Dora Catarineu: «No soy pintora. ¡Si cuando estaba buena, tenía unos andares que se ponía toda Cartagena en pie!»

ANTONIO ARCO
::                                                        ENRIQUE MARTÍNEZ BUESO/
:: ENRIQUE MARTÍNEZ BUESO

Dice de ella misma que es 'arrollaDora', 'desparramaDora', 'trastornaDora', 'fascinaDora', 'conversaDora', 'abusaDora' y 'animaDora'. Hablamos de Dora Catarineu, pintora y escultora cartagenera, inclasificable y 'demoleDora'. Autora de exposiciones como 'Made for Japan' y '¡Uf!', expuso en 1987 en la Documenta de Kassel (RFA) y su obra se ha visto en ciudades como Amberes, Bonn o Tokio. En unos días viajará a La Habana, invitada por un grupo de artistas e intelectuales de la isla para preparar allí, durante varios meses, su próxima exposición. Dora es Dora. 'Doraypunto'.

-¿Por qué era usted a los 13 años la niña más famosa de Murcia?

-Porque ya me habían echado de dos colegios y había sido campeona de ajedrez del Casino de Orihuela.

-¿Y por qué la echaron?

-Por exceso de personalidad. Las dos veces, por la gota que colmó el vaso. En uno de los colegios, porque una monja vio en un libro mío, haciendo de separador de páginas, una foto de su padre, ya fallecido, que ella tenía guardada en clausura.

-¿Qué le llevó a coger esa foto?

-Porque mi público me dijo: '¿A que no eres capaz de entrar en clausura y traerte algo?'. Y yo fui, vi allí la foto de un tío, con un ojo cerrado, y la trinqué y salí corriendo. ¡Era mi público el que me lo pedía!

-Ya.

-Pero es que, en el instituto, me formaron un expediente.

-Qué animado está su currículo académico. ¿Qué pasó esta vez?

-Fue por el exceso de celo. Le tiré el libro de escolaridad al director y le di en la cabeza. Yo no pensaba darle, pero como el tío era sordo, pues me daba igual. No pensaba, no pensaba, pero vaya si le di. Y me tuve que ir a Sevilla, y como quería hacer Arquitectura, me apunté a Aparejadores.

-Claro. ¿Y por qué dice usted que no es pintora?

-Porque no soy pintora. ¡Si yo, cuando estaba buena, tenía unos andares que se ponía toda Cartagena en pie! ¿Qué me dice? ¿Cómo que pintora? Si estaba buenísima y, además, me tiraba de maravilla desde el trampolín.

-¿De qué trampolín?

-De uno que había en el Barrio de los Remedios, en el club náutico. Yo era Miss Cañonero todos los veranos. Hacía el muerto, el ángel y las bombas, ¿eso es ser pintora? ¿Es que José Luis Cacho es pintor? ¡Qué va! Ni lo es, ni falta que le hace. Él es la obra.

-¿Y lo del ajedrez?

-Soy campeona de ajedrez, sí. En el Casino de Orihuela había un campeonato. Mi padre me llevaba como una cabra por todos los casinos. Tenía un entrenador de ajedrez, Ruzafa, que también me daba clases de francés. Yo pronunciaba muy bien su apellido en francés.

-¿Cómo?

-Ruzafa.

-Pero de eso hace ya muchos años...

-¡Pero tendrá su mérito, digo yo! Naturalmente, el de Orihuela fue un campeonato nacional.

-¿Por qué dejó el ajedrez?

-Lo dejé porque me casé y, mientras mi marido movía ficha, yo bañaba a la niña y le daba de cenar y todo. Y el tío allí seguía, sin mover ficha. Me dije: '¡Se acabó el ajedrez!'.

