La iglesia más antigua, a dos tiros de ballesta

El templo de Santiago atesora el único artesonado mudéjar que se conserva en la ciudad

ANTONIO BOTÍAS
1. Remota. Una de las primeras fotografías de la iglesia de Santiago./
1. Remota. Una de las primeras fotografías de la iglesia de Santiago.

El templo de Santiago atesora el único artesonado mudéjar que se conserva actualmente en la ciudad.

A dos tiros de ballesta. Esta era la distancia exacta, respecto de la ciudad, donde se erigió la más antigua de las iglesias murcianas, la de Santiago. Discuten los expertos cuántos metros exactos suponía esta curiosa medida de longitud. Al parecer podría equivaler al trecho que recorría una flecha en aquellos tiempos, entre 100 y 200 metros el tiro y según con qué arma.

Los orígenes de este templo se enmarañan en el polvo de los legajos de la Historia. Y lo mismo sucede con la calle conocida hoy como Pasos de Santiago. De entrada, la vía no siempre se conoció con esa denominación. La primera referencia en prensa sobre el particular nos remonta al Correo Literario de Murcia, en cuya edición del 1 de noviembre de 1794 se dio cuenta de los recuerdos de un viajero extremeño.

El artículo, firmado por Perico el de los Palotes, testigo de la narración, explica que le propusieron visitar «los Pasos de San Diego [&hellip] y vi al Señor de la Columna». Incluye la frase dos referencias interesantes. La primera de ellas nos recuerda el antiguo convento de San Diego, que erigieron los franciscanos en plena huerta murciana en 1598, junto a una ermita con la misma advocación.

Los frailes decidieron construir un curioso Vía Crucis que unía su monasterio con diversas estaciones o paradas. Una de ellas se mantiene en pie en una esquina de la antigua fábrica de la pólvora. Esta diminuta ermita es el último vestigio de aquellos 'pasos' de San Diego, después renombrados de Santiago y que, aún hoy, dan nombre a la calle. Habría que esperar hasta 1880 cuando el Diario de Murcia empleará por vez primera otra denominación al noticiar que «anoche fue herido de disparo por arma de fuego el joven Ángel Miguelillo en el sitio Pasos de Santiago».

Respecto a la capilla no es menor su Historia. Las crónicas recuerdan que los frailes donaron en 1683 un terreno junto a la antigua Puerta de Molina a la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores y los Santos Pasos. El objetivo era levantar una capilla del Vía Crucis, bajo la protección de la sede de la Hermandad establecida en la parroquia de San Miguel.

Solo resta identificar aquella imagen que viera el extremeño. Aquel Señor de la Columna era la talla que adornaba el altar del último Paso y de la que nos hace referencia el erudito Fuentes y Ponte. Completaban el adorno de esta capilla las tallas de una Soledad y un San Antonio, «cuya imagen no debiera estar expuesta al público puesto que es ridícula».

Aguantó la ermita del Calvario el tiempo justo hasta que se acometió su última rehabilitación. Fue en el año 1951, cuando la capilla adoptó la forma que aún conserva y que está protegida por las leyes, si no de la ruina, sí de la pala excavadora. Cuenta María Adela Díaz que la obra fue impulsada por el coronel de Ingenieros, Ernesto Llamas del Toro, para facilitar que las familias que habitaban la Fábrica del Salitre pudieran escuchar misa.

Muchos autores han aventurado, con mayor o menor precisión, los antecedentes del templo actual, entre ellos Fuentes y Ponte, quien en su obra España Mariana. Provincia de Murcia (1880) dedica un capítulo a la 'Iglesia de Santiago y Pasos de San Diego'. En él sostiene que la iglesia fue levantada por los Caballeros de Santiago que asediaron la ciudad en manos musulmanas. «Algunos creen que allí estuvo primeramente la parroquia de San Miguel», concluye el autor.

Logró salvarse de la picota

Por aquellos años, el célebre periodista Martínez Tornel apuntó la ermita de Santiago como el lugar donde se veneró a la antigua Patrona de Murcia, la Virgen de la Arrixaca. Ambas opiniones aportó un siglo después el cronista Pérez Crespo.

Existe constancia, siguiendo a Fuentes y Ponte, de que el arco del presbiterio ya fue rehabilitado en 1542 y más tarde, en 1840, se acometieron otras reformas que quitaron «todo el tinte a las paredes». En la época en que se escribió España Mariana, el templo permanecía todo el año cerrado, salvo en la fiesta del patrono, el 24 de agosto.

Los altares de la iglesia estaban dedicados a Santo Tomás, la Buena Estrella, la Aurora, los Santos Médicos o los Desamparados. En el altar principal se veneraba una talla de Santiago datada en el siglo XV. Y también un curioso cuadro que representaba al apóstol en una costa muy parecida a la de Cartagena. Desde antiguo perdura la leyenda de que Santiago desembarcó en el puerto de Santa Lucía -donde aún hoy tiene una parroquia- para iniciar su evangelización en España.

Fuentes y Ponte, en esta ocasión en su obra Murcia que se fue, también aporta algunos datos sobre la antiquísima Cofradía del Señor Santiago, cuya sede estableció en aquella iglesia. A esta institución de caballeros solo podían acceder descendientes de sus propios miembros, «conservándose en ella ejecutoriada y acrisolada su nobleza». Aunque, al menos, sí se admitían caballeros de otras órdenes.

Era costumbre que el alférez mayor de los caballeros de Santiago acompañara a los pendones Real y de la ciudad en las ceremonias públicas. De hecho, el patronazgo de la institución estaba a cargo del Consistorio municipal, que elegía entre sus miembros a la mitad de los que formaban la Hermandad.

También Fuentes y Ponte, con todas las reservas propias hacia el autor, recuerda que hasta 1830 el Ayuntamiento acudía a las fiestas de Santiago, «precedido de sus maceros, timbales y clarines». Lo cierto es que a comienzos del siglo XX la iglesia amenazaba ruina y gracias a la colaboración desinteresada de varios murcianos logró salvarse de la picota.

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