Troveros, poetas singulares

JOSÉ SÁNCHEZ CONESACARTAGENA
Troveros, en plena actuación junto al Palacio Consistorial de Cartagena, en una foto de archivo. ::                             LV/
Troveros, en plena actuación junto al Palacio Consistorial de Cartagena, en una foto de archivo. :: LV

El trovo es verso con sello de urgencia; así lo definía Asensio Sáez. En efecto, hemos podido admirar palabras inspiradas como las del gran Cantares, Ángel Roca o Agustín Meseguer. Y lejos de nuestra tierra, los troveros cubanos. Durante una velada celebrada en 1940 el Indio Naborí incluye en su décima repentizada elementos de una noche mágica.

Frente a la luna que se divisa a través de las ventanas y sobre la torre de una iglesia, recita: «La luz de la luna fría / penetra por la ventana / y desprende a la campana / una muda sinfonía».

Para el resto de poetas improvisadores que le acompañaban en la sesión, aquella muda sinfonía era un disparate. Pero este artista cubano inauguraba una nueva etapa, una nueva música que allí se inicia con el sonido de un bronce sordo que aún resuena.

Desde entonces las décimas de los cubanos rezuman poesía, cargadas como van de imágenes evocativas y simbólicas. Lo apreciamos cada año en Trovalia, el festival de poesía improvisada y cantada que organiza en verano nuestro Ayuntamiento de Cartagena junto con la Asociación Trovera José María Marín. Claros ejemplos son los aplaudidos Luis Paz Papillo y Raúl Herrera.

El propio programa de Trovalia derrocha poesía cuando anuncia la velada en Isla Plana ('Navegando por las aguas de poniente'), la actuación en el Molino Derribao: ('En los campos de los versos') o la cita en el puerto de Cartagena, coincidiendo con las regatas de la Audi Med Cup ( 'Los veleros de la poesía improvisada').

Este año disfrutaremos de Trovalia del 1 al 3 de agosto, en la plaza del Ayuntamiento (los días 1 y 3) y en Isla Plana (el día 2). Los artistas llegarán desde Argentina, Puerto Rico, Cuba, Venezuela y Almería.

Rubén Darío (1867-1916), uno de los más grandes e influyentes poetas en lengua española de todos los tiempos, fue trovero juvenil en su Nicaragua natal. Me contaba Casimiro que Miguel Hernández era admirador del ejercicio trovero, no en vano en la Vega Baja del Segura existe afición.

Otro ejemplo, aún más cercano, fue Agustín Meseguer, un abogado ahogado en alcohol y poesía. Claro ejemplo de poeta bohemio metido a trovero, contendiente de los citados Cantares, Roca y Picardías.

La figura de Pedro Beltrán

Agustín, que vivió en la calle Jardines del barrio cartagenero de Los Dolores, escribió cosas como ésta: «Mi profesión es clara. No soy vago. / Soy cazador de incautas armonías, /y llevo el inventario de las nubes / en el azul de un libro, que he perdido». En el bar Álvaro de Los Dolores se juntaba en tertulia con los poetas Damián Ximénez, María Teresa Cervantes, Mariano Pascual de Riquelme y Cantares.

Pedro Beltrán no fue trovero, aunque su poesía nacía en muchas ocasiones al instante, ya que su cultura era más oral que escrita. Perico Beltrán era un cartagenero que dejó su oficio de practicante en El Llano del Beal para irse con una mano delante y otra detrás al Madrid de los años 40.

En la capital fue guionista de cine, televisión y radio. Hizo letras para ser cantadas por fandangos, cartageneras y soleares, pero en opinión de su amigo Fernando Fernán Gómez fue sobre todo el último bohemio.

Una copla suya: «Con tanto quererte tanto/ te has 'llevao' de mi ser/ hasta la fuente del llanto/ y el manantial de la sed». Su libro Burro de Noria contiene un cedé con recitados de sus poemas a cargo de José Sacristán, Juan Echanove, Imanol Arias, Juan Diego o Aitana Sánchez-Gijón.

Sin embargo, en Cartagena, conocemos muy poco al pícaro y creativo Beltrán, lo que no nos extraña nada si hacemos caso de las apreciaciones del abogado y escritor Manuel Martínez Pastor cuando dice que el mal de los cartageneros es la incultura.

Pongamos voluntad a aquellas cosas que merecen la pena por su belleza y bondad, y que nos han sido legadas por nuestros antepasados. No dejemos nunca que el trovo se muera como se caen los molinos de viento en un desplome de desidia.

Marín y la labor escolar

Por eso aplaudimos la labor de la asociación de troveros José María Marín, que ha estado llevando el verso nacido al momento a colegios e institutos de toda la Región de Murcia con el patrocinio de la Asamblea Regional.

Y por esto también animamos a continuar esta senda al colectivo que preside ahora José Martínez 'El Taxista', y que cuenta con los apoyos de otros directivos y socios como Andrés Marchán, Alfonso Conesa 'El Levantino', Diego Ortega 'El Molinero', Juan Santos 'El Baranda', Hilario Andreu, Paco Pedreño, El Llanito o Juan El Mergo.

El propio Molinero, concejal de Deportes del Consistorio de Cartagena, Pedro Jesús López Salmerón y el lorquino 'El Lagunero', guitarrista flamenco también, son algunos de los troveros más jóvenes, pero no van a ser los últimos en incorporarse a esta larga cadena de tradición oral.

Me comenta Taxista que en la nueva escuela del trovo para escolares, con sede en el local social de Los Dolores, han irrumpido nuevos valores que pronto pisarán los escenarios. Lo mismo sucede con un joven cantaor, que se defiende bien por flamenco. Que así sea.

Aunque no corren buenos tiempos para la lírica, porque nuestra cultura es cada vez más visual y los chavales están pegados a las pantallas, sería todo un logro que levantaran la vista y comprobaran que hay más vida en el horizonte. Nadie dice que sea fácil. Pero imposible no es.

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