que me dicen: «Oye, mira a ver tal cosa». Pero ¡si yo estoy haciendo otra cosa! Que no me pidan que me regodee con lo que está a toro pasado.

-Se llenaría de gozo si le llamasen artista maldito.

-Yo no creo que sea maldito, ni maldecido. ¿Sabes qué pasa con estas cosas? Que son muy resultonas. Por esto, uno puede decir que es un artista maldito, y a inflarse con esto; pero, bueno, es cuestión casi de 'márkenting'. Son etiquetas tan torpes y simplonas que no me van. Una grandísima parte del triunfo artístico es puro 'márketing'. Esto no me ha interesado en absoluto.

-¿Es culpable la crítica?

-Cabe admitir que haya una crítica responsable, conocedora y orientativa. Lo que sucede es que se trata de algo tan raro, que ocurre tan pocas veces&hellip La crítica también está en trance de convertirse en una especialización culterana, que no se ocupa de tratar del asunto, sino de adornarlo con nombres, muchos nombres, que, seguramente, ni se conocen; pero, bueno&hellip yo no estoy en contra de la crítica.

-En una de sus últimas exposiciones presentó un libro con miles de páginas y sin nada escrito. ¿Está haciendo algo parecido?

-No. Aquel libro tenía unas seis mil páginas, y su único texto era la numeración de esas páginas. Acabo de publicar, hace quince días, una novela que escribí en 1979, por la que nadie se había interesado hasta ahora. Las tres personas que la han visto me han dicho que es una novela adelantada en su momento, y adelantada también hoy. Me ha gustado mucho que se haya retrasado treinta y tantos años su publicación, porque me puedo dar el gustazo de decir que no está escrita hoy, sino hace mucho tiempo.

-¿Me quiere ampliar datos?

-Se titula 'Laura en Alejandría', y se trata de una mujer peculiar, que detesta el ámbito social en el que vive. Es medio prostituta, pero prostituta escogedora, que vive muy absolutamente solo con quien quiere, cuando quiere y de lo que quiere. Y, en la medida de sus posibilidades, es una explotadora de la sociedad, porque va a la inauguración de las exposiciones, solo por participar en los cócteles, pero no porque le interese el arte. Vive muy tristemente, rodeada de una serie de mostrencos, zánganos y pisaverdes, pero ella es íntegra en su personalidad.

-Cuando le dieron el Premio Nacional de Artes Plásticas, ¿pensó que era un gran artista o que querían acabar con usted?

-Pensé que si el premio me lo entregaban racionalmente, quería decir que lo que yo había hecho hasta entonces ya estaba asimilado, reconocido. Por lo tanto, tenía que empezar a hacer otras cosas.

-Y ahora, ¿qué tiene previsto para el futuro?

-Seguir combatiendo a lo establecido, a lo conocido, a las instituciones, a la oficialidad. Todo lo que yo pueda hacer se resume en seguir en el combate contra la comodidad.