Las jacarandas de Gontzal

Me impresionó su seriedad como periodista, comprobar que sabía más de mi libro que yo

JUANA J. MARÍN SAURA POETISA

Esta semana he abierto muchas veces el correo electrónico por si hallaba su puntual regalo: las jacarandas en flor que llenan algunas zonas de Murcia. Le gustaba atraparlas con su cámara y enviárnoslas, año tras año, como hermoso saludo colorista de luz a los amigos. Me extrañaba no recibir sus jacarandas sin acento, porque no nos gustaba la palabra acentuada. Gontzal amaba el arte, el coleccionismo, el cine&hellip la fotografía, que hacía bien, muy bien, tan extraordinariamente bien como su trabajo de periodista cultural, que ejercía con la humildad, la agudeza y la inteligencia de los grandes, con respeto, cuidado, amor a las palabras que sabía envolver de mágicas sensaciones. Profesional por encima de todo, me sorprendió un lejanísimo día de 1990, tras leer uno de mis libros comprado en una conocida librería de nuestra ciudad, se propuso localizarme para entrevistar. Se me presentó telefónicamente, pidiéndome un día para quedar -iría acompañado de un fotógrafo- y puntuales nos encontramos, por primera vez, en la Plaza de Santo Domingo. Me impresionó su seriedad como periodista, comprobar que sabía más de mi libro que yo, que en el fondo era un gran intelectual, un tímido con alma de poeta, que se ajustaba a su trabajo y le ruborizaba tratar su propia creación. Era como un niño grande con muchas ideas luminosas. Me coartaba que todo lo que hablábamos lo recogía en su pequeño magnetófono para que no se le escapase ni un detalle de mis palabras. Así era Gontzal rigurosamente profesional. Estoy segura de que el archivo de grabaciones que guardara a lo largo de los años es una joya irrepetible. Nos hicimos buenos amigos desde aquel día. Tuvimos más entrevistas, le presenté amigos, me presentó a su querida Inma. Alguna que otra cena, alguna que otra ironía, risas&hellip me hizo partícipe de la llegada de Sixto que tanta ilusión trajo a Gontzal.

Nos vimos por última vez el 13 de febrero pasado, vino acompañado por un amigo que no conozco, en el Hemiciclo de la Facultad de Letras donde le había invitado a mi lectura, me alegró muchísimo verle, así se lo expresé (sabiendo que no acostumbraba a ir a estos eventos), me pareció que estaba bastante bien, recuperado y con una imagen fenomenal. Nos dimos un fuerte abrazo, mi gratitud por su presencia y nuestro pendiente café en alguna de las plazas de Murcia&hellip Quedé esperando sus puntuales jacarandas que finalmente no llegaron&hellip Imagino andará buscándolas por algún jardín de su querido Bilbao, atenta su cámara y su magnetófono, atento por si pudiera grabar algún mensaje.

Más tarde volveré a consultar mi correo electrónico, ¡por si acaso Gontzal!

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