«El Nabuco responde al personaje bíblico»

Juan Luis Montero Fenollós. Profesor de la Universidad de La Coruña. Acaba de publicar un libro sobre Babilonia y asesoró al Paso Blanco en la última puesta en escena del personaje de Nabucodonosor

A. S.LORCA.
El profesor Juan Luis Montero Fenollós, ayer en Lorca. ::                             SONIA M. LARIO / AGM/
El profesor Juan Luis Montero Fenollós, ayer en Lorca. :: SONIA M. LARIO / AGM

El profesor Juan Luis Montero Fenollós es lorquino, aunque su trayectoria profesional le obliga a vivir lejos de su tierra. Doctor en Historia por la Universidad de Barcelona, en la actualidad es profesor de Historia Antigua en la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Coruña. A su labor docente une la de investigador y durante diez años ha estado al frente de un equipo de arqueólogos trabajando en Siria. La Semana Santa le tira y estos días vuelve a Lorca para empaparse del ambiente procesional de blancos y azules.

-Acaba de publicar un libro sobre Babilonia, una ciudad que tiene su reflejo en los desfiles bíblico pasionales. ¿Qué tal luce en el Paso Blanco el personaje de Nabucodonosor?

-Este último gran rey de Babilonia, Nabucodonosor II, fue una fulgurante figura de su tiempo. Vivió en el siglo VI antes de Cristo y su justificación en los desfiles lorquinos es total. Hay que recordar que fue conquistador de Jerusalén y se llevó al exilio al pueblo de Israel. Hace unos años colaboré, en cierta medida, en el nuevo diseño de la puesta en escena de este personaje que es uno de los más antiguos de la procesión blanca. La carroza en que aparece en procesión reproduce la puerta de Ishtar, la más espectacular de las ocho que daban acceso a la ciudad de Babilonia.

-¿Qué ha pretendido con el libro que acaba de publicar?

-Llevo más de diez años trabajando en un estudio sobre la Torre de Babel y me ha perecido un momento oportuno para contextualizar todo ese material de forma rigurosa, desmitificando tradiciones, pero en plan divulgativo. Hasta ahora no había en español ningún libro sobre la ciudad de Babilonia y me pareció oportuno hacer una crónica en la que reflejara las investigaciones de estos años.

-¿Tira por tierra creencias sobre Babilonia?

-Más que tirar por tierra lo que hago es reflejar unas investigaciones que, en algunos casos, no coinciden con planteamientos que existían. Por citar dos ejemplos, incluyo la nueva propuesta de hipótesis de cómo era la Torre de Babel, idealizada muchas veces y a la que se le daba una altura que no creo fuera posible con los sistemas constructivos de la época. Los más recientes trabajos de investigación apuntan a que no debió pasar de los 60 metros. Lo que sí desmitifico, y ese es el otro ejemplo, son los jardines colgantes de Babilonia que, en realidad, no existieron. Mi objetivo ha sido rescatar a Babilonia del mito y hacerla historia.

-¿Chocan sus teorías con lo que cuenta la Biblia?

-De ninguna manera. Reivindico la Biblia como libro histórico, además de religioso. Para conocer al personaje de Nabucodonosor II hay que partir de las narraciones bíblicas, pero con un repaso científico. El exilio babilónico del pueblo de Israel marcó el inicio de la redacción de los textos bíblicos ante el riesgo de que las tradiciones orales se perdieran. De alguna forma el rey babilónico puso en marcha ese mecanismo de conservar por escrito sus tradiciones. Otra cuestión distinta es la interpretación que se puede dar a algunos de los textos contenidos en la Biblia.

-La situación actual en Siria le ha obligado a suspender las excavaciones que allí realizaba. ¿Cuándo cree que podrá volver a investigar?

-Tal y como está la situación soy bastante pesimista y me parece que pasará tiempo antes de que podamos regresar con normalidad. Nuestro grupo investigaba en el valle del Éufrates, muy cerca de la frontera con Irak. La última vez que estuvimos allí fue en febrero del año pasado. Y volvimos a España poco antes de que empezaran los disturbios. La situación no solo ha afectado a los investigadores españoles sino a todos los proyectos internacionales.

-¿En que consistían sus investigaciones?

-Nuestro trabajo estaba centrado en el imperio asirio. Fruto de estos años de excavación ha sido el hallazgo de las primeras tablillas con escritura cuneiforme del siglo trece antes de Cristo. Los consideramos muy importantes porque era la primera vez que aparecían estos restos de la escritura antigua. El otro yacimiento en el que trabajábamos nos llevó a los 3.700 años antes de Cristo, que es la cultura que inventó la escritura.

-¿Y cuáles son sus planteamientos en esta situación?

-Ahora no podemos hacer trabajos de campo, pero sí estudios de laboratorio con todo el material que se ha reunido. Tenemos en marcha un ambicioso proyecto de reconstrucción de la flora y fauna de la región del Éufrates en aquella época, y utilizamos el ADN para intentar, por ejemplo, averiguar cuándo y dónde se empezó a domesticar el caballo, una incógnita que sigue abierta en nuestros días.

-Volviendo a su libro sobre Babilonia, ¿qué resaltaría?

-Más que resaltar, lo que intento es mostrar cómo era el corazón espiritual e intelectual del país del Tigris y del Éufrates, la región de Oriente Próximo que los antiguos griegos llamaron Mesopotamia, hoy Irak. El prestigio de Babilonia no tuvo rival a los ojos de sus contemporáneos. Para sus habitantes, la ciudad fue el centro del universo, que brilló con luz propia sobre el mundo civilizado.

-¿Quiénes fueron los personajes que más brillan?

-Aunque cuento la verdadera historia de una ciudad tan fascinante como desconocida, desde sus orígenes hasta su caída ante los persas en el año 539 antes de Cristo, me detengo en sus dos monarcas más emblemáticos, el ya mencionado Nabucodonosor II que, como he indicado antes, fue conquistador de Jerusalén, y que en su tiempo se construyó la Torre de Babel, y anterior a él, Hammurabi, autor de los códigos legales más antiguos que conocemos.

-Y añade que...

-Prueba de la gran admiración y el temor que despertó Babilonia es el hecho de que los monarcas más destacados de la época quisieron conquistarla e imprimir en ella su huella, ya fuera embelleciendola aún más, como fue el caso del general macedonio Alejandro Magno, ya fuera destruyéndola como hizo el rey asirio Senaquerib en el año 689 antes de Cristo.