El 15-M ya tiene su película

Basilio Martín Patino rompe su retirada del cine y a los 82 años filma las acampadas en Sol

O. L. BELATEGUIVALLADOLID.

Hace justo diez años, Basilio Martín Patino anunció su retirada en el homenaje que le brindó la Seminci. «Yo no he nacido para ser director», confesó. «Lo dejo porque esta profesión no da más de sí, no comprendo el cine actual». El autor de títulos fundamentales del cine español, como 'Nueve cartas a Berta' y 'Canciones para después de una guerra', vivía feliz entre su Salamanca natal y su caserón en el Madrid de los Austrias. Hasta que una mañana se dejó arrastrar por la algarabía que venía de la Puerta del Sol. Y decidió, con 83 años que cumplirá la próxima semana, volver a empuñar la cámara.

'Libre te quiero' toma su título de los versos de Agustín García Calvo, asiduo en las protestas del 15-M, que canta Amancio Prada: «Libre te quiero/como arroyo que brinca/de peña en peña/pero no mía». Martín Patino rodó durante 30 días y 30 noches el quimérico campamento montado en el centro de Madrid. Sin narrador ni voz en off, sin explicaciones previas ni composiciones de lugar, el documental estrenado en Valladolid bucea en el frenesí de las protestas. Los discursos entre viandantes, la organización de los acampados, la ola de solidaridad. De los despertares ilusionados en un saco de montaña a las cargas policiales que acabaron con un movimiento copiado en todo el mundo.

«El 15-M fue una reacción hermosa; qué coño, una fiesta», alaba Martín Patino. «Por fin había un acuerdo en torno a algo. Me metí en todo aquello porque me pareció emocionante y decidí que había que capturar esa conmoción colectiva. Rodamos sin guión, como un acto gozoso». Las 25 horas de metraje se han condensado en una. Inútil tratar de descubrir cuál ha sido el criterio en el montaje: el director sufre pérdidas de memoria y a cada rato se le va el hilo del discurso. «Estoy viejo. Se me olvida todo».

Martín Patino tiene claro, sin embargo, que no es «un apóstol de nada» pese a figurar en las enciclopedias como uno de los cineastas españoles más combativos. Su filmografía ha sido una lucha contra la censura. En su corto 'Torerillos' (1963) el censor le pidió que retirara el humo de un tren argumentando que «ensuciaba el paisaje de Castilla-La Mancha, ya de por sí feo». 'Queridísimos verdugos (1973)', con entrevistas a verdugos de la época y a familiares de ajusticiados, y 'Caudillo (1974)' se realizaron de forma clandestina y solo pudieron ser estrenadas tras la muerte de Franco.

El director no se acuerda muy bien de los detalles de 'Libre te quiero', pero recuerda perfectamente al policía bajito y gordito que venía a buscarle casi todos los días cuando militaba en la lucha antifranquista. «Se llamaba Yagüe y casi terminamos por hacernos amigos. Nos llevaba a una habitación siniestra en la Puerta del Sol y a las chicas les daba unas hostias tremendas. A mí me preguntaba por qué iba tanto a París pero nunca me tocó, quizá porque después las torturas salían en 'Le Monde' y no les gustaba. Eso me hacía sentirme mal, un privilegiado».

Martín Patino compara el 15-M con las protestas estudiantiles que él encabezó en pleno franquismo. «Entonces el descontento se expresaba de otra forma, dando guerra en las aulas y en los cineclubs, lo pasábamos bien». Según él, la rebelión espontánea no ha cambiado tanto. «Cuando estás encabronado y sales a la calle siempre hay gente que viene detrás», dice.

El autor de 'Madrid' reconoce que ve poco cine y que le cansan los «profesionales de la protesta», condición en la que no quisiera caer. «Siempre me he preguntado por qué he tenido que ser el que acaba dando la cara». Cuando se le recuerda que en las grabaciones en Sol descubrió a su propia hija en una de las tiendas de campaña, esboza una sonrisa. La sorprendió colocando una placa en un lateral de la plaza -«Dormíamos, despertamos»- que los barrenderos retiraron a la mañana siguiente.

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