El beso inédito de Alfonso XII y la República

Dos óleos históricos, relegados al olvido en sus épocas, comparten almacén municipal

ANTONIO BOTÍAS
Autor. Antonio Meseguer, pintor encargado de inmortalizar al monarca./
Autor. Antonio Meseguer, pintor encargado de inmortalizar al monarca.

La casualidad, mire usted por dónde, acordó reunir en un improvisado beso de óleo sobre lienzo antiguo, a dos protagonistas de excepción de la historia de la ciudad. Rostro con rostro, en la oscuridad de un cálido almacén municipal, llevan décadas de anónimo idilio, alejados de las irreconciliables corrientes políticas que los condenaron al olvido. Y allí permanecían ensimismados hasta hoy, cuando los murcianos descubrirán por esta página la increíble historia de su destierro y su inadmisible romance. Son solo dos retratos, claro, aunque condensan en sus trazos la sagrada memoria de nuestros abuelos.

Retornemos al siglo XIX. El periodista José Martínez Tornel, en la edición de su Diario de Murcia del 11 de mayo de 1883, escribe que «dos nuevos y buenos retratos del Rey don Alfonso XII tiene ya este ayuntamiento». Uno, de Fernando Mauricio Ramos. El otro, de Antonio Meseguer. Sobre el primero registrará el historiador Baquero Almansa en su obra 'Los profesores de las Bellas Artes murcianos' que pintó un retrato del soberano para la Alcaldía del Ayuntamiento de Murcia, si bien el catedrático Germán Ramallo, en la revista 'Imafronte', advirtió con acierto en 1993 que la obra se había perdido.

El retrato de Antonio Meseguer (1865-1915) corrió mejor fortuna. En el catálogo de Bienes Muebles Municipales está registrado con el número 630 y datado en 1882. Seis años más tarde el Ayuntamiento trasladaba al Museo Provincial un cuadro de Alfonso XII que fue pintado por Víctor Hernández Amores, junto a otras obras «de difícil colocación en el local de la Corporación».

Cuadro por cuadro

Según consta en los archivos del Museo de Bellas Artes, ambos cuadros fueron cedidos por la Diputación el 21 de abril de 1932. Justo un mes más tarde, los murcianos conocían la noticia de la entrega al Consistorio de otra obra de gran formato, en esta ocasión dedicada a ensalzar la Segunda República.

Pocos recuerdan la figura del pintor Pascual Ayala Galán, nacido en Murcia en 1902 y fallecido en Colombia en 1952. El autor, según Enrique Mena García en su tesis 'El paisaje en la pintura murciana en la segunda mitad del siglo XX', pronto se trasladó a Madrid, donde estudió Bellas Artes, para más tarde emigrar a Santiago de Cali y dedicarse a realizar obras religiosas.

En la sesión municipal del 27 de mayo de 1932, aparte de autorizar la inaplazable construcción de retretes en el Teatro Romea, que «pueden efectuarse dentro de la higiene, pero no con lujo», se dio cuenta de la donación realizada por Ayala Galán. El redactor aclaró que el cuadro representaba «una matrona de admirable factura, que sostiene en la mano derecha la antorcha de la libertad y con la izquierda se apoya en la espada de la Ley».

En la misma descripción también anotó el rotativo 'El Tiempo' que la obra incluía «el roble, el laurel y el Plus Ultra, símbolo del genio y la raza». En aquella sesión concejil se aprobó que la Comisión de Hacienda autorizara «alguna recompensa para el notable artista». La gratificación ascendió a 2.500 pesetas de la época.

Salón de Plenos

El diario 'Las Provincias de Levante' abundó en la noticia de la donación y en los detalles de la alegoría, hasta extremos un tanto empalagosos. Así, en su edición del 28 de mayo del mismo año, publicó que «el suave viento de abril empuja la túnica blanca sobre el cuerpo elegante, pero macizo de formas plenas, agita los cabellos y hace volar el manto rojo».

El rotativo 'La Región', subtitulado 'Diario de la República', señaló en sus páginas el 28 de mayo de 1932 el lugar exacto que había de ocupar la nueva adquisición municipal: «Ha sido ofrecido al Ayuntamiento un notable cuadro al óleo para el Salón de Sesiones». Salón del que desaparecería entonces, como era natural, cualquier representación de la monarquía.