Comienzan a demoler la lonja Miguel en la playa de La Ribera

Los obreros de una empresa de derribos comenzaron ayer a desmantelar la instalación situada en la playa de la localidad

ALEXIA SALAS
Los técnicos de la firma de demoliciones ante la lonja. Foto y vídeo: A. Salas/
Los técnicos de la firma de demoliciones ante la lonja. Foto y vídeo: A. Salas

La lonja Miguel, desalojada por Costas hace casi dos años, pronto será borrada del paisaje costero del Mar Menor. Los obreros de una empresa de demoliciones comenzaron ayer a desmantelar la instalación situada en la playa de Santiago de la Ribera. La pala terminará de derribar la típica pescadería, uno de los negocios emblemáticos de La Ribera. Se trata de una de las dos pescaderías situadas en el espacio de dominio público marítimo terrestre, que llevan pleiteando los últimos años por prolongar su continuidad en la costa de la laguna. Según informó el jefe de la Demarcación de Costas, Andrés Martínez, la lonja Miguel concluyó su concesión administrativa para funcionar en la zona de dominio público en 2001 y pudo alargar su permanencia con sucesivos recursos hasta 2010.

Las pescaderías de La Ribera no se podrán beneficiar de la visión más permisiva de la nueva Ley de Costas anunciada por el Gobierno, ya que «no es retroactiva. Si un expediente administrativo se inicia con una ley, termina fallándose según esa misma ley», indica Martínez. El jefe de Costas señala que la pescadería Lonja Mar Menor, situada justo al lado de la de Miguel y pendiente de la resolución del último recurso, «tampoco se verá beneficiada por la nueva Ley».

La orden de cierre y desalojo de la pescadería motivó hace casi dos años una manifestación en La Ribera, encabezada por todos los representantes políticos locales, para pedir frenar el derribo de este típico restaurante costero. Desde su cierre, se ha convertido en centro de polémica, ya que a su aspecto cada vez más deteriorado, que ha ofrecido una imagen negativa a los bañistas durante el verano, se ha sumado la presencia de ocupas que tuvieron que ser desalojados por la Policía. El Ayuntamiento terminó por tapiar las puertas y ventanas para impedir la entrada al local clausurado.

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