Wert apuesta sin complejos por «españolizar» a los niños catalanes

Rajoy sugiere al titular de Educación «no crear más incendios de los necesarios», al tiempo que respalda su reforma educativa

PAULA DE LAS HERASMADRID.
El ministro de Eduación, José Ignacio Wert, se dirige a su escaño. Foto: EFE/
El ministro de Eduación, José Ignacio Wert, se dirige a su escaño. Foto: EFE

En pleno auge de las tensiones territoriales y con las elecciones anticipadas de Cataluña como amplificador de toda discusión relacionada con los sentimientos identitarios, el ministro de Educación, José Ignacio Wert, prendió ayer de nuevo la mecha de la polémica. «Nuestro interés es españolizar a los alumnos catalanes para que estén tan orgullosos de ser españoles como de ser catalanes y que tengan la capacidad de tener una vivencia equilibrada de esas dos identidades porque las dos les enriquecen», dijo rotundo durante la sesión de control al Gobierno en el Congreso.

La afirmación venía al hilo de una crítica que, según él mismo explicó durante un debate con el jefe de filas del PSC en la cámara baja, Francesc Vallés, le lanzó hace unos días la consejera catalana de Educación, Irene Rigau. Fue ella quien le acusó de querer «españolizar» a los niños en Cataluña como argumento para descalificar la reforma educativa que prepara el ministerio; una nueva legislación, la séptima de la democracia, que apuesta por reducir parte del temario que deciden las comunidades y aumentar en un 10% la correspondiente a la Administración central.

Lejos de rebatir el reproche, Wert lo abrazó y se ratificó además en su argumento -en realidad el asunto por el que le había preguntado Vallés- de que existe una relación clara entre el crecimiento del independentismo en Cataluña y su sistema educativo. «La deriva que ha tomado en parte ese sistema -dijo- facilita que se produzca un ocultamiento o una minimización de los elementos comunes, particularmente los históricos, y que en cambio se exageren, a veces hasta la caricatura, los elementos más particulares de la misma», dijo para enfado del diputado socialista.

Con su comentario, el también titular de Cultura, quizá el ministro más desinhibido en el lenguaje y con menos experiencia en política, dio aún más munición a sus decractores y a quienes sostienen que en la futura ley educativa subyace un claro ánimo recentralizador que se extiende a otras muchas áreas del Ejecutivo.

Pocas horas después y en vista del revuelo, Wert intentó matizar su comentario, pero, en realidad, repitió los argumentos que empleó en el Congreso sin el verbo españolizar. «Se trata simplemente de que los alumnos catalanes, como alumnos españoles que son, sean capaces de vivir equilibradamente el orgullo de ser españoles con el orgullo de ser catalanes», dijo tras asistir a la apertura del curso de las Reales Academias, un acto celebrado en la Real Academia de la Historia.

Mariano Rajoy también trató de apagar el fuego desde París, donde compareció junto al presidente François Hollande, pero lo hizo con su habitual ambigüedad. Por un lado, subrayó que en un momento de dificultad económica lo correcto es «no crear más problemas de los estrictamente necesarios»; por el otro, secundó en cierto modo el discurso de Wert, cuyas palabras dijo desconocer, y defendió su propuesta educativa. «Yo lo que quiero es una buena convivencia -resumió-, que todo el mundo se sienta orgulloso de ser a la vez catalán y español».

Dos caras, una moneda

Menos ambiguo en la defensa de Wert fue el PP. Su secretaria de Eduación e Igualdad, Sandra Moneo, consideró «lógica» la reflexión del ministro porque de lo que se trata en Cataluña y en las demás comunidades autónomas es que «primen unas enseñanzas comunes» para todos los estudiantes de España. La dirigente popular avaló las palabras de Wert porque forman parte del «ámbito de convivencia» que fijará la futura reforma educativa.

Pero no todo el mundo en el PP piensa igual. El presidente del partido en Guipúzcoa, Borja Semper, sostuvo que en materia educativa no hay ni que «españolizar ni vasquizar ni catalanizar», sino formar en «libertad» a los ciudadanos. Lo cierto es que entre los diputados del partido gubernamental hubo una clara división de opiniones, siempre en privado, por el comentario del ministro de Educación.

Los socialistas pasaron de la sorpresa a la indignación. El secretario general del grupo en el Congreso, Eduardo Madina, consideró que el nacionalismo catalán y el español son, en esencia, las dos caras de una misma moneda. Los dirigentes del PP, indicó, «critican a otros nacionalistas», pero ellos «son el mismo producto en diferente envase», solo que referidos a España. «Españolizar, es decir nacionalizar», escribió Madina en su cuenta de Twitter.