Cómo pararle los pies al fuego

Expertos recrean un incendio en un gran recinto y advierten de que la ley actual tiene algunas lagunas

A. NEGREMURCIA.
Un bombero se retira tras generar una llama de siete metros para el experimento.  Foto: Nacho García/ AGM | Vídeo: laverdad.es/
Un bombero se retira tras generar una llama de siete metros para el experimento. Foto: Nacho García/ AGM | Vídeo: laverdad.es

El Centro Tecnológico del Metal fue testigo ayer de un experimento pionero en Europa que busca aumentar la seguridad de los grandes edificios ante el fuego. Investigadores de la Universidad de Jaén y de la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid) reprodujeron en estas instalaciones una llama de más de siete metros de altura para tratar de estudiar cómo se comporta el fuego y el humo en recintos amplios y diáfanos, como centros comerciales, aeropuertos, teatros... Con la imagen aún en la retina de la tragedia vivida en una discoteca de Brasil -en la que un fuego se cobró la vida de 231 personas-, estos expertos advirtieron de que, en ocasiones, la normativa actual de medidas 'antiincendios' «se queda corta» e hicieron hincapié en la necesidad de seguir ahondando esta materia. «La seguridad no es un problema si el edificio está bien diseñado», recalcó Gabriele Vigne, responsable de la consultora de ingeniería Fire and Risk. «Lo que pasa, en países como España, es que se aplica la normativa y la gente piensa poco más en esto».

Las amplias dimensiones de la Nave del Fuego del Centro Tecnológico del Metal atrajeron ayer a Murcia a investigadores de diferentes puntos del país. «Esta nave es única en Europa», explicó Vigne. «La comunidad científica suele hacer experimentos, pero a escala reducida». La amplitud de esta instalación permitió a estos expertos reproducir una llama de gran envergadura y estudiar así, de forma real, diferentes aspectos como el movimiento del humo, la eficacia de los sistemas de extracción o la temperatura que alcanza el recinto. «Vamos a medir temperaturas a lo largo de todo el volumen e intentar controlar la altura de la capa de humos», precisó Alexis Cantizano, director del máster en Ingeniería de Protección contra incendios de la Universidad de Comillas (Madrid).

Nada más prender fuego al heptano, la amplia sala comienza a llenarse de un humo que corre a filtrarse por los ventiladores del techo. Conforme avanzan los minutos, sin embargo, el sistema de ventilación comienza a mostrarse insuficiente y la sala se llena de humo. El experimento llega a su culmen. El sistema de sensores instalado por toda la nave revela que, en la zona del techo, se han superado los 400 grados centígrados. «Es importante saber dónde llega el humo, cuánto tiempo tarda y por qué la gente muere más a causa del humo que por el incendio en sí», recalcó Vigne.

Cándido Gutiérrez, investigador y doctor del área de Mecánica de fluidos de la Universidad de Jaén, explica que la peligrosidad de los grandes recintos, tipo atrio, «es que, al estar todos los pisos comunicados, el humo se propaga. No queda confinado en una habitación como pasa en recintos pequeños, si no que pone en peligro la vida de todos los ocupantes del edificio». Por este motivo, insisten en que «cada edificio debería ser estudiado en singular» y recalcan que estos recintos «podrían ser muchísimos más seguros» si se tomara más en cuenta la investigación en la materia. Este experimento, esperan, es un paso importante en este camino.

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