Desesperación de los agricultores por los robos y destrozos que causan las bandas

Las organizaciones y federaciones agrarias exigen penas más duras y tener voz en las juntas locales de seguridad ciudadana

JORGE GARCÍA BADÍA JORGEGARCIABADIA@GMAIL.COMMURCIA.
José Andrés muestra los destrozos que le causaron los últimos ladrones. ::    Foto:   I.Sánchez / AGM/
José Andrés muestra los destrozos que le causaron los últimos ladrones. :: Foto: I.Sánchez / AGM

Al campo no se le pueden poner puertas, pero otra cosa son las alarmas, las cámaras y el personal de seguridad privada, que están empezando a 'florecer' en las explotaciones, cooperativas y empresas del sector hortofrutícola y ganadero de la Región. Esta tendencia a apostar por la tecnificación para defenderse de la delincuencia obedece al cambio de perfil del ladrón de temporada, que ha sido sustituido por bandas y mafias.

El secretario general de Asaja Murcia, Alfonso Gálvez, es claro en este sentido. Afirma que «la seguridad privada está haciendo su agosto, porque los ladrones entran a saco y ya no van al campo a buscar unas cuantas lechugas».

Todo lo contrario. Este cambio de perfil del 'caco agrícola' tradicional por los grupos organizados no solo se traduce en el 'modus operandi', sino sobre todo en el objetivo de sus tropelías. Ahora van en grupo, controlan la zona, las temporadas y fechas de recolección del campo, las posibles medidas de seguridad del lugar donde van a perpetrar el golpe y hasta actúan de forma organizada: mientras unos controlan el paso de las patrullas o del personal de seguridad, otros se encargan de desvalijar cuartos de aperos, almacenes, casas de campo, sedes de empresas y cooperativas y las comunidades de regantes de los municipios. Su mejor cómplice siempre es la noche.

Un ejemplo de esta forma de actuar lo pone el secretario general de UPA, Marcos Alarcón, quien subraya que «en campaña roban la producción y el resto del año se dedican a la maquinaria». Por su parte, el presidente de Fecoam, Santiago Martínez, apostilla que «ahora desmontan los grupos electrógenos, los sistemas de riego o el cableado de cobre y eso lo hacen las mafias y gente que está preparada».

Precisamente, esto es lo que ocurrió en El Mirador de San Pedro del Pinatar, donde desmontaron el sistema que permite abrir y cerrar un invernadero de pimientos, o en la pedanía de San Cayetano en San Javier. Allí, «todo el pueblo se quedó sin teléfono porque unos cacos se llevaron dos veces el cableado de telefonía», exponen desde UPA.

Cambian los modos, pero también el objeto que despierta la codicia de unos asaltantes que ya no buscan frutas y verduras, sino otros bienes más rentables en el mercado negro: lo primero son los grupos electrógenos, después el cable de cobre, los metales, la maquinaria agrícola, cabezales y sistemas de riego, filtros, aperos, y, finalmente, frutas, hortalizas, verduras y hasta el abono.

Como el robo de 20.000 kilos de estiércol que se produjo recientemente en Águilas. «Lo hicieron con un camión robado que apareció en Librilla», denuncia el presidente de Fecamur, Francisco López. Algunas organizaciones agrarias señalan que «no se libran ni los microondas ni los frigoríficos, ni el ganado; se llevan todo lo que pueda tener algún valor».

Según Asaja, entre 2010 y 2011 se ha producido un incremento del número de robos en las pequeñas y medianas explotaciones agrícolas del mapa regional que oscila «entre el 15% y el 20%». En UPA, directamente afirman que «se están generalizando los robos en todas las comarcas». ¿Pero cuál es el 'hit parade' de los robos agrarios?. Según COAG, el Campo de Cartagena, con más de 700 'palos' en 2011, seguido de un nutrido pelotón compuesto por Lorca, Yecla y Jumilla, con más de 500 robos; Totana, con más de 150 y, superando la centena, Águilas, Caravaca de la Cruz y Cieza.

El último municipio que ha sufrido con mayor virulencia la actividad delictiva ha sido el término de Jumilla. Según explica el presidente de COAG en Jumilla, Pedro García, el pasado miércoles fue una 'noche negra'. «Asaltaron siete viviendas rurales causando unos destrozos muy grandes, rotura de puertas, ventanas y vallas. No conozco un agricultor de Jumilla al que no hayan robado». Al margen del municipio donde se producen los robos, todos tienen en común una consecuencia colateral: «Al coste de lo robado hay que sumar el perjuicio que se causa a la propia producción. A veces se llevan un sistema de riego y pueden retrasar o echar a perder una campaña entera».

Las cifras no cuadran

Esta realidad que manejan COAG, UPA, Asaja, Fecoam y Fecamur no concuerda con los datos que la Guardia Civil facilitó a a estas organizaciones y federaciones agrarias, durante la reunión que ayer mantuvieron con el delegado del Gobierno, Joaquín Bascuñana; el secretario general de la Delegación, José Gabriel Ruiz; el coronel jefe de la 5ª Zona de la Guardia Civil, José Ortega, y el teniente coronel, Arturo Prieto.

En la reunión, convocada tras la oleada de robos de Jumilla, la Benemérita les informó de que los robos en explotaciones agrícolas, ganaderas y en el medio rural han descendido un 36% en el primer trimestre de 2012 respecto al mismo periodo de 2011. «Las cifras no se corresponden con la realidad que manejamos nosotros. Los agricultores ya no denuncian porque han desistido de recuperar el material que les roban», tal como entonan, con un deje de autocrítica, COAG, UPA, Asaja, Fecoam y Fecamur. Todos han coincidido en pedir a los agricultores que «denuncien los hechos delictivos para alertar a la Guardia Civil de las zonas más conflictivas y para que sus datos coincidan con la realidad que nosotros manejamos». Un llamamiento que las organizaciones y federaciones creen que debe de ir acompañado de una «nueva forma y organización a la hora de combatir a estas bandas y atajar los mercados negros donde se venden estos productos». Entre otras cuestiones, piden penas más duras a los reincidentes y tener voz en las juntas locales de seguridad. Lo cierto es que ya se han cansado de dormir con un ojo cerrado y otro abierto.