Sobre el Estado de las Autonomías

JUAN JOSÉ RUIZ MOÑINOLAS TORRES DE COTILLAS

La corriente crítica sobre la concepción del actual Estado de las Autonomías se está consolidando en no pocos rincones de la opinión pública de un país urgido por la necesidad. Nuestro diseño de país cimentado en un reparto autonómico que se extiende al aspecto político, social, cultural y sobre todo económico, ha ido multiplicándose y ha terminado escapándose de las manos, de tal modo que, a juicio de muchos tanto de esta piel de toro como allende sus fronteras, viene siendo el actual un momento muy apropiado para someterlo a una cura de moderación que neutralice los excesos de los que se ha ido nutriendo a lo largo de estos últimos años.

Esta propuesta no es fácil de aplicar y no garantiza además una respuesta ordenada, teniendo en cuenta lo mucho que el Estado ha cedido en el listado de competencias transferidas a gobiernos regionales y la presumible respuesta de todos ellos. Pero el sentido común dictamina que un Estado como el actual no puede seguir sufragándose, y resulta imposible mantener tantas Administraciones como Comunidades existen, cuajadas de instituciones ficticias y cargos designados a dedo que no pueden ser por otra parte fiscalizadas en la medida en que debieran para evitar un despilfarro que ha caracterizado su actividad hasta estas fechas, y que incluye una serie de gastos que, mantenidos sin causa, son absolutamente indigeribles y, por tanto, inviables. Se necesita un consenso político para restablecer el orden en un escenario fuera de quicio y al que hay que devolver al camino correcto.

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