El Espolón se queda sin almenas

La restauración tras los terremotos suprime los elementos defensivos por «peligrosos y falta de evidencia histórica de su existencia» Las obras de emergencia, financiadas por el Ministerio de Cultura, entran en la recta final

A. S.LORCA.
Estado que presenta en al actualidad la torre del Espolón. ::                             PACO ALONSO / AGM/
Estado que presenta en al actualidad la torre del Espolón. :: PACO ALONSO / AGM

El primero de los terremotos del 11 de mayo, más leve que el segundo, tiró por tierra a buena parte de las almenas de la torre del Espolón. El segundo, el más potente, acabó con las que quedaban y toda la parte superior de la torre. Ahora, pasados diez meses de aquel suceso, y con las obras de reconstrucción casi finalizadas, el Espolón recobra su silueta, pero sin almenas, un detalle que ha provocado una cierta polémica, por aquello de que cambia la imagen que tenían los lorquinos en los últimos cuarenta años.

La polémica, solapada porque en la ciudad hay tantos problemas que éste de las almenas puede considerarse como anecdótico, está ahí latente, pero sin tanta fuerza como la que adquirió la construcción del Parador de Turismo en el Castillo.

En base al estudio realizado por el arquitecto director de las obras, Francisco Jurado, en la planimetría histórica y todas las fotografías existentes con anterioridad a la intervención realizada en los años 70, no hay evidencias de la posible existencia de almenas.

Al parecer, apunta el arquitecto, las almenas construidas en la torre del Espolón se hicieron siguiendo el modelo de una encontrada entre los escombros producidos por el derrumbe de la coronación de la torre, hecho que debió producirse antes de finales del siglo XIX. En ese momento se generó también cierta polémica ya que «se cambió el perfil que tradicionalmente habían estado viendo los lorquinos durante las últimas décadas».

Tampoco se ha podido encontrar ahora ninguna foto en la que aparezca la almena aparecida en 1970, a pesar de existir fotografías de las excavaciones que se llevaron a cabo, por lo que los actuales responsables de la restauración estiman que lo que se hizo en los años 70 fue «una reinterpretación historicista» de las almenas.

El arquitecto explica, en un documento al que ha tenido acceso La Verdad, que no tiene ningún sentido reconstruir las almenas salvo, claro está, para responder al poder evocativo que tiene en la última generación de lorquinos. Las almenas que tenía la torre eran inseguras por lo que, de ponerse algunas deberían cambiar sensiblemente sus proporciones y ya no serían las mismas, o debería hacerse con sistemas constructivos totalmente ajenos a los que constituyen la torre (hormigón, anclajes metálicos, etc.)

Por lo que se refiere a la torre en su conjunto, el arquitecto director explica que «en todo momento se ha mantenido la estructura original y los sistemas constructivos primitivos, usando los mismos materiales que la torre posee, piedra y morteros de cal».

La estabilidad estructural está de nuevo garantizada, aunque se noten las cicatrices del terremoto, pero las fábricas y las bóvedas siguen siendo las originales. Si se compara el estado de la torre tras los terremotos con su situación anterior, los técnicos pudieron apreciar que había sufrido fuertes desprendimientos y pérdida de volumen de toda su coronación.

Resultó también ostensible el agrietamiento que había desgajado una esquina de la torre del resto del edificio, con desplazamientos de unas 500 toneladas, que iban desde los diez centímetros en la zona inferior hasta treinta a cuarenta en la superior.

Las grietas afectaban a muros y bóvedas del interior, sobre todo en el nivel más alto, peligrando incluso la estabilidad del forjado de la terraza sobre la bóveda de crucería superior que fue la más afectada por el seísmo.

Inspeccionada la base de la muralla inmediatamente inferior al arranque de la torre, se observaron también desprendimientos de rocas y socavamiento del terreno inmediato a las fábricas.

En base a la situación el criterio de intervención que se adoptó supuso que no se desmontara ningún elemento del parámetro, a pesar de su movimiento o deformación, consolidando de forma pasiva las fábricas y restituyendo la seguridad e integridad de la construcción, quedándose marcada la huella o cicatriz de las lesiones sufridas.

Unas cuñas de madera aseguran las bóvedas y se ha macizado la terraza con lo que la torre queda tal cual era en la época de su construcción, explica el arquitecto. La restauración de la torre se ha llevado el 30% del presupuesto que es de un millón de euros. El resto está destinado a la murallas que también necesita actuaciones de urgencia para consolidarlas. Los técnicos sugieren que en los descalces en la base de esos tramos se utilice hormigón ciclópeo rellenando la faltas por el sistema de encofrar a una cara con tablillas para proporcionar la textura rallada al hormigón de cal que permite distinguir cronológicamente las fábricas.

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