«Estudiaremos el cambio de horarios e itinerarios de nuestras procesiones»

«Los marrajos solo pedimos respeto para nuestras procesiones. En la puerta de algunos bares se dan situaciones que pueden molestar»

GREGORIO MÁRMOLCARTAGENA
Domingo Bastida en la escalera de la sede marraja. ::                             PABLO SÁNCHEZ /                             AGM/
Domingo Bastida en la escalera de la sede marraja. :: PABLO SÁNCHEZ / AGM

La Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno (Marrajos) cierra esta mañana, con la celebración de la misa de cumplimiento pascual, sus cultos de Cuaresma. Domingo Andrés Bastida Martínez (Cartagena, 1959) se dispone a vivir su segunda Semana Santa como hermano mayor. Lo hace con la responsabilidad de quien debe velar por el mantenimiento de las tradiciones y la inquietud de quien debe adaptar la cofradía a los retos que demandan los nuevos tiempos. Además de hablar de la labor callada de los marrajos, en esta entrevista admite la posibilidad de variar recorridos y horarios de algunas procesiones para llegar al mayor número de personas.

- ¿Qué le ha transmitido a los marrajos en estos momentos de dificultades económicas y sociales? ¿Hay para ellos algún mensaje especial en esta Cuaresma?

- En juntas de mesa y cabildos, les he dicho que la situación económica no tiene que ser un problema para que la gente deje de salir en las procesiones marrajas. Eso lo tenemos asumido todos. Pero lo que también he transmitido es que la Cofradía Marraja debe estar vertebrada todo el año. No solo hay que sacar las procesiones, ya que la sociedad y la Iglesia nos piden retos distintos. Hay una situación social diferente y los cofrades debemos ser testimonio de lo que procesionamos, de Jesucristo. Nuestro capellán lo ha dicho claramente en el triduo: tenemos que ser testigos de la fe y abrirnos a todos los hermanos. Tenemos que vivir dentro de la fraternidad que supone la cofradía.

- ¿No ocurre eso ahora?

- No estamos acostumbrados a oírlo y parece un mensaje mesiánico, cuando no es así. Es un mensaje de la realidad social: de la sociedad, de la Iglesia y de las cofradías, que somos reflejo de la Iglesia. Como sabe, desde el Obispado se están haciendo una serie de actividades dirigidas a la formación y eso va a potenciar el sentimiento de cofrade, de arraigo dentro de la fe. También ayudará a que estemos pendientes y atendamos las necesidades de los hermanos, que es una de las labores por las que se fundan las cofradías.

- ¿Ustedes lo están haciendo?

- La Cofradía Marraja apostó hace dieciséis años por una fundación que mejor o peor ha desarrollado una labor social importante. Ahí está la Casa Hogar Betania, donde hay diez personas mayores perfectamente atendidas en sus necesidades materiales, espirituales y sociales. También hay una colaboración muy importante con el economato Los Panes y Los Peces, donde la aportación económica es importante, al igual que la labor de voluntariado. También hay una labor de voluntariado que los marrajos realizan en sus parroquias.

- ¿Cree que esa labor pasa desapercibida y la gente en la calle se queda solo con que ustedes organizan procesiones?

- Sí, es verdad. Y no sé si es porque no hemos sabido transmitir o porque no hemos querido hacerlo. Está muy bien trasladar la imagen de que las cofradías estamos en el candelero en la época de Cuaresma y Semana Santa, porque una de nuestras funciones es la de manifestación pública de la fe a través de los desfiles penitenciales. Pero los 320 días del año restantes, la cofradía tiene una vida y una labor muy importante. Por ejemplo, hay una serie de actos litúrgicos todos los meses, hay una serie de iniciativas con jóvenes y se organizan actividades como el pregón de Adviento. Es decir, que la Cofradía Marraja está presente todo el año.

- ¿La sociedad cartagenera es receptiva en estos momentos a captar esos mensajes que les envían?

- He escuchado muchas veces eso de que 'con mis impuestos se sacan las procesiones'. La subvención ayuda en una parte importante, pero las procesiones no salen por las subvenciones. Salen por el trabajo, el esfuerzo y dedicación de todos los cofrades. Hace unos años se calculó que la procesión del Viernes Santo costaba organizarla 500.000 o 600.000 euros. En la cofradía tratamos de aglutinar a las 18 agrupaciones y marcar las líneas de actuación a seguir, de acuerdo con el Obispado y la Iglesia. Y las cofradías tratamos de expandirnos a través de actos culturales. Hace poco tuvimos la inauguración de una exposición tecnológica en la Universidad Politécnica. Este año hemos hecho una serie de conferencias en el Museo Regional de Arte Moderno. Es decir, estamos intentando abrirnos a la sociedad a través de ella para intentar transmitir que estamos aquí, que somos parte de la sociedad y no somos ajenos a ella; que tenemos los mismos problemas que todo el mundo.

- ¿Es complicado llevar el día a día de la cofradía?

- Somos casi cinco mil hermanos y cada uno tiene su opinión. Lo importante es que esas opiniones redunden en beneficio de la cofradía. Es complicado, pero para eso hay unos órganos de gobierno. Tal y como está compuesta, la junta de mesa es la representación de todas las agrupaciones. Y todos sus miembros tienen voz y voto. Y la voz y voto del último consiliario valen lo mismo que los del hermano mayor. El hermano mayor ejecuta los acuerdos de la junta de mesa y marca los pasos que la cofradía debe ir dando. Además de ejecutiva, mi labor es ser referencia.

- ¿Le preocupa ahora mismo más la situación económica o los efectos que los cambios sociales puedan tener en la cofradía?