Dora Catarineu habla mientras cenamos en una terraza cubierta porque, curiosamente, ha empezado a llover. Nada, cuatro gotas; nada comparable, dice, «a los ciclones que me esperan en Cuba». Además de artista -incluso durmiendo lo es-, es una excelente cocinera que lleva ya una larguísima temporada residiendo en Murcia, alejada de su Cartagena de amores y recuerdos extremos. Sus exposiciones arrancan siempre con un plus que sus amigos y admiradores agradecen: ella misma se encarga de preparar una olla de cerdo para todos, o unos deliciosos boquerones en vinagre que vuelan en un segundo. Lo que ocurrirá en Cuba, con su estancia y las obras que allí creará, es un misterio. Es un crisol de ideas imprevisibles e imágenes de mundos fantásticos.

La crítica de Arte de este periódico, Mara Mira, dice de Dora Catarineu que «anda años desbrozando caminos por los que transitar como si nada. Nacida en un ambiente culto, el arte la atrapó desde bien joven, pero lejos de ser una joven ociosa decidió convertir aquello en profesión, algo inusual para la época». Mira recuerda que «abrió surcos en plena Transición Española y fue -y es- una artista con arrojo. Frecuentó los ambientes artísticos, mayoritariamente masculinos, y en ellos se hizo respetar porque es trabajadora y también, justo es admitirlo, porque seduce con su conversación pícara y divertida». «Todo -añade Mira- le interesa y a todos interpela, de ahí que ande siempre rodeada por artistas de generaciones distintas a la suya. Me gustaría verla en Cuba, seguro que la realidad mágica que allí palpita la reconocerá como propia. La luz centelleante y el mar de coral pueden avivar cualquier imaginación y la de Dora es receptiva, explosiva diría yo. ¡Qué tiemblen en Cuba porque va para allá una auténtica revolucionaria!».

-¿Cuándo se hizo usted artista?

-El mismo día en que nací. Yo cantaba aquello de 'por el camino verde, camino verde, que va a la ermita'. Cantaba en el jardín encima de los bancos, y la gente me aplaudía.

-¿Pero eso qué tiene que ver con el arte contemporáneo?

-Pues que yo empecé cantando y bailando, fui premio extraordinario fin de carrera de Ballet. Yo he bailado con Enrique el Cojo, en Sevilla.

-¿Cuándo supo que se dedicaría a pintar?

-¡Y dale con lo de pintora! Cuando me suspendieron en Descriptiva y Dibujo, en Aparejadores, fui a pintar a una escuela que era de una bailarina muy pija. Me gustó. Mi madre también era pintora, aunque se dedicó más a la decoración; decoró unas 'boutiques' de Sevilla como nadie.

-¿Qué está haciendo?

-Cenando, ¿estamos cenando o no estamos cenando?

-No digo ahora.

-Preparando mi viaje a Cuba y con mis líos privados, que como son privados y son mis líos, mejor los dejamos tranquilos.

-Le preguntaba por el trabajo, por lo que lleva entre manos.

-Hombre, trabajar, trabajar... Lo último que he hecho son unos licores de melocotón y de paraguayos buenísimos. Facilísimos de hacer y riquísimos. No hay que ponerles ni azúcar, porque ya la llevan puesta ellos. ¿Le gustan los paraguayos? Y hago también licores adelgazantes.

-¿Licores adelgazantes?

-Me llevo de una tienda todas las hierbas que tengan para adelgazar, ¡tras pagarlas!, y mi amigo Juanito me trae el aguardiente. Las meto todas en el aguardiente y las tengo cuatro meses. ¡Te lo tomas después de comer y te quedas nuevo!

-¿No está pintando?

-No estoy pintando nada porque, ahora mismo, la verdad es que no tengo mucha cola para comprarme obras. ¿Y para qué quiero tener todo el almacén lleno de bultos con los que ir dándome tropezones en los tobillos?

-¿Cuándo se va a Cuba?

-El 17 de julio. Calculo que estaré allí varios meses.

-¿Le apetece mucho?

-Sí, aunque me voy justo en la época de los ciclones.

