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Explosión en Almería, resplandor en Murcia

LA VERDAD - 110 AÑOS (17-01-1966)

Explosión en Almería, resplandor en Murcia

El fogonazo de los estallidos fue visto desde Monteagudo, a casi 200 kilómetros de distancia. 'La Verdad' fue el primer medio nacional que cubrió la noticia

27.10.13 - 01:03 -
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Once soldados resultaron muertos, casi todos carbonizados, y otros cinco heridos, al chocar, en pleno vuelo, tres aviones de las fuerzas aéreas norteamericanas, mientras uno de los aparatos repostaba de un avión nodriza». Esta fue la llamada de la primera página de 'La Verdad' del 17 de enero de 1966, en la que, en grandes caracteres informó de que «tres aviones chocaron, en vuelo, en la provincia de Almería».

Los restos cayeron en el término municipal de Cuevas de Almanzora, y quedaron repartidos en un área de cuatro kilómetros cuadrados. Cuatro de los supervivientes fueron recogidos en el mar por dos embarcaciones pesqueras de Águilas. El otro apareció, junto al río Almanzora, envuelto en el paracaídas y sentado en la silleta de la cabina, por lo que se supone que salió propulsado en el instante mismo de ocurrir el accidente. Un proyectil de dos metros de largo, provisto de paracaídas, se clavó en el suelo. Antes del choque se produjo una explosión, cuyo resplandor fue visto desde Monteagudo, casi a doscientos kilómetros del lugar del suceso.

'La Verdad' fue el primer medio de comunicación español que se hizo eco del suceso. En páginas interiores informó del contenido de un telegrama de la agencia Logós que hablaba de solo dos aviones accidentados: «Un bombardero B-52, perteneciente al ala 78 de la base de Seymour, en Carolina del Norte, y un aparato nodriza EO-135 de la escuadra de aprovisionamiento, de la base de Baergstron, Texas». A los enviados del periódico al lugar del siniestro, el periodista José García Martínez y el fotógrafo Tomas, se les informó de que la escuadrilla estaba compuesta por cuatro naves que procedían de la base sevillana de Morón de la Frontera.

A los quince minutos escasos de ocurrir él siniestro, la Guardia Civil de Cuevas, Herrerías, Palomares, Villaricos, Los Lobos y Vera acordonaron el lugar y procedieron al rescate de los cadáveres. Según el primer informe facilitado por la Benemérita, «a las diez horas, veinte minutos del 17 de enero de 1966, varios aviones hicieron explosión en el aire y se vio cómo caían a tierra las masas incendiadas de los aparatos que, en esos momentos, volaban sobre la vertical de Vera. Se observó también el descenso de algunos hombres en paracaídas, cerca de la costa. Cuatro de ellos fueron empujados hacia el mar, en cuyas aguas los rescataron embarcaciones pesqueras de Águilas. Parece que el choque se produjo entre un caza y un avión de transporte B-52. Es posible que interviniera en la colisión un tercer aparato, pues se encontraron restos de motores que lo hacen suponer así. Casi todos los cadáveres están carbonizados. Se ignora si entre los hierros retorcidos queda alguna otra víctima».

Poco después del accidente 'La Verdad' envió a cubrir la noticia al periodista García Martínez y al fotógrafo Tomas. «Es mediodía. Nuestro coche avanza como puede, entre una nube de polvo, por los estrechos caminos que 1levan a unos puntos humeantes que se divisan a lo lejos. Todo el mundo, en muchos kilómetros a la redonda, sabe algo de la catástrofe que acaba de ocurrir hace un par de horas. Muchas personas han visto la explosión. Y han temido que los aparatos cayesen sobre sus hogares. El choque produjo un ruido espantoso. Los vecinos de Vera pensaron que se trataba de un terremoto y algunas mujeres salieron llorando a la calle. La explosión se había visto desde Murcia, a casi doscientos kilómetros de distancia, pues el primer aviso nos lo dio un hombre que vio el fogonazo desde Monteagudo y creyó que había ocurrido cerca, sobre la base de Alcantarilla».

Parte de uno de los aviones accidentados cayó a unos cincuenta metros de una escuela en la que minutos antes los niños de Palomares atendían en clase. «Nos movemos entre chapas carbonizadas. De pronto, uno se queda frío y con los nervios desechos: casi tropezamos con el cuerpo mutilado de un hombre, semicubierto de tierra, al que le falta la cabeza. Sin querer nos viene al pensamiento la imagen de una mujer y unos hijos que esperan al querido ausente, allá en América», contó García Martínez, quien en su relato contó lo que era Palomares. «Un caserío que vive de las hortalizas. Aqui y allá las encañizadas de las tomateras y los bancales de habas».

Con el recuento de víctimas hecho, la máxima preocupación de las autoridades -especialmente de las norteamericanas- era localizar el artefacto radioactivo que se hallaba en el fondo del mar. Había preocupación por la posible contaminación y especialmente porque la bomba atómica no cayera en manos «enemigas». Por ello, fueron muchos los medios dedicados a la tarea. El ejército americano se instaló en la zona.

Por contra, lo único que inquietaba a la población de la zona era saber si la caída de las bombas, especialmente una de las cuatro que cayeron que aún se encontraba debajo del agua, había contaminado las aguas almerienses. Por ello, el 8 de marzo el embajador de Estados Unidos, Angier Biddle Duke, y el entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, se zambullían en la playa aprovechando «la buena temperatura» para demostrar al pueblo llano que no había ningún riesgo para la salud. El famoso baño se convirtió en la imagen del suceso.

Un mes después del choque de los aviones norteamericanos, se empezaba a rumorear que las tareas de rescate habían dado sus frutos. La bomba había sido localizada. Los equipos de salvamento hacían caso a Francisco Simó Orts, un pescador de Águilas que aquel 17 de enero había presenciado el siniestro y supo indicar el punto exacto en el que había caído el artefacto.

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Explosión en Almería, resplandor en Murcia
Baño exculpatorio. Fraga Iribarne, entonces ministro de Información y Turismo, y Angier Biddle Duke, embajador de Estados Unidos en España, tras capuzarse en la playa de Palomares para demostrar que no había peligro de radiación. :: TOMÁS
Explosión en Almería, resplandor en Murcia

Dos de las cuatro bombas de hidrógeno de 25 megatones que cayeron, hace 47 años, en Palomares (Almería) tras la colisión de tres aviones estadounidenses. :: TOMÁS