Depredadores del mar

Un equipo está simpre en el Índico luchando contra la piratería. Liberaron a una ciudadana francesa

Un miembro de la Fuerza de Guerra Naval de la Armada durante un ejercicio en tierra. ::
                             JOSÉ M. RODRÍGUEZ/
Un miembro de la Fuerza de Guerra Naval de la Armada durante un ejercicio en tierra. :: JOSÉ M. RODRÍGUEZ

En la loma de la Estación Naval de La Algameca donde los 'boinas verdes' de la Armada tienen su cuartel general se respira tranquilidad. El lejano rumor de un motor y unas ráfagas de disparos que el aire eleva de un cercano campo de tiro son los únicos ruidos en un lugar rodeado de pinos pero donde curiosamente ni cantan los pájaros ni grillan las chicharras bajo el intenso sol de julio.

Por primera vez en sus cuatro años de existencia, la Fuerza de Guerra Naval Especial de la Armada permite a un medio de comunicación traspasar las puertas de su cuartel y hablar con varios de sus componentes. Dentro no hay mucho que ocultar, dicen, salvo las identidades de quienes la componen y el lugar donde se encuentran desplegados en estos momentos. Pero la discreción es una de las banderas de esta unidad creada en junio de 2009 tras la unificación de la Unidad de Operaciones Especiales de la Infantería de Marina y de la Unidad Especial de Buceadores de Combate de la Armada. Allí trabaja un reducido grupo de hombres y mujeres -el número exacto se lo reserva la Armada- altamente especializado para desempeñar un trabajo arriesgado, sin horarios ni fechas ni límites geográficos.

Los permisos estivales y la alta movilidad de los componentes de esta unidad dan a la base un aspecto tranquilo estos días. Fuera del edificio principal donde se concentran las principales dependencias de la Fuerza solo hay una decena de soldados que, mimetizados entre árboles, realiza ejercicios tácticos de tiro pertrechados con el traje de faena y un equipo de combate que pesa quince kilos, entre chaleco, cargadores, aparatos de comunicaciones y armas. La Armada no da muchos detalles, salvo que cada soldado lleva pistola y, según la naturaleza de la misión, fusil, subfusil, ametralladora o fusil de precisión con sus equipos accesorios.

Destino voluntario

La Fuerza de Guerra Naval Especial es un destino de libre designación. Infantes y marinos piden voluntariamente pertenecer a ella. Luego son los mandos quienes los escogen en función de su perfil y las necesidades del servicio. Todos ellos tienen en común haber superado los cursos de operaciones especiales, que en el caso de oficiales y suboficiales se prolongan durante un año y medio, y en el caso de tropa y marinería llega a los nueve meses.

«Es un curso muy intenso, duro y exigente», advierte el comandante de la unidad, el coronel de Infantería de Marina Francisco Javier Fiol Gómez. De hecho solo tres de cada diez alumnos de operaciones especiales terminan superando un curso que en distintas fases les lleva a especializarse en combate terrestre y urbano, paracaidismo, buceo de combate, manejo de explosivos, tiro de precisión y muchas otras disciplinas que les permiten luchar en cualquier escenario, aunque sean depredadores marinos.

Toda esa formación les permite realizar operaciones de reconocimiento y vigilancia sobre cualquier terreno, evacuaciones de civiles, rescate de rehenes y operaciones de contrainsurgencia y contraterrorismo, entre otras.

La preparación incluye periodos de adiestramiento en alta montaña y climas gélidos, explica un oficial. Una vez al año acuden a los Pirineos, cuando no tienen alguna colaboración internacional como la que el año pasado les llevó a Noruega a compartir días de trabajo con sus colegas de aquel país.

