Atropello a la huerta

El proyecto europeo Naturba propone una revisión a fondo del Plan General Recomienda un urbanismo menos agresivo y dar más prioridad a criterios medioambientales

MANUEL MADRID MMADRID@LAVERDAD.ESMURCIA.
Dos trabajadores recolectando cítricos en un huerto de Beniaján. ::                             NACHO GARCÍA/AGM/
Dos trabajadores recolectando cítricos en un huerto de Beniaján. :: NACHO GARCÍA/AGM

En 2011 se han cumplido 10 años de vigencia del Plan General de Ordenación Urbana de Murcia (PGOU), concebido como la 'Carta Magna' del urbanismo del municipio, el documento maestro donde figuran las claves del presente y del futuro de Murcia con dos compromisos claros: el desarrollo ordenado de barrios y pedanías y el respeto a los espacios naturales. Objetivos más que posibles sobre el papel, pero imposibles en la realidad, a tenor de las conclusiones provisionales del proyecto europeo Naturba, que estudia la integración de la huerta en la ciudad, y que coordina la Consejería de Ordenación del Territorio con la participación de los ayuntamientos de Murcia, Alcantarilla, Beniel y Santomera, así como la Junta de Hacendados, colegios profesionales y asociaciones. La imparable destrucción de huerta productiva y el cerco a las zonas de protección son dos de los aspectos en los que reparan los equipos de trabajo de Naturba, que recomiendan una revisión del Plan General a fin de plantear un urbanismo menos agresivo que anteponga los criterios ambientales en las decisiones sobre infraestructuras y planeamiento.

Muchos especuladores creyeron haber encontrado un maná en Murcia con la aprobación de las nuevas normas urbanísticas y su posterior adaptación en 2006 a la Ley del Suelo regional, que permitió lo que diversos especialistas califican como el «teletransporte de edificabilidad», esto es, la adscripción de suelos no urbanizables protegidos por ser zonas de protección de la naturaleza y usos forestales a planes parciales a cambio de compensaciones para los promotores en otras actuaciones. Así, se explica, por ejemplo, la aparición de resorts con miles de viviendas colindantes a parques naturales como El Valle-Carrascoy o la sierra de Escalona y Altaona, zonas de especial protección para las aves. Pero no son casos aislados. Muchos de los suelos protegidos o inadecuados para el desarrollo urbano según el Plan General han acabado sucumbiendo a la fiebre del ladrillo en esta década, como demuestra el elevado consumo de huerta tradicional. El Observatorio de la Sostenibilidad en la Región -adscrito a la Universidad de Murcia (UMU)- calcula que 3.400 hectáreas de regadíos fértiles han sido destruidas en los años de apogeo inmobiliario. Hoy, según la Confederación Hidrográfica del Segura, 7.000 son las hectáreas de huerta que se conservan. En 1995 había 13.026.

El PGOU, gestado en la primera legislatura de Miguel Ángel Cámara como alcalde, entró en vigor en 2001 con una vigencia «indefinida». No obstante, los redactores pusieron una fecha en el horizonte: 2025. Consideraron entonces que para ese año se habría duplicado la superficie edificada respecto a la de 2001 y que se habrían desarrollado 120.000 viviendas nuevas, de ellas 30.000 en pedanías del Campo de Murcia, donde se ubicarán 14 campos de golf. En general, según sus defensores, el PGOU garantiza una «altísima» calidad de vida a los ciudadanos por el cuidado diseño de las ordenaciones, el incremento de equipamientos y espacios comunitarios, la apertura de nuevos viales y la baja densidad de las promociones. Un mundo idílico que, de nuevo, solo parece existir en planos y maquetas después de las incontables heridas que ha dejado en el paisaje local el boom de la construcción.

Desequilibrios territoriales

La realidad que hoy encuentran los partidos de la oposición -PSOE, IU-V y UPyD- no es nada animosa. El portavoz socialista, Pedro López, cree que el actual PGOU debería revisarse urgentemente para frenar los desequilibrios territoriales en el municipio. Un ejemplo, según López, es el «desarrollo insostenible» proyectado en la zona norte de Murcia, «fruto del abuso en la firma de convenios urbanísticos, una figura que debería ser excepcional y que durante una época fue lo habitual porque alegraba la caja de ingresos municipales».

Esther Herguedas, portavoz de IU-V, cree que se puede crecer de otra manera y sin agotar recursos naturales. «El PGOU lo ha convertido casi todo en urbanizable y eso es insostenible. Y se siguen aprobando planes, como el último de El Esparragal para 30.000 personas, que es una barbaridad, o el de La Fuensanta». Herguedas también está a favor de la revisión, y cree que si el Gobierno municipal no accede acabará entrando en vereda obligado por sentencias judiciales. Por su parte, Rubén Serna, portavoz de UPyD, cree que el PGOU es un instrumento orientado a la especulación en lugar de favorecer una ordenación del territorio para satisfacer las necesidades de vivienda, de transporte y de servicios. Serna considera que la edificabilidad actual es excesiva y las dotaciones escasas y que no se ha actuado con suficiente contundencia para salvar la huerta.

120 modificaciones puntuales

En el último Pleno, el Ayuntamiento dio el visto bueno a la modificación número 120 del Plan General, relacionada con el 'by-pass' de El Palmar. Según el concejal de Urbanismo, Juan Antonio Bernabé, una gran mayoría han sido correcciones de «errores materiales». «El Plan General no es perfecto y habrá que hacer modificaciones para adaptarlo a la realidad. Los propietarios tienen sus derechos asegurados y el desarrollo de muchos planes ha quedado paralizado por la crisis, pero hay que prepararnos para el futuro, no podemos detener el desarrollo de Murcia. Es cuestión de lograr el equilibrio», razona. El edil expone que el PP está abierto a revisar «casos concretos».