Repuntan las demandas de terapias de desintoxicación de coca y alcohol

«Los drogodependientes en el paro se deprimen más y cuando uno tiene más de un motivo cuesta menos acudir a un centro», explica Jiménez

A. NEGREMURCIA.
Un usuario acude al Centro de Atención de Drogodependencias del Servicio Murciano de Salud, en una imagen de archivo. ::                             M. BUESO/
Un usuario acude al Centro de Atención de Drogodependencias del Servicio Murciano de Salud, en una imagen de archivo. :: M. BUESO

Aún no hay datos concretos que encuadren el fenómeno, pero la percepción ya está sobre la mesa. La crisis económica ha traído de la mano un aumento de las demandas de desintoxicación por drogas. Juan Jiménez, responsable del Plan Regional sobre Drogas, explica esta tendencia. «No es que los colectivos más deteriorados o marginales vayan más a los centros, sino que estamos viendo mucha población normalizada que acude a los centros ambulatorios a pedir un tratamiento de deshabituación». Los problemas con la cocaína o el alcohol se colocan en primera línea.

A expensas de las dificultades económicas que conlleva sobrellevar una adicción, Jiménez cree que este fenómeno responde más a la generación de un doble problema. «Los drogodependientes en el paro se deprimen y a la adicción se suman depresiones, trastornos de ansiedad... Cuando uno tiene más de un motivo es más fácil que acuda en busca de un tratamiento», razona. «Así se pierde la vergüenza». La Consejería lleva tiempo percibiendo este fenómeno -del que pronto tendrá datos estadísticos- y el pasado año ya preparó a unos 350 médicos y enfermeros -principalmente de Cartagena y San Javier- para responder desde primera línea a las crecientes demandas de desintoxicación.

Proyecto Hombre ya alertó, en la presentación de su última memoria, del aumento de drogodependientes que demandan ayuda para dar espaldarazo a sus adicciones. Jesús Hernández, presidente de la organización de Murcia, explicó que en 2010 atendieron a 660 personas -un 80% buscaban un tratamiento-, un 14% más que en el año anterior. Hernández, sin embargo, no relaciona este fenómeno con la crisis económica.

A expensas de esta realidad, Jiménez explica que también se ha producido un leve repunte de las personas que consumen heroína, pero recalca que éste afecta principalmente a personas que ya arrastran un problema previo de politoxicomanía. Generalmente, se trata de adictos a la cocaína y al alcohol que consumen heroína para contrarrestar sus efectos tras unos días de excesos. Actualmente, en la Región hay cerca de 2.400 pacientes heroinómanos y la cifra «varía muy poco».

«Ellos compran sueños»

La reciente muerte de dos jóvenes de 18 años en una fiesta clandestina (rave) en la localidad madrileña de Getafe ha vuelto a reabrir el manido debate sobre las nuevas drogas. Los dos fallecidos habían ingerido, en este caso, una infusión de estramonio, una sustancia alucinógena que -en grandes dosis- resulta mortal. José María Basterrechea, jefe de la Unidad de Desintoxicación del Reina Sofía, alerta sobre el peligro de estas nuevas drogas. «En verano siempre hay jóvenes que se atreven con sustancias nuevas, compran cualquier cosa que les prometa una experiencia», asegura. «Ellos compran sueños». Internet, en este aspecto, ha abierto un mercado sin puertas. «El control en internet es nulo. Se venden sustancias sin ningún control farmacológico que, en ocasiones, ni el que las produce sabe lo que está ofreciendo».

Jiménez, por su parte, asegura que «para nosotros estas sustancias no son drogas, son tóxicos» y que sus efectos suelen tener más reflejo en las puertas de Urgencias de los hospitales que en los centros de desintoxicación. «No se puede producir una adicción a los tóxicos, porque son venenos, pero sí existe un gran peligro de que se produzcan manifestaciones psiquiátricas graves e incluso un riesgo vital». Según explica, este peligro se acentúa por el hecho de que estas nuevas drogas suelen ser consumidas por «gente joven con un sistema cerebral inmaduro». De este modo, alerta, «la reacción es totalmente impredecible».

Jiménez reconoce que el gusto por la experimentación «es inherente al hecho de ser joven», pero alerta sobre los peligros que pueden acarrear las muchas sustancias desconocidas que, a día de hoy, se encuentran en el 'mercado'. «Los jóvenes prueban de forma inconsciente sin saber lo que hacen». A su entender, concienciar sobre los riesgos de esta experimentación es una labor que transciende los límites de su área y que debe implicar al sector educativo, a los medios de comunicación y a las familias.