En busca de 'El Dorado' energético

Piden a la Administración que impulse la prospección de hidrocarburos, mientras los ecologistas alertan de su impacto ambiental. Las empresas estiman que en España hay reservas de gas que equivalen a 70 años de consumo

JORGE MURCIAMADRID.

A mediados de los años 60, la localidad burgalesa de Ayoluengo se convirtió en el epicentro de un sueño anhelado por las autoridades del régimen franquista: la autarquía energética del país. Allí, en el noroeste de Burgos, se localizaron las primeras reservas de petróleo y gas en suelo español. Hoy en día, el de Ayoluengo es el único campo en tierra firme de petróleo comercial que se mantiene en producción (unos 200 barriles diarios).

A partir de este descubrimiento, los sondeos en busca de hidrocarburos tomaron un importante impulso, que alcanzó su cénit a comienzos de la década de los 80. Desde entonces, y una vez constatado el limitado alcance de los recursos energéticos -tanto en tierra como el mar- y los elevados costes de prospección, el número de pozos perforados fue cayendo de forma sostenida hasta quedar reducido prácticamente a la nada. Sin embargo, las nuevas técnicas extractivas -fundamentalmente el 'fracking'-, que permiten sacar hidrocarburos de yacimientos no convencionales, han espoleado el interés de las compañías del sector para lanzarse de nuevo a la búsqueda de 'El Dorado' energético. Estas empresas, agrupadas en la Aciep (Asociación Española de Compañías de Investigación, Exploración y Producción de Hidrocarburos y Almacenamiento Subterráneo), insisten en la necesidad de «potenciar la producción de hidrocarburos para reducir la dependencia energética».

La Aciep destacó, en unas jornadas celebradas recientemente bajo el título de 'Retos de la Exploración y Producción de hidrocarburos en España', que en 2012 la balanza comercial española tuvo un saldo positivo de casi 15.000 millones de euros si se excluía el componente energético. El pasado viernes, el Gobierno actualizó esas cifras y elevó ese superávit hasta los 7.173 millones solo en los tres primeros meses de este año. Si, por contra, se tiene en cuenta el coste de la energía -importada en su mayor parte-, el saldo positivo de la balanza comercial se queda en 634,9 millones de euros. La mayor participación de las energías renovables y el carbón autóctono en la generación de energía ha permitido reducir de forma paulatina la dependencia energética del país: en 2012 se situó en el 70,8%, a considerable distancia del 81,8% registrado en 2006. Con todo, España sigue importando la práctica totalidad de los hidrocarburos (petróleo y gas) que necesita.

Las compañías del sector estiman que en el subsuelo del territorio español hay recursos petrolíferos «equivalentes al 20% del consumo total en España durante 20 años», y de gas como para alimentar el consumo durante 70 años. Los recursos gasísticos son fundamentalmente no convencionales -'shale gas', o de esquisto-, y se concentran en la vertiente Cántabro-Pirenáica. En cuanto a los de petróleo, son convencionales y se hallan entre la cuenca del Golfo de Valencia y en las Islas Canarias.

«Las administraciones deberían impulsar las inversiones en España y el desarrollo de un sector industrial de alto valor añadido», manifiesta Antonio Martín, presidente de la Aciep. «Europa no puede ignorar sus recursos», asegura por su parte el subdirector general de hidrocarburos, Santiago López. Martín añade que en España hay conocimiento, tecnología y una estricta legislación «que garantiza las mejores prácticas ambientales».

«Aquí hay sol y viento»

Los ecologistas ponen en cuestión todos los argumentos de la Aciep. Juan López de Uralde, miembro de la Comisión Ejecutiva Federal de Equo, mantiene que «el de reducir la dependencia energética es un argumento que se puede aplicar a las renovables. Si algo tiene España es sol y viento. Parece mentira que nuestro país abandone estas fuentes de energía para invertir en explotaciones con un gran impacto ambiental y que no garantizan el resultado».

Gavin Kretzschmar, profesor de EADA, especialista en fuentes energéticas fósiles y renovables, cree que «hay que ser muy exigentes, sobre todo en áreas de alta densidad de población» a la hora de conceder permisos de exploración porque, sostiene, «no existe prospección sin riesgo». Kretzschmar considera «lógico» el interés en buscar nuevos recursos, dado que el gas europeo «es probablemente el más caro del mundo». Pero le resulta «curioso» que España haya experimentado un gran avance tecnológico «en energías poco intrusivas como la solar o la eólica y sin embargo su utilización no haya estado en consonancia».