Fallece Antonio Díaz Bautista, catedrático de Derecho Romano

Enamorado profundamente de la cultura, también practicó la pintura y presidió la Asociación Pro Música

PEDRO SOLERMURCIA.
Antonio Díaz Bautista, profesor de Derecho, acuarelista y erudito musical. Foto: G. Carrión/ AGM/
Antonio Díaz Bautista, profesor de Derecho, acuarelista y erudito musical. Foto: G. Carrión/ AGM

Pese a esa apariencia de 'Caballero de la triste figura' -como don Quijote de la Mancha- con que García Martínez lo definió en su 'Entrevista impertinente', era hombre de un humor impredecible y, casi siempre, oculto. Y, eso sí, desde la altura de sus ojos achinados vislumbraba cuanto sucedía en su entorno. Que así era, lo demostraba en los artículos dedicados a la variedad de temas que surgían en el trasiego de su multiplicada labor. Desde hace semanas se temía por su vida, que, definitivamente, se evaporó ayer. Con la muerte de Antonio Díaz Bautista desaparece «una fuente de sabiduría y bondad». Así podía leerse incluso en las frías huellas de Internet, donde también se pedía que no llegase a producirse esta ausencia definitiva. El destino se ha impuesto, y quien durante muchos años ha ejercido como catedrático de Derecho Romano en la Universidad de Murcia (UMU), falleció anoche, a las nueve, tras permanecer largo tiempo hospitalizado debido a las complicaciones provocadas por una operación de cadera, que han acabado con su vida. Ayer mañana, el rector de la UMU, José Antonio Cobacho, sin deseo de presentir el futuro, había dedicado unas emotivas palabras de ánimo al respetable catedrático, en la celebración universitaria en honor de Santo Tomás de Aquino.

Antonio Díaz Bautista nació en 1943 en Murcia, en un edificio situado en la plaza de Camachos que albergaba una panadería abierta en el siglo XVIII. «Recuerdo -afirmaba- el olor al pan caliente, con aceitico», o «cuando se echaba la calda, que era leña montuna». Transcurrió su infancia en la pedanía de Cobatillas, donde su padre ejercía como maestro. Y fue la profesión paterna lo que influyó decisivamente en el interés que demostró siempre por ejercer en el mundo de la cultura, en el que tan sumido estuvo a lo largo de su vida. Lo expresan, al margen de sus enseñanzas universitarias, su afición por la pintura y por la música.

Desde un principio, aceptó las exigencias estudiantiles, no como una imposición paterna, sino por el convencimiento pleno de que era la mejor forma de desarrollar las ansias formativas que le influían, en una situación de difícil supervivencia, como fueron los años vividos tras la guerra civil española. Si de su padre recibió más directamente la ilusión por el estudio, de su madre heredó el sentido del humor, capaz de sacar punta a todo, sin recurrir al chascarrillo, pero sí haciendo uso del disimulo y la seriedad. Por esto, a veces era difícil entender sus toques humorísticos.

Estudió Magisterio y Derecho en la Universidad de Murcia y amplió estudios en Alemania. Poco después de finalizar la carrera, fue nombrado ayudante de Derecho Civil, y al año siguiente, adjunto interino de Derecho Romano, asignatura de la que se responsabilizaría durante cuatro años por ausencia del catedrático titular. También se dedicó a la investigación hacia cuestiones de Derecho Civil, y colaboró en la ordenación de la biblioteca del seminario de Derecho Privado.

Fue en 1970 cuando leyó su tesis doctoral, que versó sobre 'El arrendamiento de automóviles', con la que obtuvo la calificación de sobresaliente cum laude. Instalado en su cátedra universitaria, no cesó en sus trabajos de investigación, que se vieron transformados en publicaciones, a través de artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras, y en distintos libros sobre Derecho Romano. También dirigió diversas tesis doctorales y coordinó trabajos sobre su especialidad docente.

