El médico Risueño hizo carrera en París

JOSÉ MONERRI/ CARTAGENA
Plaza de Risueño, con el monumento a la Inmaculada en el centro. :: ANTONIO GIL / AGM/
Plaza de Risueño, con el monumento a la Inmaculada en el centro. :: ANTONIO GIL / AGM

Una de las plazas típicas de Cartagena es la de Risueño (y no del Risueño como algunos equivocadamente la mencionan) y que debe su nombre al doctor Benigno Risueño de Amador, situada en pleno casco antiguo entre la calle de la Caridad y la de Don Roque y del Duque. En su centro existe un monumento dedicado a la Inmaculada Concepción.

Esta plaza se formó al hacerse el ensanche de la ciudad en el siglo XVII por la Hoya de Heredia y para ello adquirió el Concejo algunos bancales y barracas que habían en aquel paraje, marcado en el plano con destino a plaza, como señala el cronista Federico Casal. Los primeros edificios construidos se destinaron para cuadras y caballerizas de donde le vino el nombre de plaza de las Caballerizas o de las Cocheras; mas como a la del Duque también se la denominaba así, para evitar confusiones, el pueblo la llamó plaza de los Caballos.

El 12 de abril de 1755 los vecinos de la plaza la asearon y la limpiaron e hicieron una hornacina poniendo en ella una estampa de San José, a la que encendían luz todas las noches. La Corporación acordó que la plaza de los Caballos cambiara su nombre por el de San José, pero no prosperó. Por cierto, que en ese mismo año de 1755, la Hermandad de San José, constituida por el Gremio de Carpinteros, consiguió licencia para celebrar cuatro corridas de toros, concediendo el Cabildo el permiso con la condición expresa de que, antes de dar las funciones de toros, reconocieran los tablados y gradas los alarifes titulares.

En 1795 se construyeron en el centro de la plaza seis barracas de madera destinadas a la venta de frutas, hortalizas y comestibles, prohibiéndose la de pescados. En 1830 hubo barracas fijas, vendiéndose también pescado y en el centro existió una fuente para el lavado de pescados y verduras. Las barracas desaparecieron en 1882 al inaugurarse el mercado de la Merced en el edificio construido por Spottorno en el solar del antiguo convento de los frailes mercedarios, donde después estuvo instalado el cine Sport, que cambió su nombre por el de cine Central.

Nacido en la calle Caridad

Fue en abril de 1884 cuando el Cabildo municipal acordó dar el nombre de plaza de Risueño a la plaza de los Caballos, en recuerdo de la famosa lumbrera de la ciencia médica Benigno Risueño de Amador, nacido en Cartagena el 13 de febrero de 1802, en la casa número 3 de la calle de la Caridad, en la que se colocó también una lápida haciéndose constar dicha circunstancia.

Benigno era hijo de Juan Risueño y María Amador y fue bautizado en la iglesia de Santa María de Gracia, imponiéndosele los nombres de Benigno Juan José Isidoro. Su padre, primer médico titular y de la Junta de Sanidad, solicitó al Cabildo, por carecer de medios debido a su dilatada familia, ayuda para que hijo Benigno, de 12 años, que había concluido los estudios de latinidad, pudiese cursar la carrera sacerdotal en el seminario conciliar de San Fulgencio, en Murcia, dirigiendo memorial al obispo de la diócesis para que se le concediera beca de gracia.

Tras una primera negativa, el obispado le concedió la beca, cursando de 1814 a 1822, tres años de Filosofía, cuatro de Sagrada Teología y uno de Cánones. En 1822 se posesionó de la cátedra de Filosofía, después de haber sido Pasante de Teología, Filosofía y Humanidades. Gozaba de la simpatía y protección del obispo Antonio de Posada Rubín de Celis. En 1820, Risueño ocupó la cátedra de la iglesia de la Caridad en el último día de la Novena a la Patrona.

Pero Benigno Risueño, a pesar de sus hábitos, era de espíritu altamente liberal, por lo que fue víctima de la rivalidad de algunos. El 13 de octubre de 1821 pronunció en Santa María de Gracia una oración fúnebre en las exequias del mariscal de campo Felipe Arco Agüero, lo que le hizo sentir sobre su cabeza las iras del absolutismo y tuvo que abandonar Cartagena en 1823, siendo Francia su asilo.

En el país galo empezó a estudiar Medicina. Muerto en París un profesor de Anatomía llamado Moreau de la Sarthe, la Academia convocó oposiciones para su rica biblioteca, a la que se presentaron 5.000 solicitudes. El emigrado español, salido de la cátedra de Montpellier, fue el vencedor, al que también se le adjudicó el título de catedrático de la Segunda Facultad Médica de Francia.

El Ayuntamiento de Cartagena, con fecha 20 de agosto de 1829, se apresuró a felicitar a su hijo predilecto, uniendo la referencia al Seminario de San Fulgencio y a la Real y Pontificia Universidad de Orihuela, replicando Risueño el 15 de diciembre del mismo año, expresando su orgullo de ser cartagenero. El Ayuntamiento solicitó del Rey una beca para Risueño, así como la Cruz Chica de la Orden de Carlos III, pero fue la reina gobernadora la que en 7 de noviembre de 1836 le otorgó la Gran Cruz de Isabel la Católica. A Risueño se le pidió en 1837 un retrato para que figurase en el salón de sesiones. Murió sin enviarlo, por lo que hubo que recabar uno de sus familiares, el cual fue instalado el 8 de agosto de 1866.

Benigno Risueño falleció a los 47 años, el 4 de agosto de 1849. Ostentaba los siguientes títulos: profesor de Patología y Terapéutica generales de la Facultad de Medicina de Montpellier; miembro correspondiente de la Real Academia de Medicina; de las Academias de Cádiz y de Murcia; de las Sociedades Reales de Bruselas y Marsella y era Caballero de la Orden de Isabel la Católica.

El Ayuntamiento, en la época del alcalde Alfonso Torres, acordó erigirle un monumento, cosa que no se ha llevado a efecto. Pero la memoria de Risueño subsiste en esa plaza que lleva su nombre y que preside el monumento a la Inmaculada Concepción.

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