La alegría de la pintura

CRÍTICA DE ARTEPEDRO ALBERTO CRUZ

Para hablar de Ángel Pina Nortes -que expone en Cuadros López, hasta el 28 de diciembre, la muestra 'Recordando la huerta'-, y sobre todo de su pintura, hay que insistir en algo que, por evidente, puede pasar desapercibido, porque no siempre lo que tenemos delante, lo que se ofrece con claridad meridiana es entendido por los que se asoman al paisaje y quieren contemplar lo que éste no les ofrece. No siempre hay que ir más allá, buscar la segunda lectura, adentrarse en un mundo que no existe e inventar realidades obviando la realidad.

Pina Nortes pinta sin tapujos, con el atrevimiento del que no necesita ocultar nada, con la alegría franca, abierta, del que disfruta trabajando y quiere que los demás participen de ella, ya sea con sus peculiares tipos de mujeres y hombres, con los orondos y felices 'angelotes', con los paisajes, con los bodegones, con esas palomas que parecen bailar mientras orgullosamente alzan la cabeza, con todo lo que hace y ha hecho, porque esa es su manera de ver y sentir y su modo de expresar la fidelidad que se debe a sí mismo.

No le es necesaria la novedad, porque lo nuevo -lo verdaderamente nuevo- lo encuentra en cada rostro que pinta, en el gesto pícaro, cómplice de sus personajes, en la conversación que a diario mantiene con ellos, y en la que le manifiestan su deseo de salir a pasear, de dejarse ver, de hacer sentir a los que se acerquen que su ingenuidad formal es consentida, necesaria para cumplir el objetivo por el que han sido 'creados': mostrar la alegría de la pintura.

Y lo consiguen plenamente, sin dudar, conscientes de lo que son y de que quieren seguir siendo así; por eso, no oponen ninguna pega para participar en una exposición en la que el recuerdo es el leit motiv, porque ellos, aunque formen parte de la memoria, son siempre actualidad, son siempre presente en las obras de su autor.

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