- Me preocupa mucho más la situación social. Económicamente hablando, las cofradías hemos pasado épocas mucho peores que la actual. En 1979 hubo una campaña en Radio Juventud, 'Cartagena por su Semana Santa', con unos comandos que muchos recordarán. Fue un éxito rotundo y entonces no había ayuda municipal. Cartagena respondió de una manera maravillosa.

- Si eso ocurriera hoy en día, ¿cómo cree que respondería Cartagena?

- La situación social es distinta. Entonces la Semana Santa era el único referente festivo y turístico que tenía la ciudad. Las calles estaban llenas de público... La sociedad ha variado mucho. Por eso digo que es preocupante que haya hermanos que lo están pasando mal y familias con problemas para llegar a fin de mes, pero la situación social también me preocupa mucho. Antes había un respeto casi solemne al paso de la procesión que ya no existe porque se ve la procesión con otros ojos. En mi época, los jóvenes veníamos a la cofradía y los de ahora tienen otras opciones que quizás les resultan más atractivas. Pero gracias a Dios también ha habido un crecimiento de hermanos en la Cofradía Marraja que puede resultar paradójico en un momento en el que puede haber disminuido el número de personas participantes en la procesión.

- ¿A qué lo achaca?

- No lo sé, la verdad. También es cierto que estoy haciendo un seguimiento con los presidentes de las agrupaciones que celebran estos días sus juntas y hasta ahora no ha habido problemas para formar los tercios y los grupos de portapasos. Incluso hay agrupaciones que han tenido otros años problemas para formarlos y éste tienen suplentes. Muchas veces, en esta situación de crisis hay una respuesta muy positiva. Ya lo vimos con la recogida de alimentos de Navidad, superando los registros de años anteriores y con una gran participación de gente sensibilizada.

- ¿El marrajo se crece ante la adversidad?

- Sí, sí. Los cofrades están dando una respuesta positiva. Ante la situación de dificultad, los marrajos estamos dando una gran respuesta dentro de la austeridad que nos caracteriza.

- ¿Ha pedido a las agrupaciones que reduzcan sus gastos?

- Sí. Sin perder el esplendor y las señas de identidad de las procesiones cartageneras y marrajas, tenemos que conseguir lo mismo con menos. Esa es nuestra meta para este año. Pero el cartagenero en la calle no notará nada distinto.

-¿Harán cambios a corto o medio plazo para atraer más público a sus procesiones?

- Yo intento transmitir que tenemos que tener la menta abierta a todos los cambios, siempre que sean positivos y avancemos. La respuesta que no vale es esa de que 'como esto se ha hecho así toda la vida, tenemos que seguir haciéndolo así'. La sociedad nos demanda otras situaciones y por eso se ha puesto encima de la mesa la posibilidad de adelantar horarios de procesiones. Por ejemplo, la procesión de la Madrugada [El Encuentro] es inviable hacerla al amanecer por la falta de público y porque ha crecido mucho, y eso dificulta después el movimiento de tronos. Sería un gran riesgo y, además, un gran sacrificio para las personas que están trabajando para la cofradía apenas sin descanso. La salida de granaderos y judíos a medianoche congrega a un número de público, que la cofradía podría mantener en las calles intentando adelantar horarios o ampliando el recorrido de una procesión. También se ha planteado intentar adelantar la salida de la procesión de la noche [Santo Entierro] dejando todas las puertas abiertas, incluso al cambio de itinerario. No es lo mismo que la Virgen pase a las tres de la mañana por una Serreta donde no hay nadie que pasar a la una y media. Eso puede facilitar la asistencia de público. Luego está el tema de las sillas. Desde la Junta de Cofradías estamos trabajando para que haya precios atractivos en lugares donde hay poca gente. Lo que va a ser ya muy difícil de recuperar es el público en masa en todas las calles. La Serreta con tres y cuatro filas de personas es hoy impensable, pero tenemos que facilitar que se vean las procesiones.

- ¿También se plantean cambiar los itinerarios?

- No hay nada concreto. Dejamos todas las puertas abiertas. Cuando pase Semana Santa y veamos la respuesta del público analizaremos con tranquilidad, profundidad y rigor qué podemos hacer.

-¿Los desfiles son excesivamente largos y aburren incluso a los procesionistas?

- Pueden resultar largos, sobre todo si no gustan. Tenemos que ponernos en la piel del espectador, que están sentados dos o tres horas en una silla que no son de la máxima comodidad. Son largos. ¿La solución? Acortar no se puede, aunque he de decir que también he escuchado que es el momento de hacerlo eliminando tronos. Desde fuera eso se ve muy fácil, pero no lo es porque los tronos y las agrupaciones son sentimiento. ¿Dónde marca uno la línea? Pero es que además es lo que hay: las procesiones están configuradas de esta manera y por eso tenemos algo único que es otra de nuestras señas de identidad: la narrativa pasionaria. Lo que tenemos que hacer es que las procesiones sean ágiles y atractivas.

- En el itinerario de la procesión del Santo Entierro hay una serie de lugares, que coinciden con bares muy concurridos. ¿Hay preocupación en la cofradía por la actitud del público que se concentra en estos sitios?

-Sigue habiendo preocupación. Los marrajos somos los primeros que nos exigimos un respeto y cuidamos al máximo todos los detalles de la procesión. Hacemos ese esfuerzo y así se transmite a todos los participantes. Esa es la filosofía de la cofradía que va pasando de generación en generación. Por otro lado, yo entiendo que eso mismo no se lo podemos exigir a todo el mundo porque cada persona ve la procesión con unos ojos distintos. Pero, sí, eso nos preocupa. En la puerta de algunos bares se dan situaciones que en Cartagena pueden molestar. Los marrajos pedimos respeto y nada más.

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