Los soldados de élite de la Armada tampoco están a salvo de los tópicos y mitos que rodean un trabajo ampliamente abordado en series televisivas y películas. Todos sonríen con una sola mención a las comparaciones con los SEAL estadounidenses, los comandos especiales de la US Navy que el 2 de mayo de 2011 acabaron con la vida del terrorista más buscado del mundo: Osama Bin Laden. «Sí, somos aquí lo que ellos son en su país, pero bueno...», deja sin cerrar la frase un suboficial de uno de los estoles (equipos) en los que está dividida la unidad. Aquella operación llevó a muchos medios nacionales a preguntarse quién podría hacer en España un trabajo de esa naturaleza, dando inesperadamente minutos de tele y páginas de periódico a la Fuerza de Guerra Naval Especial. «Hay vídeos que hablan de la Fuerza y ni siquiera las imágenes son de esta unidad», asegura otro militar.

Hasta ahora la acción más conocida de uno de los estoles de la Fuerza de Guerra Naval Especial fue la liberación de la ciudadana francesa Evelyne Colombo, secuestrada por piratas somalíes cuando navegaba en compañía de su marido, asesinado y arrojado al mar. Ocurrió en septiembre de 2011 en aguas del Cuerno de África en una operación sin bajas que duró exactamente 45 segundos. Es la misión más mediática hasta ahora, porque el capitán que se jugó dos veces la vida para salvar a la mujer fue condecorado en España y Francia. Pero también hay otras acciones relevantes nada conocidas pese a salvar en ellas otras vidas.

Misiones secretas

Somalia es hasta ahora el lugar operativo más frecuentado por la Fuerza de Guerra Naval Especial. Uno de sus equipos operativos se encuentra casi de forma permanente trabajando a bordo de alguno de los barcos que España despliega dentro de la 'Operación Atalanta'. Las misiones siempre son discretas y sus detalles secretos, siempre a las órdenes de lo que disponga el mando operativo. «Trabajamos siempre por mandato del Gobierno», recuerda el comandante jefe.

Hasta llegar al momento de la intervención, los componentes de la Fuerza de Guerra Naval Especial tienen que completar un largo camino de adiestramiento y preparación. Cuando están en su cuartel de La Algameca, los componentes de los equipos operativos solo tienen un horario fijo de preparación física por las mañanas. En función de los planes de adiestramiento, el resto del día lo pueden pasar haciendo tiro o buceando. Y marcharse a casa un rato y volver por la noche para meterse de nuevo en el mar, aunque sea pleno invierno. O saltar en paracaídas, que es uno de los ejercicios más frecuentes para especializarse en incursiones en un territorio, como las que también hacen escapando desde un submarino que los acerca a la costa. O practicar el asalto a un buque en algún punto del litoral cartagenero. «Aquí casi todo es de noche», sonríe un suboficial.

Cuando 'La Verdad' visita el cuartel de la Fuerza, varios soldados practican ejercicios de tiro sin hacer un solo disparo. Ensayan una y otra vez movimientos tácticos con sus armas en la mano. Cargan, disparan y vuelven a cargar, mientras se mueven de manera estudiada entre los árboles. En esa rutina hallan el camino hacia la perfección.

El adiestramiento incluye pasar sueño, hambre y frío. Y vencer a la extenuación. Sobreponerse siempre a las condiciones más duras y exigentes, en lugares hostiles que carecen de fecha de caducidad. Porque esa es la realidad que encuentran cuando son activados. «Yo no diría que es un trabajo estresante. Es muy intenso, porque solo sabemos cuándo salimos. En zona de operaciones el trabajo es todo el día, todos los días», explica el capitán que manda el cuarto estol.

Si el entrenamiento físico y táctico es esencial, no es menor la adaptación mental para hacer este trabajo. «Lo más importante para estar aquí es tener bien amueblada la cabeza. Que hay que estar cachas, tener las piernas fuertes, también. Pero lo más importante es estar predispuesto, tener calma y ser estable, porque en este trabajo estás sometido a un estrés que solo lo puedes superar con la fuerza psicológica. Eso es lo que marca las diferencias», asegura el coronel Fiol.

En estos cuatro años de andadura, el heroico trabajo de los soldados de la Fuerza de Guerra Naval Especial ha sido reconocido con diversas condecoraciones y las visitas a su base en 2009 de la entonces ministra de Defensa, Carmen Chacón, y dos años después del Príncipe de Asturias.

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