Una derrota con origen político

«Se demuestra que el COI no juega limpio y que priman todos los intereses menos el deportivo», resumió el tenista Feliciano López La falta de peso internacional, economía, corrupción y dopaje, las claves del batacazo español

J. BRAGADO I. TYLKOBUENOS AIRES / MADRID.
La comisión de evaluación del COI, durante su visita el pasado mes de marzo. :: EFE/
La comisión de evaluación del COI, durante su visita el pasado mes de marzo. :: EFE

A falta de explicaciones oficiales convincentes sobre una derrota olímpica sin paliativos, la tercera consecutiva, el dedo en la yaga lo puso la marroquí Nawal El Moutawakel, vicepresidenta del COI, al resumir que España debería invertir sus escasos recursos económicos en materias más importantes que los Juegos. De nada sirvió la imagen de modernidad representada por el príncipe Felipe, capaz de dirigirse en tres idiomas al 'comité de sabios' y de hilar un discurso claro, emotivo y de alto nivel, superior a las mediocres intervenciones de los políticos, trufadas de tópicos y lugares comunes.

Los buenos conocedores de los entresijos del olimpismo suelen decir que las elecciones de las ciudades olímpicas están decididas de antemano y que poco importan las exposiciones y puestas en escena finales. De todos modos, la figura del presidente del Gobierno no salió precisamente fortalecida de Buenos Aires. Llegó el último día procedente de San Petersburgo, donde se celebró la cumbre del G-20, habló solo en castellano y, en tono casi mitinero, dibujo un panorama económico optimista que no arrastró votos. A tenor de los resultados, Rajoy no trasladó al mundo una imagen creíble. Tras una derrota sonrojante, recurrió al tópico deportivo de que no se gana siempre y garantizó que «España sigue siendo una gran nación». La duda es saber si este varapalo de la candidatura de Madrid tendrá repercusiones políticas para el Gobierno y la alcaldesa madrileña, Ana Botella. Rajoy recuerda que no las sufrieron antes Rodríguez Zapatero y Ruiz-Gallardón.

Las experiencias fallidas ante Londres y Río de Janeiro no bastaron para abrir los ojos y mejorar la capacidad de hacer 'lobby' de las delegaciones españolas, que votación tras votación se sienten traicionadas. Cuando a principios de 2013 este periódico preguntó por la tarea de captación de apoyo a Alejandro Blanco, el presidente del Comité Olímpico Español emplazó esa labor para el verano y, más intensificada, «para agosto, a un mes de la decisión». La tarea de Theresa Zabell, apoyada por el Príncipe, resultó insuficiente. Los frutos de sus gestiones no alcanzaron, ni por asomo, los entre 40 y 50 votos calculados. La directora de Relaciones Internacionales y vicepresidenta del COE propagó su contrariedad por los dominios de la oficina madrileña en Buenos Aires. «Estoy jodida, jodidísima», se la escuchó por los pasillos. Con el cuchillo afilado de París, Berlín y Roma para la oportunidad de 2024, la posible elección en 2020 de una ciudad europea habría acabado con sus ambiciones y pusieron en marcha su maquinaria para evitar el triunfo de Madrid.

Algunos viejos conservadores de entre los directivos presentes en Buenos Aires achacaron el traspiés a la falta de peso y «respeto» internacional a España. La cuestión del dopaje tampoco faltó entre las debilidades de Madrid. «Lo de las bolsas de sangre no lo respondieron en absoluto», indicó el vicepresidente del COI, Dick Pound, en referencia a la pregunta sobre el rechazo de la entrega de las posibles pruebas de transfusiones enriquecidas prohibidas de algunos deportistas a la Agencia Mundial Antidopaje. Hay otro dato que se antoja básico. Si Barcelona cumplió su sueño en 1992 fue porque contó con el fundamental apoyo de Juan Antonio Samaranch, entonces mandamás del COI en plenitud.

Plutocracia

No obstante, la mayoría apuntó a la capacidad financiera de Tokio y de Estambul para percatarse de que la plutocracia es la modalidad de gobierno en el COI. Pero solo el tenista Feliciano López se atrevió a señalar en público hacia esa dirección: «Se demuestra una vez más que ese organismo no juega limpio y que priman todos los intereses menos el deportivo». «Si esto es así realmente, que nos avisen que no podemos ganar. Al final es lo que es. Es duro, es agotador para todos, porque todo el país trabajó mucho para tener esta oportunidad. Creíamos que nos lo merecíamos», apuntó Rafa Nadal desde Nueva York

«Tras la eliminación se produjo un silencio increíble. Hacía solo unos minutos que hablábamos de si se podía ganar en la primera ronda», contaba un miembro de la delegación. «Nadie se imaginaba esto», insistió Jennifer Pareja, capitana de la selección de waterpolo. «No les entiendo. Nos vamos con la sensación de que nuestras cartas no se valoraron», resumió Pau Gasol. «No sé lo que ha pasado», dijo con la voz quebrada y lágrimas en los ojos Alejandro Blanco en su única respuesta pública. Tampoco Ana Botella hizo autocrítica ante los medios. La pareja que llevó la voz cantante de la candidatura -tan distante y tan obligada a compartir el destino como una tonadilla de Pimpinela-, se dejó arropar en su salida por los deportistas presentes en la capital argentina.

El desfile de representantes cabizbajos y caras largas después de la eliminación resultó proporcionalmente opuesto al de la euforia previa. En el almuerzo posterior al discurso ante el COI los españoles irradiaron su optimismo hasta el punto de aumentar la sensación triunfal ante sus rivales y vecinos de mesa. En el hotel Hilton, durante el descanso para la reflexión, los japoneses apagaron sus tradicionales sonrisas y gestos de hiperactividad mientras que los turcos esperaron su turno bajo la guillotina. Pero los rostros cambiaron. Quienes apoyaban a Estambul celebraron la inesperada victoria sobre Madrid. Los japoneses disfrutaron de su nuevo reto olímpico. En cambio, los españoles maldijeron de nuevo un sistema que favorece las estrategias geopolíticas, los contactos 'inter pares' o los favores directos e indirectos.