El fotomaratoniano, esa rara avis

Más de 400 personas participaron ayer en el certamen fotográfico organizado por laverdad.es

PEDRO NAVARROMURCIA. «
Desde pequeños, buscando el encuadre. | Israel Sánchez /AGM/
Desde pequeños, buscando el encuadre. | Israel Sánchez /AGM

Quieto, quieto, no te muevas, ya casi está ... ¡Nooo!». La obsesión por captar el momento adecuado y encontrar el punto de vista más original: ese es el rasgo principal que define al fotomaratoniano, una rara avis que volvió a tomar ayer las calles de la capital del Segura con motivo del III Maratón Fotográfico Murcia 'Ciudad Sotenible', organizado por laverdad.es, patrocinado por Cespa, Canon y Tenkey, y que contó la colaboración de Smöoy, Temporáneo y El Teatro Circo de Murcia.

Precisamente en este último enclave, más de 400 aficionados a la fotografía, enfundados en el ya característico peto azul, iniciaban su participación en el certamen de este año. Su instinto les guiaba en busca de lo único que les haría saciar su apetito: la caza de la instantánea más artística o divertida, la que será merecedora del más alto premio en cada una de las nueve categorías temáticas propuestas por la organización.

La fotografía es un vicio sano al que la democracia real alcanzó ya hace unos años. Y es que la importante bajada de precios experimentada por la tecnología réflex y la comodidad de manejo de las imagenes digitales ha llevado a muchos murcianos a acercarse a este noble arte en los últimos años. A partir de ahí y, como quedó demostrado en el concurso, cada individuo de esta especie es un mundo.

No importa el precio de la máquina: tan fotomaratoniano es el que lleva una cámara compacta, como el saca un 'bicho' de 1.000 euros, con un objetivo del mismo calibre. «Hace un par de años, cuando todavía no entendía mucho de fotografía me compré un 'pack' que me costó unos 700 euros. Ahora que sé un poco más de qué va el asunto jubilaría el equipo y me compraría otro más a mi gusto», señalaba Lidia, una de las participantes.

De hecho, la experiencia y las destrezas técnicas tampoco son características especialmente definitorias del que participa en este tipo de concursos. «Creo que hay suficiente luz, sólo es necesario aumentar un poco el tiempo de exposición», subrayaba Diego, sorprendido por el excesivo uso que algunos de sus compañeros, menos avezados, hacían del flash en el interior del Teatro Circo.

Santos, es otro de esos aficionados a los que preceden varias décadas con la cámara en la mano. Para este taxista, veterano del certamen -al que no ha faltado o ni en una sola edición, el Fotomaratón es una buena oportunidad «para conocer Murcia desde otra perspectiva». Santos es,además, un lobo solitario. Uno de esos participantes que se patearon Murcia sin otra compañía que la de su réflex.

No obstante, no todos los fotomaratonianos se enfrentan a la competición solos antes el peligro. Muchos deciden desenfundar su máquina acompañados de otros amigos correligionarios. Algunos, incluso, aprovechan la ocasión para estrechar lazos familiares. Salvador concursa con Magdalena, su hija de 8 años, posiblemente la participante más joven del evento. «Muchas veces cuando no tengo claras la ideas a la hora de como abordar una foto, ella me guía. Es lo que tienen los niños», confiesa Salvador, cuando habla de su pequeña musa.

Algunos familiares no participan, pero optan por pasar una mañana diferente con el Robert Capa de la familia. Este es el caso de Pepa, que ataviada también con un peto azul y cual caddy de un golfista, arrastraba un carro de la compra cargada con el equipo de su marido. «El pobre tiene un problema cardiaco. Por eso, y porque sé lo que le gusta la fotografía, he decidido venir como su ayudante», proclama Pepa, orgullosa de su carrito, pensado más para transportar frutas y verduras que trípodes y objetivos. «Los profesionales son más caros y este me hace la misma función», concluye.

Además, entre los fotomaratonianos, siempre se encuentra alguno de aquellos decidido a aportar cierta nota de color al evento. Miguel venía ataviado con el mismo atuendo que utilizaría para cubrir los 42 kilómetros de la disciplina olímpica. «No hay que olvidar que esto no es otra cosa que un 'foto-maratón'», comentaba con guasa. Pablo, por otra parte, decide sacrificarse por sus amigos y, previa retirada de zapatillas y calcetines, se mete dentro de una de las fuentes de Santo Domingo para que estos puedan cumplir con la instantánea correspondiente a la categoría 'mójate'. El problemas es que no solo sus amigos, sino todos los que se encontraban en la plaza logran la instantánea, algo que no entraba precisamente entre sus planes.

Tras más de cinco horas de concurso, varios kilómetros en las piernas tras patearse todo el centro de Murcia y conseguir una buena foto de las nueve categorías (centradas en la sostenibilidad, el buen humor, sitios emblemáticos de Murcia y algún que otro placer mundano), los participantes ponen de manifiesto otro de los rasgos que sí comparten y a la vez los separa: su pasión por ganar premios. Para ello, tienen hasta las 19 horas de mañana para subir las instantáneas escogidas a la dirección indicada (http://maratonfotografico.laverdad.es/2011). Puede que el fotomaratoniano sea una rara avis pero a recibir obsequios, y más sí son merecidos, no hay especie que se resista.

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