Filosofía ultrabásica

JAM ALBARRACÍN
Robe Iniesta e Iñaki 'Uoho' Antón en el concierto. ::
                             ISRAEL SÁNCHEZ / AGM/
Robe Iniesta e Iñaki 'Uoho' Antón en el concierto. :: ISRAEL SÁNCHEZ / AGM

Tremendo regalo le hizo el Ayuntamiento de Murcia a Extremoduro al retirarles el permiso para actuar en el Cuartel de Artillería. Rentable, no ya por decorar su condición de 'chicos al margen', sino por el factor económico: doble de aforo, doble de beneficio. El primero de sus dos conciertos en Alcantarilla reunió a unas 10.000 personas, demasiadas para encontrar comodidad en un recinto ajustado. Que ante semejante audiencia (y precio: 27 / 30 euros) no hubiera pantallas laterales es poco justificable.

Seguramente hasta a la propia agencia de la banda, a la sazón organizadora del concierto, debió sorprenderle tal acogida. Robe Iniesta se ha convertido en un icono y el de Extremoduro en un éxito tan desmesurado como insólito. Sus mensajes ultrabásicos (todo es una mierda menos el amor, resumiendo) han calado en la generación actual: pequeños grupitos de cuarentones al margen, el grueso del público lo conformaban chavales recién salidos del instituto. Chavales que se sabían todas las estrofas de todas las canciones y que me pregunto, sin reproche, dónde se meterán cuando hay protestas por sus derechos.

El (extenso) concierto se dividió en tres partes, cada una de 50 minutos, con sus intermedios y siempre apoyado en un notable sonido e iluminación. La primera se abrió con 'El pájaro azul', canción inédita -habría otra más, sin título-, continuó con 'Ama, ama, ama y ensancha el alma', brilló con 'Si te vas' y cerró con un fragmento de 'Pedrá', su obra, uh, conceptual de 1995, apoyada sobre unos visuales bien realizados pero francamente malos, artísticamente hablando. Un buen primer bloque que, esto sí, dejó muy claro que Extremoduro tiene muy poco de punk (nunca lo tuvo, lo suyo siempre fue rock visceral) y cada vez más de rock sinfónico, como probaron los numerosos duetos de guitarra en diferentes octavas -una de las señas de identidad de este estilo-, así como la soporífera segunda parte de rock conceptual en la que desgranó la mayor parte de su disco de 2008 'La ley innata'. Lipotimia rock, puestos a etiquetar y con la inestimable ayuda del cálido clima murciano.

El tercio final, como procedía, fue el de los 'hits' y la algarabía final: 'Cabezabajo', 'Bribribliblí', 'So payaso', 'Puta', 'Standby', la versión de Tabletom 'Me estoy quitando'... para una sensación general satisfactoria. Insisto, el superéxito de Extremoduro tiene bastante de inexplicable pero creo que se basa en lo últrabásico de su mensaje («le tiro un palo a mi perro, me lo trae entre los dientes y me mira diciendo 'a ver si tienes cojones de quitármelo'. Esa es la única filosofía de la vida», advierte el poco locuaz Robe Iniesta). Pues será por eso que el gobierno se quiere cargar a los profes de filosofía.

Y así acabó la vaina, cansados pero contentos y mañana a clase (o al curro) con un nuevo fetiche que guardar en la mesilla y del que hablar a la espera del próximo Barça-Madrid. Menos mal que había crisis, oiga.

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