-¿Qué hará allí?

-Han puesto a mi disposición los estudios de los pintores y me lo tienen todo preparado. Se viene conmigo una psicóloga, pero no porque yo necesite a una psicóloga, sino porque es psicóloga y se viene conmigo.

-¿La ha invitado el régimen?

-Bueno, el régimen, el régimen. Yo me voy a ir a comer a los paladares y me voy a poner como el kiko. Según la FAO, en Cuba come todo el mundo y hay Sanidad y Educación públicas para todos. Yo soy la persona más de izquierdas que conozco.

-¿Le cae bien Fidel Castro?

-Me cae mejor Silvio Rodríguez.

-¿Y espera poder conocerle?

-Ya lo conocí. Fui a un concierto que dio en Ceutí, y le dije: 'Tengo todos sus discos'. Y me vine llorando todo el camino de Ceutí a Cabo de Palos.

-¿Por qué lloraba?

-Porque lo que tenía que haberle dicho es: 'Quiero casarme contigo'.

-¿Dónde expondrá en Cuba?

-Eso está por concretar. Voy a hacer diez esculturas y diez cuadros. Mi sueño dorado es dejar toda esa obra en el Museo de Arte Contemporáneo de La Habana, pero ya veremos. Aquí, en Murcia, no hay movimiento artístico ninguno. Lo que no voy a hacer allí es pintura folclórica, con las guitarras, las trompetas y las camisas de flores, para caerles simpática. Ni voy allí a hacerme la lista. Voy abierta y voy a aprender de los artistas cubanos. No es que yo esté empezando, porque ya estuve hace años seleccionada en la Documenta de Kassel, pero me gusta aprender de la gente interesante.

-¿De qué está harta?

-¿Harta? Yo estoy feliz viviendo sola, aunque estaba mejor con mi perra, Abril, a la que atropellaron el Día de la Madre. Estoy muy triste, pero también me viene bien porque a Cuba no podía llevármela.

-¿Cómo ve este país?

-¿Y usted me pregunta que por qué quiero irme a Cuba? Cuba se está abriendo y este país se está cerrando. La gente aquí está triste y amargada. Bueno, no todos. Ahí está [Luis] Bárcenas, que los tiene a todos cagados y hace lo que le da la gana.

-Pero es un sinvergüenza.

-No más que todos los demás que no quieren que sepamos sus nombres.

-¿Decepcionada?

-En este país no se ha tenido vergüenza. Felipe González fue el primero que no la tuvo. Todo empezó con Felipe, porque Adolfo Suárez lo que hizo siempre fue dar buen ejemplo. Y Zapatero también es un encanto de tío, y su mujer no quería estar en La Moncloa; ella, con su coro y con sus niñas gordas, como las de EE UU, se apañaba. Las criticaban por ir vestidas de góticas, ¡pero si es la última moda! Prefiero a esas niñas a la de Aznar, con la que no me sentaría a la mesa ni un segundo.

-¿Y cómo está Murcia?

-Uy, muy bonita, ¿no? Y no diré más porque no quiero líos. [Risas]

-¿Cómo se despeja?

-Con la música y viendo películas. Soy compulsiva a la hora de bajármelas. Me compro 'Fotogramas' y, a los dos meses, me lo clavo.

-¿Gratis?

-¡Para pagar estoy yo! Y cuando me apetece, me pongo a bailar flamenco o algo de ballet, pero jamás el 'Bolero de Ravel'. Yo hice ballet español clásico porque, vestida con el tutú, tenía una cara de gitana que se veía desde el otro lado de la frontera.

-¿El piano lo toca?

-Claro, y el bombo y los mambos. Cuando me separé, me metí en una banda celta de gaitas.

-Además de pintar y esculpir, ¿qué le gustaría hacer en Cuba?

-Si pudiera, quitarme la celulitis. Nunca la he tenido y ahora me ha salido.

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