Ramón Gaya 'brinda' sus pinceles a Valladolid

Más de 6.000 personas han visitado ya la exposición, que estará hasta el 18 de marzo El Museo de la Pasión acoge obras y documentos del artista murciano, amigo de Jorge Guillén y Cristóbal Hall

ANGÉLICA TANARROVALLADOLID.
Vista de la exposición de Ramón Gaya en el Museo de la Pasión de Valladolid. ::
                             RAMÓN GÓMEZ/
Vista de la exposición de Ramón Gaya en el Museo de la Pasión de Valladolid. :: RAMÓN GÓMEZ

Ramón Gaya es una figura esencial en la historia del arte del siglo XX español y aún hay quien no lo conoce fuera de la Región de Murcia. No era un desconocido para María Zambrano, que escribió un delicioso texto sobre su obra, ni para Jorge Guillén, que admiró su inteligencia y se asombró por la madurez que demostraba con 17 años, ni para Rosa Chacel, Luis Cernuda o Tomás Segovia, quienes gozaron de su amistad. «Todos los escritores importantes le consideraban un gran pintor», recuerda Manuel Fernández-Delgado, director del Museo Ramón Gaya, de donde proceden las obras que se exponen actualmente en el Museo de la Pasión de Valladolid.

El título de la exposición 'Ramón Gaya. Pintura Verso y prosa' hace referencia a las múltiples facetas creativas del artista y hace un guiño a la revista 'Verso y prosa' que Jorge Guillén fundara en 1927, un año después de su llegada a Murcia para hacerse cargo de la cátedra universitaria. En la redacción de la revista, donde Gaya (Murcia, 1910-Valencia 2005) empezó a publicar sus dibujos, nació la amistad con el poeta vallisoletano que perduraría a lo largo de la vida de ambos.

La exposición es un resumen, en su mayoría, compuesto por obras sobre papel, de la trayectoria de un pintor que optó por un elegante clasicismo en vez de seguir el rumbo de las vanguardias clásicas.

Muy joven fue a París, donde trabó amistad con pintores importantes de esas vanguardias, y donde conoció a Picasso y a Bores, pero él iba tocado ya por la impresión que, unos días antes de su llegada a la capital francesa, le había dejado su primera visita al Museo del Prado, propiciada por Juan Ramón Jiménez. Por entonces declaró que la obra de Velázquez y de Tiziano le había parecido más fresca y más viva que la de sus contemporáneos. Años más tarde diría: «Cada vez me gustan más 'Las Meninas'» y fue toda una declaración de principios.

Su independencia y su tendencia a la soledad jugaron en contra del aprecio de su pintura. El resto lo hizo la historia. Como tantos otros artistas y escritores de la Generación del 27, la Guerra Civil le partió la biografía. En 1939, a punto de salir de España, donde había defendido la causa republicana, un bombardeo mató a su esposa. Y a México partió sin papeles y sin dinero y dejando atrás a su pequeña hija, sin duda, una de las decisiones más difíciles de su vida, como ha explicado Manuel Fernández-Delgado estos días a los vallisoletanos.

La exposición, que ya ha sido visitada por 6.000 personas, recoge sus tres etapas. La primera, con los leves guiños a la vanguardia ('Homenaje a Cézanne', 1927). La segunda, la más oscura y matérica de este pintor ('Holofernes'), sin duda influida por los trágicos acontecimientos que le tocó vivir, y una tercera, que coincide con su vuelta a España, ya en 1974, «en la que el óleo se licúa y parece acuarela», caracterizada por la luz del Mediterráneo que vuelve a entrar en su vida.

Gaya era un pintor muy culto, que no 'cultista', y en sus cuadros se refleja su conocimiento de la historia de la pintura, pero no solo la de los grandes clásicos, sino también la de esos otros pintores modernos que él decía no comprender del todo. Su obra está llena de referencias ('Boceto para la pintura'), tan sutilmente expuestas como sutil y elegante es su interpretación de la pintura de género.

Lo demuestran sus bodegones, sus estudios de flores, sus famosos vasos de agua, sus retratos o los paisajes que pintó en las numerosas ciudades que acogieron su exilio.

En la exposición de Valladolid se destacan también sus 'homenajes a Velázquez', sobre el que escribió su famoso 'Velázquez, pájaro solitario'. Solitario como él mismo, lo que no le impidió compartir amistad con algunos de los intelectuales más importantes de su tiempo.

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