Rajoy pone fecha a la recuperación: junio de 2013

El líder del PP asume la pérdida de apoyo por sus medidas, pero apela a la mayoría silenciosa que lo entiende El presidente del Gobierno justifica la subida del IVA y el resto de sus ajustes en la apertura del curso político en Galicia

ANTONIO MONTILLA
Mariano Rajoy y el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, en el acto del PP celebrado ayer en Soutomaior.
                            :: S. SAS / EFE/
Mariano Rajoy y el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, en el acto del PP celebrado ayer en Soutomaior. :: S. SAS / EFE

Cumplir con las tradiciones también entraña riesgos. Mariano Rajoy lleva desde 2006 iniciando el curso político tras las vacaciones de verano en los jardines del castillo de Soutomaior, en Pontevedra. Repasar sus seis discursos anteriores ofrece una vista retrospectiva de las promesas que realizó el líder del PP antes de llegar a La Moncloa. Y las hemerotecas llevan meses jugando malas pasadas al presidente del Gobierno.

Rajoy, consciente de este hándicap, cogió el toro por los cuernos y en su primera intervención en Soutomaior como jefe del Ejecutivo se apresuró ayer a recordar que, hace ahora justo un año, auguró que a España le quedaba por delante una tarea muy difícil y que se equivocaban aquellos que presumen que se pueden hacer las cosas sin esfuerzo, en clara alusión al entonces presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, y al que sería su rival en las urnas, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Rajoy, tal vez amparándose en su derecho a no echarse piedras sobre su propio tejado, obvió otras partes de aquella intervención que hoy ya no podría suscribir. Por ejemplo, su convencimiento de que de la crisis no se salía ni subiendo impuestos ni recortando en educación y sanidad.

El presidente tenía en esta ocasión otro objetivo: defender su política de ajustes y reformas proclamando que los «duros sacrificios» que ha impuesto a los españoles en sus primeros ocho meses de mandato darán sus frutos antes de los previsto.

Rajoy ha pasado de generalizar sobre la posibilidad de que España viera pronto la luz al final del túnel de la crisis a poner fecha al inicio de la recuperación. Será en junio de 2013 y, a su juicio, gracias al prolijo programa de reformas que su Gobierno comenzó a ejecutar nada más tomar posesión.

«Dentro de un año, las cosas estarán mucho mejor que hoy», aseveró ante más de mil cargos del PP gallego ávidos de moral tras conocer que las encuestas ponen en la picota la reelección de Alberto Núñez Feijóo a causa, precisamente, del desgaste que sufre el partido debido a los tijeretazos de Rajoy. Eso sí, no concretó qué grado de mejoría logrará la economía española y si ese «estaremos mucho mejor» incluye la creación de empleo neto.

El inquilino de la Moncloa insistió en que no ha tenido otra opción que imponer estos severos ajustes para plantar cara a un déficit de las cuestas públicas que abocaba a España hacia el abismo.

«La subida del IVA no va a caer en saco roto», declamó durante su alocución para abundar en esta tesis. De hecho, insinuó que de no haber subido el IVA, el Gobierno habría tenido dificultades para poder pagar las pensiones e, incluso, la sanidad y la educación públicas.

Valentía

Rajoy, más valiente que en otras intervenciones, asumió que una parte importante de la población, incluidos votantes del PP, cuestionan su política económica. Sabe, y así se lo advierten algunos de sus asesores, que está perdiendo apoyo ciudadano a raudales y que las críticas a su gestión sobrepasan, incluso, barreras infranqueables para la formación de centro-derecha como la lucha contra ETA.

Rajoy apeló, una vez más, a esa mayoría silenciosa de españoles a los que atribuye tres cualidades esenciales: sensatez, sentido común y coherencia. El presidente no tiene duda de que esta mayoría sepa ponderar que su Gobierno está trabajando desde el primer día para solucionar el problema de la herencia que dejó el anterior Gobierno socialista. «Los sacrificios no serán en vano», remachó.

Rajoy admira a Núñez Feijóo, un sentimiento que queda claro cada vez que se refiere a su pupilo gallego. Tal vez por eso extrañó el aparente tirón de orejas que supuso la petición que hizo a los presidentes autonómicos de que tuvieran mucho cuidado con lo que dicen, porque podían hacer «mucho daño a todo el país».

Esta misma semana, Feijóo polemizó con su homólogo catalán al asegurar que «Galicia paga y Cataluña pide», en referencia a que la Xunta de Galicia no ha solicitado ayuda del Fondo de Liquidez Autonómica mientras que Artur Mas sí ha reclamado, casi 6.000 millones de euros.

El modelo autonómico no preocupa a Rajoy, que desoye claramente las suspicacias que genera en Bruselas la distribución de fondos. Espera que mejore la gestión de las administraciones regionales y que sus dirigentes demuestren «responsabilidad y lealtad», pero atribuye a su Gobierno el mérito de haberse convertido ya en el más exigente de la historia con las comunidades y, a la vez, de ser el que más ha hecho por ellas con medidas como el plan de pago a proveedores, el aplazamiento del pago de adelantos o el plan de liquidez autonómico.

Frentes abiertos

Los próximos cuatro meses serán claves en el devenir del proyecto del líder del PP. Mariano Rajoy tuvo que superar una árida travesía de once años por la oposición y dos derrotas electorales antes de llegar a la Moncloa. Salvó su liderazgo en el partido tras sofocar más un intento de motín y lidió con un rosario de imputaciones de altos cargos populares en casos de corrupción. Aquellos tiempos convulsos se recuerdan hoy en el PP como una balsa de aceite. El Gobierno, en sus primeros ocho meses de mandato, no ha cesado de achicar agua ni una sola semana, aunque la Comisión Europea se muestra insaciable.

A Rajoy le toca poner toda la carne en el asador para impedir lo que antes de gobernar había prometido que nunca ocurriría: solicitar el rescate de la economía a la Comisión Europea. A cambio de la lluvia de millones, Bruselas pasaría a tutelar la política económica, lo que supondría, según los expertos, nuevos y más severos recortes del gasto.

El primer gran examen llegará el 6 de septiembre. El Banco Central Europeo decidirá si compra deuda soberana de países con problemas de financiación, como España. Rajoy, que pasó en menos de un mes a rechazar la posibilidad de demandar un nuevo auxilio económico a Bruselas a defender que hará lo que más convenga a los españoles, aguarda al BCE para tomar una decisión que podría consumarse durante la reunión que los ministros de Finanzas de la zona euro mantendrán el 14 de septiembre en Chipre.

Si España opta al «rescate blando», el Ejecutivo baraja un 'plan b' para aminorar la sensación de desamparo: convencer a Italia y otros países, como Chipre, de acompañar a España en la solicitud de la nueva línea de crédito.