La Roja apela al resultadismo por un día

Del Bosque y los jugadores de la selección asumen que en Finlandia hubo que anteponer el marcador al juego

IGNACIO TYLKOHELSINKI.
Roberto Soldado bromea con Casillas en un entrenamiento en Helsinki. :: Markku Ojala/EFE/
Roberto Soldado bromea con Casillas en un entrenamiento en Helsinki. :: Markku Ojala/EFE

Aunque en los tiempos modernos la selección española presumió de estilo elegante y moderno por encima del resultado, el choque del viernes en Helsinki conduce a una interpretación diferente y quizá sea una excepción que confirma la regla. «Lo importante son los puntos ganados ante Finlandia que acercan a España al Mundial», insisten, pragmáticos, tanto Vicente del Bosque como sus jugadores, que ya piensan en el amistoso del próximo martes ante Chile en Ginebra y en el regreso a la disciplina diaria con sus equipos.

Ante los nórdicos no hubo buen fútbol, faltaron ritmo, chispa y continuidad y sobraron algunos desajustes defensivos, pero todos asumen que el equipo estaba cogido con alfileres en algunos puestos como el lateral derecho o el de mediocentro defensivo. Koke y Mario Suárez, dos de los titulares en el Estadio Olímpico finlandés, igual no vuelven a aparecer por la absoluta cuando se recuperen hombres básicos como Xabi Alonso, Busquets y, en menor medida, Javi Martínez. Y centrales como Piqué o Puyol también deben reaparecer en próximas fechas.

«Cumplieron muy bien los dos. Koke tiene que perder su timidez, pero tiene futuro, y Mario lo hizo bien en defensa y ataque», resumió el seleccionador español, parco en explicaciones, tras insistir en que lo único fundamental en Finlandia era lograr una victoria que acerca muchísimo al objetivo de disputar en Brasil la décima fase final consecutiva de una Copa del Mundo.

Mixu Paatelainen, el seleccionador localo, dijo que la Roja venció porque impuso su calidad. Más bien fue una cuestión de oficio, contundencia y necesidad que de juego fluido. Y mucho tiene que ver el mal momento de Xavi, muy bajo de forma en este arranque de curso. A sus 33 años, su estado es la principal preocupación de cara al Mundial. Por mucho que Thiago progrese y que Cesc prolongue hasta el próximo verano el extraordinario momento por el que atraviesa, el cerebro de Tarrasa no tiene reemplazo. Nadie como él maneja el tiempo de los partidos.

Con España virtualmente clasificada, ya que le sirve con sumar tres puntos en los próximos choques como local ante Bielorrusia y Georgia, y ello suponiendo que Francia lo gane todo, el debate se centra en la portería. Vicente del Bosque no da su brazo a torcer y mantiene a Iker Casillas por una cuestión de jerarquía, de corrección política y hasta de ética y moral, ya que entiende que le debe mucho al madrileño por todo lo que ha logrado con la Roja y buscar la paz cuando Mourinho provocó un clima bélico entre madridistas y azulgrana.

El debate de la portería

«Iker fue clave para volver a la normalidad», insiste el técnico, a quien le incomoda este asunto y reclama, tal y como dijo tras dar la última lista de convocados, que se le deje trabajar con libertad. «No es un tema de debate ahora. A estas alturas de la temporada no es problema que juegue o no en su equipo. El tiempo pondrá a cada uno en su sitio», enfatizó Del Bosque en Helsinki. Confía en que Carlo Ancelotti le de la confianza al capitán para jugar la Liga de Campeones, lo que no dejaría de constituir una decisión de alto riesgo.

En todo caso, el triunfo en Helsinki ha dejado a España en un estado de cierta calma, todo lo contrario que en Francia. El seleccionador francés, Didier Deschamps, ha situado a Francia al borde del precipicio, sin un juego reconocible, con unos resultados nefastos y con un divorcio total con la grada. Con el empate en Tiflis contra la modesta Georgia, Francia renuncia prácticamente a todas las opciones de clasificación directa para el Mundial e incluso se complica la opción de ser una de las mejores segundas, lo que le abre la puerta de la repesca.

Los 'bleus' de Deschamps están al borde de no acudir al Mundial de Brasil, lo que sería una catástrofe para un equipo que no había faltado a ninguna de las últimas grandes citas y que cuenta en sus filas con jugadores de la calidad de Frank Ribéry, recientemente elegido mejor futbolista europeo de la pasada temporada.

En trece partidos al frente de Francia, Deschamps ha sumado cuatro empates, cuatro victorias y cinco derrotas. En su currículo de seleccionador solo figura un triunfo ante una selección grande, el logrado contra Italia en un amistoso en noviembre de 2012.

Eran pocas semanas después de que Francia arrancara del Vicente Calderón un empate a España que hizo al país soñar con la posibilidad de superar a la campeona del mundo en la carrera por el primer puesto. Fueron tiempos felices pero ya muy lejanos.

Desde entonces, el crédito de Francia no ha hecho más que devaluarse, un descenso a los infiernos que se ha afianzado en los últimos meses. Cinco partidos sin victoria, una serie de 479 sin marcar y un juego lamentable, han dejado a Francia en una situación desesperada. El encuentro contra Bielorrusia del próximo miércoles aparece como la última oportunidad de dar la vuelta a una situación y, al menos, aferrarse a la segunda plaza para poder ir a Brasil en la repesca.

Aparece también como la última opción de Deschamps para demostrar que puede salvar al equipo. Sus números no son buenos y el juego del equipo tampoco invita a albergar esperanzas. Deschamps no parece dar con el conjunto adecuado y en 13 partidos ha convocado a 46 jugadores, una cifra muy elevada que demuestra que el seleccionador multiplica los experimentos.

El único puesto donde no acumula los cambios es el de delantero, donde la confianza en Karim Benzema parece inquebrantable, pese a que el jugador del Real Madrid no le ha respondido con goles. El atacante, que solo se ha perdido dos de los partidos que ha dirigido Deschamps, lleva ya 1.217 minutos sin anotar, una sequía que pesa mucho en el equipo.

El deterioro del equipo es evidente y el seleccionador no parece encontrar las soluciones a la avería. Ni el sistema de juego, ni el retorno de algunos jugadores desterrados, como Nasri o Abidal, parece que vayan a cambiar la tendencia. La Francia de Deschamps ve ya cerca el precipicio y el futuro no parece muy halagüeño. Si España sigue ganando sus partidos, la mejor perspectiva para Francia es la de la repesca, camino que ya le sirvió para lograr el billete para el Mundial de 2010.

Entonces, las heridas que le produjo la dura fase de clasificación llegaron hasta Sudáfrica, donde Francia protagonizó un ridículo del que todavía no se ha recuperado definitivamente. Deschamps tiene ante sí la dura tarea de no repetir los errores del pasado, pero no parece que el juego y los resultados le vayan a ayudar. El seleccionador combate contra la historia y contra el propio presente de un equipo que carece de personalidad.