«En la traducción también hay creatividad»

La UMU acoge hoy un encuentro con los traductores de 'Harry Potter' y 'Cincuenta sombras de Grey'

ROSA MARTÍNEZMURCIA.
«En la traducción también hay creatividad»

Son autores en la sombra, pues en ellos también hay un hueco para la creatividad y de su pluma salen algunos de los detalles, que por anecdóticos, quedan en la memoria colectiva de muchos lectores; generalmente, nombres necesitados de una traducción más fácil de pronunciar, pero a veces, también algo más. La Facultad de Letras de la Universidad de Murcia acoge hoy, a partir de las 16.00 horas, el primer Encuentro de Traductores que organiza el máster de Traducción Editorial de la UMU. Una cita a la que acudirán Puerto Barruetabeña, Adolfo Muñoz, Daniel Cortés y Pilar Ramírez, encargados de desvelar las claves para realizar una buena traducción.

«Un libro nunca se plasma exactamente igual, siempre hay pequeños detalles que necesitas cambiar y para los que tienes que buscar tus propias soluciones. En la traducción también hay mucha creatividad». Habla Puerto Barruetabeña. Ella es la autora de la traducción al español de 'Cincuenta sombras liberadas', la tercera entrega de la popular trilogía de James E. L., 'Cincuenta sombras de Grey'. Su firma solo aparece en el último volumen porque la traducción de los tres ejemplares se hizo de forma simultánea. El libro, dice Barruetabeña, se había vendido muy bien en Estados Unidos y la editorial tenía prisa por que llegara a las librerías españolas. Con un plan de trabajo a contrarreloj -la traducción se hizo en dos meses- no fue casualidad que pensaran en ella para formar parte del equipo encargado de llevar a cabo el trabajo, ya que es especialista en la traducción de novela erótica y romántica. De hecho, cuenta, «no me supuso ninguna dificultad, no era la primera vez que traducía este género y me enfrenté a él con bastante seguridad. Lo más complicado fue unificar criterios con el resto de las compañeras. Los traductores estamos acostumbrados a trabajar solos, en nuestro universo», apunta la traductora, quien confirma que para abordar este género literario las editoriales prefieren a mujeres: «Las chicas estamos más cerca de lo que se expresa».

Hasta 'Cincuenta sombras liberadas', dice Barruetabeña «no había traducido un libro que conociera todo el mundo», aunque eso tampoco le genera mayor satisfacción. «Cuando nos propusieron el trabajo sabíamos que había funcionado muy bien fuera pero no sabíamos cómo iba a resultar aquí. Lo traduje completamente ajena al fenómeno». Sobre la popularidad que la trilogía ha adquirido más tarde no sabe a qué se puede deber; el libro, asegura, «no es novedoso. Yo ya había traducido antes otras novelas parecidas. Además, el sadomasoquismo suele ser un tema que provoca rechazo y el libro tampoco está muy bien escrito, es muy plano y se repite mucho. La gente me ha llegado a decir que le gusta más la traducción que el original».

También ha trabajado ajeno a la popularidad del personaje al que daba vida en castellano Adolfo Muñoz. Él cobija en su 'currículo literario' la traducción de tres volúmenes de Harry Potter, además de varios relatos de Sherlock Holmes y obras como 'El cuervo', de Edgar Allan Poe. Pero fue con el mago de Hogwarts con el que empezó en el mundo de la traducción, pese a que no tenía una formación específica. Ahora no concibe la escritura sin la tarea de 'doblar' las palabras al castellano. «Los traductores -dice- también somos autores. Hay mucho en una novela que depende del traductor, por eso cuando uno decide traducir un libro asume que va a crear una obra distinta. A veces la exactitud puede pasar a un segundo plano porque lo importante es reproducir las sensaciones que intenta transmitir el autor». El éxito de Harry Potter es, para Muñoz, «una novela bien construida y con muchas sorpresas».

Pese a la diversidad de géneros con los que trabajan ambos profesionales, coinciden en que la clave para una buena traducción es «la naturalidad de la narración. Que suene como si estuviera escrita en español», y eso, dicen, «se consigue teniendo en cuenta al lector y no al escritor».