La guarida del 'hovercraft'

El abandono se apodera de lo que fue la base anfibia del aerodeslizador VCA-36

LOLA GUARDIOLA
Interior del hangar en el que tenía su base el VCA-36. ::                             L.G./
Interior del hangar en el que tenía su base el VCA-36. :: L.G.

A los caminantes del sugerente, aunque a veces complicado, sendero por la orilla del Mar Menor entre Los Urrutias y Los Alcázares sigue sorprendiendo la presencia de unas imponentes y abandonadas instalaciones. Se encuentran en la marina del monte El Carmolí, justo a la terminación del paseo marítimo de Punta Brava, denominación de la zona noroeste de Los Urrutias.

La mayoría se queda mirando atónito, incluso alguno, medio asustado, se atreve a asomar la cabeza en su nave principal y comprobar el estado de ruina que presenta. Enseguida se queda con la duda de qué sería aquello y se pregunta: cómo es posible que semejante infraestructura presente tal estado de abandono.

Lo que ahora son explanadas y una nave cobijo eventual de ocupas, no sólo para habitar sino para expoliar, reparar coches o quemar enseres, fue durante los años 80 de la centuria pasada una base anfibia de la Armada Española. Sobre esos terrenos, cedidos por el Ejército del Aire, los ingenieros de Defensa, la empresa nacional Bazán y una compañía murciana, Chaconsa, se unieron para desarrollar el proyecto nacional de aerodeslizador, conocido internacionalmente como 'hovercraft'.

Este vehículo puede circular por tierra, agua o incluso aire sobre un colchón de aire que alimenta el propio artilugio. Algunos veraneantes y vecinos de la zona recuerdan todavía «emocionados» las salidas del aerodeslizador «los paseos que se daba por el Mar Menor». El 'hovercraft' español, de 50 toneladas, capaz de alcanzar los 65 nudos (más de 100 kilómetros a la hora) llegó incluso a realizar una travesía de récord entre Cartagena y Cádiz, en seis horas y media. Tras varios años de trabajo, en 1989 el VCA-36 se entregó oficialmente a la Armada, aunque ya en aquel entonces presentaba serios problemas de desgaste. Según datos ofrecidos por Bazán y Chaconsa, el prototipo costó 2.500 millones de pesetas y 12 años de investigación.

Las instalaciones donde reposaba el vehículo pasaron también a manos de la Marina Española, pensando en su futura utilidad como base auxiliar de vehículos anfibios de los buques norteamericanos destacados en el Mediterráneo, la famosa VI Flota. Pero la entrada de España en la OTAN paralizó muchos proyectos de Defensa y el paso del VCA-36 de prototipo a buque reglado fue uno de ellos.

En febrero de 1994, la Secretaría de Estado de la Defensa decidió desguazar el aerodeslizador y devolver las instalaciones al Ejército del Aire. Algunas piezas permanecen todavía en el Arsenal de Cartagena. El resto se canjeó como chatarra por casi cuatro millones de pesetas. Su base del Carmolí es hoy un hito más para los senderistas del Mar Menor.