Un héroe desconocido

Una exposición en el Museo Naval reivindica a Blas de Lezo, quien en 1741 derrotó a los británicos en Cartagena de Indias con muchos menos hombres y barcos

ANTONIO PANIAGUA

A los 25 años ya era cojo, tuerto y manco por las heridas recibidas en combate. Por eso le apodaban 'Mediohombre'. El almirante guipuzcoano Blas de Lezo nunca se rindió a la adversidad y en 1741 infligió una derrota a la Armada británica en la batalla de Cartagena de Indias, a pesar de la desproporción de fuerzas. El Museo Naval de Madrid reivindica ahora su figura con una exposición, 'Blas de Lezo, el valor del Mediohombre', que reúne unas ochenta piezas procedentes de Patrimonio de la Armada y una decena de museos.

Nacido en la villa de Pasajes de San Pedro, la vida de este hombre de armas resume la historia de la primera mitad del siglo XVIII en España. Fue valiente, sagaz y, sobre todo, demostró una resistencia insobornable. Pese a ello, Lezo sigue siendo un gran desconocido en su país. En su defensa de Cartagena de Indias, una plaza clave para mantener el dominio español en América, el de Pasajes se las tuvo que ver con el almirante Vernon, que, ignorante de con quién se enfrentaba, predijo que aquello sería un paseo militar. Incluso había tenido la jactancia de acuñar monedas de oro para celebrar lo que pensaba que iba a ser una segura humillación de las tropas españolas. Estaba muy equivocado.

Con seis navíos y no más de 3.200 hombres, Lezo se enfrentó a un enemigo que contaba con quince veces más barcos y un número de hombres diez veces mayor. Tres meses después de esa victoria murió en el olvido, probablemente a causa de la peste, y denostado por el Rey. Y eso que en 39 años de carrera podía alardear de permanecer invicto. Antes había caído en desgracia por culpa del virrey Sebastián de Eslava, que le apartó de su cargo al frente de la escuadra de Cartagena de Indias.

Los historiadores ingleses silenciaron el fracaso en la batalla, que se inscribe en el deseo de los británicos de estrangular el comercio español con América. Lo malo es que los españoles también ignoraban hasta hace poco la figura de este gran estratega. Hace unos años comenzaron a divulgarse las vicisitudes del personaje, que se buscó la ruina cuando denunció el nepotismo de un virrey que colocó a su sobrino en un puesto público.

«Blas de Lezo era un profesional que, pudiendo haberse retirado por sus heridas de guerra, se negó a vivir como un inválido y siguió al pie del cañón», asegura Mariela Beltrán, una de las dos comisarias de la muestra.

La biografía de este teniente general de la Armada no se reduce a la batalla de Cartagena. A los quince años, un adolescente Blas de Lezo se batía el cobre en las aguas del Mare Nostrum y luchaba en la batalla de Vélez-Málaga, en 1704. Luchó contra la piratería y participó en el segundo sitio de Barcelona, en la Guerra de Sucesión. En la exposición se pueden ver un extractor de balas y una sierra de amputar parecida a la que se empleó para cortar su pierna.