Preocupado por la actualidad

Casado con Carmen María Cremades Griñán, profesora de Historia en la Universidad -fue elegida diputada por el Partido Popular en los años 1993-1996-, el matrimonio tuvo dos hijos, Carmen María y Adolfo, dedicados a la abogacía y a la enseñanza universitaria. Al margen de su situación profesional, la personalidad de Antonio Díaz Bautista estuvo profundamente marcada por su visión exacta de la actualidad y su implicación directa en los problemas que más directamente le afectaban. Por esto, sus artículos eran el reflejo de esas inquietudes, que podrían surgir por el anuncio de la eliminación de las lenguas clásicas de la enseñanza o de la crisis en que se ve envuelta España.

Y había en la personalidad de Antonio otra marca profunda e imborrable, que se resumía en la respuesta que buscaba: era su entrañable amor a la tierra en que nació. Defendía el lanzamiento y reconocimiento de Murcia en todos los espacios, porque según afirmaba, «la asignatura pendiente de esta tierra es la proyección al exterior». Se lamentaba de que en muchos lugares de España y, principalmente en el extranjero, el nombre de Murcia no sonase con la notoriedad y sonoridad que la Región merecía. Y de manera más práctica y tangible, este amor se palpaba a través de sus comentarios y artículos en el diario 'La Verdad', en sus acuarelas o en sus intervenciones públicas.

En algunos de sus artículos recordaba su infancia huertana, «cuando tomábamos el fresco a la puerta de las casas», o cuando «los zagales, sentados en la mesa de camilla, teníamos que colaborar en la trabajosa tarea de desgranar los pésoles, siempre bajo vigilancia, porque al menor descuido nos comíamos crudas aquellas rodantes esmeraldas». También glosaba el sabor de las almendras y de los frutos más deliciosos, o cuando los huertanos consumían mucho queso, siempre acompañado de oloroso vino tinto. Eran demostraciones naturales de que no había olvidado su estancia huertana, cuando era niño.

La visión más colorista y directa de esas referencias asoma a través de su pintura, a la que se dedicó, como leal aficionado, desde muy joven, cuando conoció y trató a notables artistas que le impulsaron a pintar. Confesaba que le gustaba descansar haciendo algo distinto, y buscaba que los espectadores escuchasen el leve sonido de las cosas que quería dejar impreso en sus cuadros. Embebido en la técnica de la acuarela, que definía como «femenina, delicada y encantadora», sus obras son de corte figurativo y tradicional. En sus cuadros, Díaz Bautista recoge ambientes, rincones, objetos, paisajes y celebraciones muy típicas, que transcurren por la florida maceta, la casa del campo ruinosa o la popularidad de los desfiles de Semana Santa, de la que también fue pregonero oficial en Murcia, en 1993. Tres años después, el Cabildo Superior de Cofradías lo distinguió con el Diploma al Mérito Artístico.

Erudito musical

En la trayectoria personal de Antonio Díaz Bautista no puede olvidarse su entusiasmo por la música, como ha podido comprobarse no solamente a través de la veterana sección 'Lunes de música', que hasta hace unas semanas publicó semanalmente en este periódico, para comentar las más recientes grabaciones de música clásica aparecidas en el mercado. También era presencia asidua en la mayoría de los conciertos, porque no en balde ejerció como presidente de la Asociación Pro Música de Murcia. En marzo del pasado año, dentro de la cuarta edición de los premios 'Pro Músico del año 2012', se reconoció su labor, galardonándolo en la modalidad de 'personas comprometidas con la causa musical'.

La muerte de Antonio Díaz Bautista es motivo de dolor profundo, en el seno de la Universidad de Murcia, en los ambientes culturales, entre sus amigos y, mucho más intensamente, para su viuda e hijos. Abandona este mundo un hombre bueno, digno y culto. Su entierro se celebrará mañana. Sus restos mortales fueron trasladados al Tanatorio de Jesús.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos