Los hispanos apoyan a Romney

Con Nevada, Arizona y Colorado por delante, el líder mormón se prepara para un mes dulce

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSALNUEVA YORK.
Mitt Romney saluda a sus seguidores en la localidad de Hialeah, al sur de Florida. ::                             REUTERS/
Mitt Romney saluda a sus seguidores en la localidad de Hialeah, al sur de Florida. :: REUTERS

De Bill Clinton decían que era el primer presidente negro de EE UU, y algunos especulan que Mitt Romney podría ser el primer hispano. Un título que sorprendería a muchos, incluyendo al propio candidato, ya que su padre nació en una colonia mormona de México. Lo que nadie puede objetar por ahora es su tirón con los votantes hispanos, que el martes contribuyeron a su victoria en Florida.

El Estado del sol ha abierto la lista de territorios con importante presencia hispana que entran en juego ahora que las primarias republicanas se mueven hacia el oeste. Allí le espera también el apoyo de las principales colonias mormonas del país, que junto con el recién inaugurado idilio hispano, permiten augurarle un mes de calma. El exgobernador de Massachusetts ha subido considerablemente la nota con respecto a su anterior examen con este colectivo en 2008. Entonces, solo el 14% de los hispanos de Florida votaron por él, en comparación al 54% que el martes le aupó a la victoria. La marca es todavía más impresionante entre los cubanoamericanos, sector en el que ha pasado del 9% al 57%. La comunidad del exilio parece haberle perdonado los errores de aquel desastroso discurso de 2008 en Miami, cuando llamó Mario al ahora senador Marco Antonio Rubio y acabó parafraseando el «Patria o Muerte ¡Venceremos!» de Fidel Castro.

Todavía más irrefutable fue el temprano apoyo de las figuras cubanoamericanas más destacadas en la Cámara de Diputados, Ileana Ros y Lincoln Díaz Balart, que aparecieron en sus anuncios cuando el resto de los candidatos todavía hacían campaña en Carolina del Sur. Su hijo Craig Romney, que aprendió español en Chile durante dos años de misiones, ponía la voz en primera persona. Los vástagos del candidato mormón llevan meses preparando el terreno a su padre en los estados que se avecinan.

El partido conservador analizaba ayer con satisfacción los resultados de Florida con la vista puesta en noviembre. En tiempos de crisis económica, la inmigración ilegal ha pasado a ser la cuarta preocupación de los votantes de este Estado, por debajo de la economía, el déficit y el aborto, según las encuestas a pie de urna. Romney es el único que presume de experiencia empresarial y además se ha llevado el 45% de quienes creen que lo más importante es seleccionar al que tenga más posibilidades de vencer a Barack Obama en noviembre.

«Si ganas en Florida es un buen indicador de cómo te va a ir en las elecciones generales», dijo Marco Antonio Rubio ayer a Fox News. En 'The Washington Post', el exgobernador del Estado Jeb Bush pidió al partido que intente recuperar el voto hispano, y advirtió de que «representará el margen de la victoria en los 15 estados que probablemente decidirán quién controla la Casa Blanca y el Senado en 2013». En 2008 dieron abrumadoramente la victoria a Obama por 67%, frente al 31% que votó a John McCain.

Por eso, Rubio observaba con preocupación los anuncios negativos que volvieron a inundar las ondas de Florida, ya que tendrán un impacto más allá de estas primarias y perseguirán al candidato en otoño. El aparato del partido desearía que Gingrich tirase la toalla para facilitar el proceso, pero el exportavoz del Congreso no tiene la menor intención. A sus 68 años, esta puede ser su última oportunidad. Le mueve, además, el orgullo y la mala sangre que se ha hecho en el duelo con Romney, esto quedó de manifiesto el martes por la noche, cuando ni siquiera le llamó para felicitarle por su victoria, como es costumbre. Desafiante, Gingrich habló entonces como si Florida le hubiera allanado el camino hacia la batalla final e incluso enumeró su plan de trabajo para las primeras 48 horas de su presidencia.